Un salteño lleva más de 100 días sobre dos ruedas y 30.000 kilómetros por Asia. En un puesto callejero de Bangkok se encontró con una oferta que lo dejó pensando: brochetas de alacranes y otros animales. Lo que se animó a probar y lo que no...
Ernesto Rojo es salteño y hace más de 100 días que pedalea... no: que acelera por el mundo. Ya lleva más de 30.000 kilómetros recorridos en moto y su travesía por Asia sigue sumando capítulos. Desde Bangkok, Tailandia, se conectó con el programa Tal Cual —el streaming de El Tribuno que va de lunes a viernes de 11 a 13— para contar cómo es vivir sobre dos ruedas en un continente que no da respiro.
El recorrido no es solo una suma de kilómetros. Para este motociclista, la experiencia se convirtió en una forma de ponerse a prueba, disfrutar de la soledad y conocerse un poco más en cada etapa.
De los desiertos chinos a la Ruta de la Seda
Antes de pisar suelo tailandés, Ernesto cruzó China de norte a sur. El trayecto lo expuso a contrastes brutales: del calor sofocante del desierto de Gobi a las temperaturas bajas de las zonas montañosas. Un país enorme que le mostró su diversidad a lo largo de cientos de kilómetros.
Uno de los ejes de esa etapa fue seguir parte de la histórica Ruta de la Seda, el entramado de caminos comerciales que durante siglos conectó regiones de Asia con otros territorios. En ese camino aparecieron ciudades antiguas con vestigios de aquella época.
Turpan fue la que más lo impactó. Allí vio construcciones excavadas en la tierra: viviendas hechas hacia abajo que formaron una ciudad entera. Aunque el paso del tiempo las deterioró, todavía dejan ver cómo era aquel asentamiento. También pasó por Jiayuguan, donde conoció el extremo occidental de la Gran Muralla China, y entró a antiguos monasterios tibetanos en la región de Lijiang, entre ellos el de Labrang, que sigue funcionando como centro religioso y de formación para monjes. Incluso presenció algunas ceremonias.
"Realmente me siento afortunado de haber estado ahí", dijo al recordar esos lugares, uno de los tramos más significativos de todo el viaje.
La moto, la ruta y la decisión de seguir
En una travesía así, la moto es clave. Ernesto destacó el rendimiento de su Honda 500, una cilindrada media que, según contó, respondió bien durante todo el recorrido. Casi no tuvo problemas mecánicos: las intervenciones fueron por mantenimiento habitual y algunos contratiempos lógicos de andar tantos kilómetros.
Pero no todo depende del vehículo. El paso por Laos, antes de entrar a Tailandia, fue duro: calor extremo, humedad y caminos que se iban rompiendo. Algunas rutas se convertían en senderos con grandes agujeros y barro. Después de horas de conducción en esas condiciones, seguir se volvía una decisión que había que tomar una y otra vez.
"Uno piensa: ¿Qué hago? ¿Vuelvo o continúo?", relató sobre esos momentos en los que avanzar implica asumir un nuevo desafío.
Alacranes, insectos y vísceras de camello: el menú del viaje
La adaptación también pasa por la comida. Ernesto disfruta de la gastronomía china, aunque pedir platos sin picante no siempre sea tarea fácil. En Bangkok, mientras comía en un puesto callejero, se topó con una oferta todavía más llamativa: brochetas de alacranes, insectos de todo tipo y otros animales que se ofrecen como alimento. Ya había probado algunos de esos insectos, aunque reconoció que no le gustaron demasiado.
Otra anécdota particular ocurrió en Kazajistán, donde las dificultades para comunicarse complicaron el momento de pedir. En varias ocasiones tuvo que recurrir a las fotos de los menús para indicar qué quería. Así, por equivocación, terminó probando distintas vísceras de camello, entre ellas estómago y pulmones. No le desagradaron, pero admitió que dejó parte del plato sin terminar.
La situación refleja algo que se repite en el viaje: la necesidad de adaptarse a lo inesperado, incluso en algo tan cotidiano como sentarse a comer.
Viajar solo también es un viaje hacia adentro
Más allá de los paisajes y las diferencias culturales, Ernesto remarcó el costado personal de la experiencia. Con más de 100 días de ruta, aseguró que recorrer el mundo en solitario le permitió dedicar tiempo a pensar, meditar y reconocer sus propias capacidades.
Para él, la travesía no es solo trasladarse de un lugar a otro. También es aprender a manejar la incertidumbre, reconocer los límites personales y tomar decisiones frente a circunstancias desconocidas.
"Es un viaje con uno mismo también", resumió durante la entrevista.
El motociclista contó que disfruta de esos momentos de introspección y que, a veces, encuentra lugares que lo invitan a detenerse y meditar. Así, cada destino adquiere un significado que va más allá de su atractivo turístico.
Una bitácora digital para seguir sus pasos
Ernesto no se define como youtuber ni como bloguero, pero sí quiere compartir lo que vive con quienes siguen su aventura desde Argentina y otros lugares del mundo. Lo hace principalmente a través de su cuenta personal de Instagram, donde publica fotos de los sitios que visita y de los momentos que considera importantes. Prefiere que las imágenes cuenten la historia, sin necesidad de hablar constantemente frente a una cámara ni de escribir publicaciones extensas.
Además, usa una aplicación que registra sus recorridos diarios y le permite sumar fotografías. Esa herramienta funciona como una bitácora digital, pero también les sirve a su familia y a otros interesados para saber su ubicación actualizada y seguir sus pasos a la distancia.
El sudeste asiático, un rumbo todavía abierto
Desde Bangkok, Ernesto reconoció que la próxima etapa de su aventura todavía tiene muchas incógnitas. A diferencia de otros tramos, en los que podía fijar una dirección general, el sudeste asiático le plantea un escenario más complejo por la cantidad de islas y las alternativas para continuar. Por eso, buena parte del itinerario deberá resolverse sobre la marcha, según las posibilidades que encuentre en el camino.
Mientras tanto, el salteño sigue sumando experiencias a una travesía que mezcla historia, paisajes, encuentros culturales y desafíos personales. Con su moto como compañera y la libertad de elegir cada nuevo destino, Ernesto Rojo continúa recorriendo Asia, convencido de que el viaje también se construye con todo lo que pasa entre un lugar y otro.