Recorren Sudamérica con su mascota y en San Juan frenaron en seco: el paisaje que los dejó sin palabras
Recorren Sudamérica con su mascota y ya habían visto de todo. Pero cuando el cielo empezó a teñirse de naranja frente al dique Cuesta del Viento, en Rodeo, la reacción los delató: no pudieron describirlo.
Lou y Pablo son uruguayos, viven en Florianópolis desde hace más de siete años y recorren Sudamérica junto a su mascota bajo el proyecto Attraversiamo Fronteras. En ese camino, San Juan les regaló una postal que, aseguran, todavía no pueden describir del todo.
El escenario fue el dique Cuesta del Viento, en Rodeo, departamento de Iglesia. Una montaña cubierta de nieve como telón de fondo, el cielo encendiéndose en tonos naranjas y el agua devolviendo los últimos colores del día armaron una imagen que los dejó maravillados.
"Parece exageración, pero es real lo que sentimos al ver ese atardecer en San Juan. Aún no podemos describirlo. Sin dudas, fue uno de los atardeceres más lindos que vimos en nuestra vida", expresaron, emocionados por la experiencia.
Un paisaje que volvió a mostrar lo que Iglesia tiene para dar
La escena no hizo más que confirmar por qué el departamento de Iglesia cautiva a quienes lo visitan: montañas, espejos de agua y paisajes cordilleranos que se combinan de maneras distintas según la hora y la luz.
El dique Cuesta del Viento es conocido por sus condiciones para los deportes acuáticos y por sus vistas imponentes. Esta vez, el protagonismo fue otro: la nieve en la cordillera, el cielo teñido de naranja y el reflejo sobre el agua se alinearon en un atardecer difícil de olvidar.
Para Lou y Pablo, no se trató solo de mirar un paisaje. Según reconocieron ellos mismos, fue una emoción que todavía les cuesta poner en palabras.
De Uruguay a las rutas de Sudamérica
La pareja forma parte de Attraversiamo Fronteras, un proyecto de contenido de viajes con el que comparten sus experiencias y aventuras junto a su mascota. Uruguayos de origen, emigraron hace más de siete años a Florianópolis, Brasil, y desde entonces no pararon de recorrer destinos sudamericanos.
En ese trayecto, San Juan les dejó una de esas postales que justifican cada kilómetro viajado: una montaña nevada, un cielo encendido y el dique reflejando la última luz del día.
Lo que para muchos puede ser una imagen más, para esta pareja se convirtió en un recuerdo imborrable y en una nueva razón para enamorarse de los paisajes argentinos.