Quién era el Chivo Saravia, el jefe de la barra de Newell's que mataron frente a su familia
La madrugada en que un grupo armado entró a su casa y lo ejecutó delante de su familia destapó las conexiones que la barra de Newell's tenía con el narcotráfico y con policías. Cinco años después, quiénes terminaron condenados y qué quedó sin probar.
La madrugada del 23 de octubre de 2021, un grupo armado entró a la casa de San Nicolás al 3700, en barrio Alvear, y ejecutó a Nelson Gabriel Aquiles "Chivo" Saravia delante de su familia. El crimen, que este viernes cumplió cinco años, terminó de exponer las disputas por el poder de la barra de Newell's, sus lazos con el narcotráfico y las conexiones con miembros de las fuerzas de seguridad.
Saravia había conducido el paravalanchas rojinegro entre 2013 y 2016, cuando asumió tras la detención de Diego "Panadero" Ochoa. Su paso por la jefatura estuvo atravesado por peleas entre facciones y una cadena de ataques que marcaron durante años a la hinchada. Ya sin protagonismo en la tribuna, seguía siendo un nombre conocido en ese mundo.
Un operativo armado con precisión
Según la reconstrucción judicial, alrededor de la una de la madrugada varios hombres llegaron en un vehículo hasta la vivienda. Forzaron la reja y la puerta, y avanzaron hasta el cuarto donde dormía Saravia. Allí estaban también su hijo y un sobrino, de 8 y 13 años, a quienes la víctima habría intentado cubrir antes de que empezaran los disparos.
Los atacantes dispararon más de veinte veces y huyeron. En el ingreso se habían topado con la pareja de Saravia, a la que le preguntaron por su marido. Los investigadores concluyeron que el grupo había planificado el golpe y que cada uno tenía una función asignada.
El celular que abrió la pista
Uno de los primeros hilos que siguió la causa salió del teléfono que los agresores se llevaron de la casa. La geolocalización del aparato llevó a los pesquisas hasta un domicilio de Garibaldi al 3300, propiedad de Guillermo "Chupa" Sosa, otro referente de la tribuna leprosa. Las cámaras de seguridad de esa cuadra registraron movimientos que resultaron clave para armar la planificación y el regreso de los involucrados después del ataque.
La venganza que ordenó el ataque
La investigación ubicó el móvil inmediato en otro crimen: el de Ángela Oviedo, cuñada de Sosa, baleada el 22 de octubre de 2021 en un pasillo de Centeno y Rodríguez, en barrio Itatí. Para la Fiscalía, Sosa vinculó ese homicidio con gente cercana a Saravia y mandó una represalia. Nunca se estableció si Saravia había tenido alguna participación real en la muerte de Oviedo.
Los pesquisas reconstruyeron que unas 22 personas se reunieron en la casa de Garibaldi antes del ataque. Allí se repartieron las armas, se prepararon los vehículos y se definieron los roles. Después de la ejecución, parte del grupo volvió al mismo lugar, dejó las armas y cambió de ropa. Las filmaciones permitieron identificar a varios de los participantes y reforzar la acusación contra los referentes de la barra.
Los policías condenados
El expediente también abrió una línea sobre los contactos de Sosa con integrantes de la entonces Agencia de Investigación Criminal (AIC), hoy Policía de Investigaciones (PDI). El análisis de teléfonos detectó vínculos con los policías David Luciano Arellano y Marcos Barúa, acusados de filtrar información reservada y facilitar conexiones dentro de la fuerza. Ambos fueron condenados en febrero de 2024, por procedimientos abreviados, a tres años de prisión efectiva.
Cuatro perpetuas
El 1º de julio de 2025, la Justicia condenó a prisión perpetua a cuatro integrantes de la barra de Newell's. Además de Sosa, la sentencia alcanzó a Alejandro "Rengo" Ficcadenti, Esteban Salvador Alegre y Brian Alexis Dittler, con distintos grados de responsabilidad: instigador, partícipe necesario y autores materiales del golpe comando.
La acusación sostuvo que el crimen fue planificado y que cada uno cumplió un papel definido. El fiscal Luis Schiappa Pietra consideró que el homicidio funcionó como una demostración de poder dentro de la barra, en plena disputa por el liderazgo y reacomodamiento de fuerzas alrededor del club. La Fiscalía atribuyó a Alegre y Dittler la ejecución material, a Ficcadenti el rol de partícipe necesario y a Sosa el de instigador.
Durante el debate se expusieron testimonios, registros de cámaras y otros elementos que permitieron reconstruir la preparación del ataque y los movimientos posteriores. Los audios incorporados al juicio también dejaron ver la influencia que referentes vinculados a Los Monos ejercían desde la cárcel sobre la conducción de la tribuna.
Cinco años después de aquella madrugada, el asesinato del Chivo Saravia sigue siendo uno de los episodios que mejor retratan el cruce entre barras, narcotráfico y policías en Rosario.