Reese habló del acceso a la tierra y sentenció: "No podemos seguir haciendo las cosas iguales"
El arquitecto Eduardo Reese dio una charla sobre el acceso a la tierra y dejó una frase que resume su postura: "No podemos seguir haciendo las cosas iguales". Pero antes de llegar a esa conclusión, cuestionó los métodos con los que se planifican las ciudades y apuntó contra un modelo económico que, según dijo, profundiza las desigualdades. ¿Qué propone en cambio?
El arquitecto Eduardo Reese puso el acceso a la tierra en el centro del debate y advirtió que las políticas regresivas vulneran derechos. Fue durante una exposición en la que cuestionó las metodologías tradicionales de planificación y llamó a revisar las herramientas con las que se analiza el territorio argentino.
Reese organizó su presentación en cuatro ejes: los escenarios políticos y económicos actuales, la tierra como problema estructural, la perspectiva de derechos y los debates contemporáneos sobre el suelo y la planificación. Desde el arranque aclaró que prefería un espacio de intercambio antes que una conferencia magistral.
"Me parece necesario discutir, debatir, publicar y opinar, porque creo que ese es el sentido que tienen estos encuentros", expresó, y convocó a los participantes a compartir sus experiencias. También aclaró que sus reflexiones están atravesadas por sus pertenencias académicas y su participación en organizaciones sociales.
Un modelo que profundiza las desigualdades
El primer punto que abordó fue el impacto de las transformaciones políticas y económicas sobre la organización del territorio. Para Reese, esos cambios deben analizarse en relación con la distribución de la riqueza y con los intereses de los sectores más concentrados.
"Estas transformaciones tienen un único objetivo, que es un cambio estructural del modelo de acumulación a favor de los sectores más ricos y concentrados de la economía", sostuvo. Y planteó que el debate de fondo es si las políticas actuales representan un cambio estructural o si, en realidad, profundizan tendencias previas.
En ese sentido, aclaró que su interpretación es provisoria y que hace falta más información y debate para medir el alcance de los cambios. "Hay un ajuste mucho más severo, mucho más amplio, del mismo modelo", afirmó, y agregó que las medidas actuales acentúan las características del esquema anterior en lugar de reemplazarlo por uno distinto.
Para explicar esa diferencia, comparó el presente con las transformaciones de la década de 1970, que identificó como un punto de inflexión en el modelo de acumulación y distribución de la riqueza. Según su mirada, comprender la naturaleza de los cambios actuales es clave para definir las estrategias de universidades, organizaciones sociales e instituciones vinculadas a la planificación.
"Las políticas que vamos a llevar adelante no son iguales si planteamos un escenario u otro", advirtió.
Estado, mercado y territorio: una relación atravesada por el poder
Reese señaló que las transformaciones económicas y políticas también modifican el vínculo entre el Estado, el mercado y el territorio. Esa relación, dijo, determina las posibilidades de diseñar políticas públicas y condiciona las respuestas institucionales frente a las necesidades sociales.
"Lo trascendente ahí es ver cómo, efectivamente, esas transformaciones redefinen la relación entre Estado, mercado y territorio", explicó. Para el especialista, las políticas territoriales nunca son neutrales porque intervienen actores, intereses económicos y demandas sociales.
Por eso consideró necesario revisar los instrumentos con los que se analizan los problemas urbanos y regionales, y las estrategias que orientan las decisiones sobre el uso y la distribución del suelo. Las instituciones, planteó, deben preguntarse qué estrategias pueden desarrollar en un escenario de incertidumbre y cambios en las relaciones de poder.
El desafío, según su exposición, es abandonar las interpretaciones simplificadas y avanzar hacia una comprensión integral de los procesos sociales, económicos, políticos y ambientales de cada territorio.
La complejidad y los conflictos que atraviesan el territorio
Otro eje central fue la necesidad de una mirada integral. Reese cuestionó los enfoques que separan las dimensiones sociales, económicas y físicas como si cada una pudiera analizarse por separado. Para graficarlo usó una comparación simple: "Como si todas estas aproximaciones a la realidad pudieran entenderse como pedazos de una pizza".
Frente a esa perspectiva fragmentada, propuso analizar el conjunto y las relaciones entre sus componentes. "La única manera es entenderla como totalidad, como relaciones de poder entre cada una de esas dimensiones", afirmó.
Desde ese enfoque, el territorio no es solo un espacio físico delimitado: también es un ámbito donde se expresan desigualdades, disputas de intereses, relaciones económicas y conflictos por el acceso a los recursos. Reese destacó que las crisis no actúan de manera aislada, sino que pueden superponerse y potenciar sus efectos.
En ese marco mencionó la noción de policrisis y propuso avanzar hacia una lectura centrada en la policonflictualidad, es decir, las relaciones entre los conflictos, los actores y los intereses en juego. "Cada cosa que pasa tiene responsables, tiene actores, tiene políticas reales, tiene intereses en pugna", sostuvo.
Con esa afirmación cuestionó las explicaciones que describen los fenómenos sin identificar sus causas, los sectores involucrados ni las consecuencias sobre la sociedad. "Lo que está en juego es cómo las políticas regresivas vulneran derechos", remarcó.
Una perspectiva de derechos para las políticas territoriales
El tercer eje de la exposición apuntó a incorporar una perspectiva de derechos en el diseño de las políticas territoriales. Para Reese no alcanza con declaraciones generales: el desafío es traducir esos principios en decisiones políticas concretas, instrumentos de gestión y acciones que modifiquen las condiciones de acceso al territorio.
Su enfoque propone analizar los problemas territoriales a partir de sus efectos concretos sobre la población, prestando atención a las desigualdades y a las dificultades que enfrentan distintos grupos para acceder al suelo y a las oportunidades de desarrollo.
La perspectiva de derechos, según el esquema que presentó, debe orientar las respuestas institucionales y evitar que la planificación quede limitada a un ejercicio técnico desvinculado de las necesidades sociales. Para avanzar en esa dirección, sostuvo que hay que revisar tanto los marcos conceptuales como las prácticas profesionales.
Críticas a la planificación tradicional
Reese planteó que la planificación territorial necesita revisar sus métodos y abandonar las prácticas que presentan los territorios como realidades ordenadas, sin disputas ni contradicciones. Cuestionó los modelos que organizan el diagnóstico en etapas y documentos técnicos pero no incorporan a los actores sociales, los conflictos ni las relaciones de poder.
"La planificación episódica que hacemos en nuestra práctica profesional y en nuestra enseñanza […] nunca tiene actores, nunca tiene conflictos", criticó. Advirtió que esa metodología puede producir diagnósticos fragmentados, incapaces de explicar cómo se relacionan los problemas sociales, económicos y ambientales.
Como ejemplo mencionó trabajos de planificación en municipios de la provincia de Buenos Aires, entre ellos Moreno, donde la complejidad de los conflictos territoriales exige una mirada que vaya más allá de los planos y los análisis de densidad. "No pueden seguir haciendo las cosas iguales", resumió.
La tierra como problema estructural de la Argentina
El segundo gran eje de la exposición estuvo dedicado a la tierra, que Reese definió como un componente central para entender el desarrollo argentino y las desigualdades en la distribución de los recursos. En ese punto retomó los planteos de Rodolfo Puiggrós sobre la importancia de la distribución de la tierra en la historia económica y política nacional.
"La cuestión central es discutir el suelo", afirmó, y explicó por qué las políticas territoriales deben prestar especial atención a los mecanismos de acceso y distribución. El suelo, sostuvo, no es solo un recurso físico sobre el que se construyen viviendas, ciudades e infraestructura: también es un factor económico y político que incide en la distribución de la riqueza y en las posibilidades de desarrollo de distintos sectores.
"Ahí se define quién se queda con la torta más importante", expresó, al referirse a las disputas en torno de la apropiación y el uso de la tierra. También incorporó al debate las discusiones sobre la propiedad privada y las iniciativas legislativas para protegerla: cuestionó el enfoque de una propuesta que identificó como una ley de inviolabilidad de la propiedad privada y sostuvo que su tratamiento debía inscribirse en una discusión más amplia sobre el marco constitucional y la función de la tierra en la sociedad.
La planificación frente a los conflictos urbanos
Reese trabaja en proyectos de planificación en municipios de la provincia de Buenos Aires, entre ellos Moreno, que cuenta con aproximadamente 600.000 habitantes. Allí, señaló, las metodologías convencionales suelen priorizar la elaboración de planos y estudios técnicos sin integrar los factores que intervienen en la configuración del territorio.
"¿Cómo se hace planificación hoy a partir de estos pasos?", se preguntó al cuestionar los procedimientos que fragmentan el análisis urbano. Criticó que se soliciten productos técnicos específicos, como planos de densidad, sin contemplar los procesos sociales, económicos y políticos que determinan el crecimiento de una ciudad. "Esto tiene efectos muy importantes desde nuestro punto de vista en la forma de hacerlo", advirtió.
El especialista reconoció que los equipos técnicos deben cumplir con los requerimientos formales de los organismos que financian los proyectos, pero sostuvo que también necesitan desarrollar metodologías que comprendan la realidad territorial de manera integral. El desafío, dijo, es superar los esquemas que dividen la ciudad en componentes aislados.
"No podemos seguir haciendo las cosas iguales. Necesitamos cuestionar cómo hacíamos las cosas, redefinir cómo hacíamos las cosas y entender que la realidad es mucho más compleja, mucho más articulada", sostuvo.
El territorio como trama de conflictos
En su análisis, Reese destacó que las problemáticas territoriales no pueden explicarse solo a partir de fenómenos individuales, sino que deben estudiarse por las relaciones que se establecen entre ellos. Como ejemplo mencionó la articulación entre la crisis climática, el déficit territorial y las prácticas inmobiliarias especulativas.
"Solo esa articulación te da otra mirada", afirmó. Esa perspectiva, explicó, obliga a revisar las herramientas conceptuales y las prácticas profesionales, y a reconocer que las decisiones urbanísticas no son neutrales: inciden en la distribución de oportunidades, recursos y beneficios dentro de la sociedad.
La desigualdad va más allá de la pobreza
Reese advirtió que los problemas territoriales de la Argentina y de América Latina no pueden analizarse exclusivamente a partir de los niveles de pobreza. Para él, la desigualdad es un componente estructural de la organización social.
"El problema territorial argentino no está ligado exclusivamente a los niveles de pobreza", planteó, y destacó que la desigualdad es un factor determinante para comprender las condiciones de vida de distintos sectores. En su exposición vinculó esta situación con una estructura histórica heredada del período colonial, que condiciona la distribución de los recursos y las posibilidades de transformación social.
También señaló que las desigualdades económicas se relacionan con las desigualdades políticas, en tanto limitan las capacidades de los sectores populares para intervenir en las decisiones que afectan sus condiciones de vida.