Recorrió 48.500 kilómetros por la Lepra y en Córdoba vivió la noche que soñó toda su vida
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Recorrió 48.500 kilómetros por la Lepra y en Córdoba vivió la noche que soñó toda su vida

Miki lleva décadas recorriendo rutas por Independiente Rivadavia y hasta se desplomó en una tribuna de la emoción. En Córdoba vivió la noche que esperó toda su vida, aunque hubo un detalle que casi le arruina el trabajo periodístico.

Héctor Agustín Benegas, conocido en el mundo leproso como Miki, lleva décadas siguiendo a Independiente Rivadavia por todo el país. Hincha y periodista, acumuló miles de kilómetros detrás del equipo y encontró en el ascenso ante Almirante Brown, en Córdoba, la recompensa a años de rutas y sacrificios.

Para Miki, acompañar a la Lepra nunca fue solo ir a la cancha. Es atravesar provincias, cruzar fronteras y decir presente en cada estadio, sin importar la distancia. Una pasión que se fue armando con los años y que quedó retratada en una cifra que impresiona.

Tres etapas y un registro que empezó en 2010

Al repasar su historia, Benegas ordenó su recorrido en tres momentos. El primero es el más difícil de medir: los años en los que viajaba únicamente como hincha, sin ningún tipo de registro.

«Lo más viejo, que no está contabilizado, es cuando viajaba como hincha. Eso no se puede contabilizar y fueron muchos años», contó Miki.

El panorama cambió en 2010, cuando su trabajo como periodista le permitió empezar a llevar la cuenta de cada desplazamiento. Las publicaciones en Facebook y los registros de los propios hinchas ayudaron a reconstruir una historia que hasta entonces solo vivía en la memoria.

De 32.500 a 48.500 kilómetros: los números de la pasión

En el primer período contabilizado, bajo la presidencia de Agustín Vila, Miki sumó 32.500 kilómetros. La marca parecía enorme, pero terminó quedando atrás.

Durante la temporada 2023/24 el registro trepó a 48.500 kilómetros, impulsado por la continuidad de los viajes y por la chance de seguir a la Lepra en distintos escenarios del fútbol argentino.

El desafío era superar ese número, y la temporada del ascenso dio las condiciones. Dos viajes a Brasil y uno a Venezuela fueron clave para estirar la cifra y establecer un nuevo récord personal.

«Con dos viajes a Brasil y con el viaje a Venezuela, realmente se tenía que pasar», explicó Benegas.

Para él, cada kilómetro es mucho más que una estadística: representa una ruta, una cancha y una experiencia. Y también una manera de vivir el fútbol que nació mucho antes de los grandes logros, cuando seguir a la Lepra significaba acompañarla en escenarios complicados.

La historia tendrá continuidad: Miki adelantó que organizará una trivia en la cuenta de Instagram Letra a Pasión del Pueblo para que los hinchas participen y conozcan más detalles de los viajes. Una forma de convertir esos números en una experiencia colectiva entre leprosos.

El desmayo en Maipú y la fe intacta

Cuando la charla se corre de los kilómetros y se mete en el ascenso ante Almirante Brown, las palabras le quedan cortas. Para explicar cómo lo vivió, Miki retrocede primero a la cancha de Deportivo Maipú, donde un partido le pegó fuerte desde lo emocional. El gol del Chuqui Real y aquella victoria fueron uno de los primeros momentos en los que sintió que la Lepra podía encaminarse hacia algo grande.

La emoción fue tanta que terminó en el piso de las tribunas.

«Me agarró un tipo de desmayo, me caí directamente al piso. Literalmente me caí y me quedé tirado ahí en las gradas», relató.

Un colega se acercó a preguntarle qué le pasaba. El episodio quedó como una primera muestra de lo que significaba vivir los partidos decisivos desde un lugar donde la pasión y la profesión se mezclaban.

La noche soñada en Córdoba

Lo de Córdoba fue todavía más intenso. La confianza en que el equipo iba a conseguir el objetivo estaba intacta antes de que llegaran los goles.

«Yo estaba con toda la fe de que íbamos a salir campeones», recordó.

Incluso tenía en la cabeza a los protagonistas de la noche: esperaba los goles de Paperito Sánchez y del Piper Rami. Estaba convencido de que iban a aparecer y de que la Lepra encontraría el camino a la consagración.

Cuando los goles llegaron, la emoción se descontroló. Ya no había cabina de transmisión ni un lugar tranquilo para mirar: había bajado al sector donde trabajaba la televisión y iba y venía mientras la alegría se apoderaba de todo.

La chance de bajar al campo de juego le permitió además cumplir con su tarea periodística: hizo pequeñas entrevistas a jugadores, dirigentes y protagonistas de una conquista que ya es parte de la historia grande del club.

Pero había algo que no podía controlar.

«Entré un poco en la parte de periodismo y no me dejaba la locura, no me dejaba», recordó sobre esos minutos en los que intentaba trabajar mientras la euforia lo atravesaba.

La celebración siguió después del partido. De vuelta en el hotel, el cansancio no aparecía: la adrenalina seguía intacta y dormir era una misión imposible.

«Cuando terminó todo, vuelta para el hotel, ahí no podía dormir, saltaba como un loco», contó.

De los regionales y la Liga Mendocina a Primera

Hay una parte de su relato que explica por qué el ascenso tuvo un significado tan profundo. No se trata solo de haber llegado a la máxima categoría: la emoción también viene de todo lo que hubo que atravesar antes.

Miki recordó los años de los torneos regionales, los campeonatos argentinos y las temporadas en la Liga Mendocina. Épocas en las que acompañar a Independiente Rivadavia era convivir con dificultades, frustraciones y resultados que no siempre estaban a la altura de la historia y la expectativa de sus hinchas.

Por eso la conquista ante Almirante Brown fue mucho más que un resultado deportivo: fue una recompensa colectiva para quienes nunca dejaron de estar.

«Uno que vivió tantas malas, que estuvo en los regionales, en los argentinos, que estuvo viviendo en la Liga Mendocina… Ese ascenso nos lo merecíamos», expresó.

En esa frase se resume buena parte del sentimiento leproso. Detrás del salto a Primera hay generaciones que acompañaron al club en distintas categorías, que viajaron sin saber cuándo llegaría la recompensa y que mantuvieron la ilusión incluso en los momentos más duros.

Los kilómetros registrados desde 2010 son solo una parte de esa historia. Antes estuvieron los viajes sin estadísticas y las rutas recorridas por amor a una camiseta, cuando la pasión no necesitaba números para demostrar su dimensión.

Hoy, con Independiente Rivadavia en el lugar que tanto buscó, aquellos recuerdos tienen otro significado. Cada viaje, cada partido y cada sacrificio forman parte de una historia que encontró en Córdoba uno de sus momentos más felices.

Y Miki eligió una frase que representa a miles de hinchas de la Lepra: «Los leprosos, como siempre decimos, nos merecemos bellos milagros y ocurrirán».

Miki, hincha y periodista de Independiente Rivadavia

Los viajes de Miki siguiendo a la Lepra

Registros de los recorridos

Miki en la cancha

La noche del ascenso en Córdoba

Celebración leprosa

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