Riesgo país vuelve a superar los 600 puntos y el mercado no se pone de acuerdo con el dólar

El riesgo país volvió a superar los 600 puntos y el mercado se divide: mientras JP Morgan pide cautela, una exnúmero dos del FMI lanzó una advertencia sobre el peso que nadie esperaba.

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Riesgo país vuelve a superar los 600 puntos y el mercado no se pone de acuerdo con el dólar
Riesgo país vuelve a superar los 600 puntos y el mercado no se pone de acuerdo con el dólar

El riesgo país argentino volvió a ubicarse por encima de los 600 puntos básicos este viernes, al alcanzar los 628 unidades, tras haber cerrado el jueves en 578. Se trata de un máximo de cinco meses que coincide con una nueva caída de los bonos soberanos y con un contexto internacional que no ayuda.

El movimiento no es aislado: el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años trepó hasta alrededor del 5,15 por ciento, lo que eleva el rendimiento exigido a los bonos emergentes y amplía el diferencial que mide el riesgo país. El jueves, además, el S&P Merval cayó cerca del 2 por ciento medido en dólares y acumuló cinco ruedas consecutivas de bajas.

El dato adquiere relevancia porque el Gobierno construyó buena parte de su estrategia financiera sobre la recuperación de la confianza de los inversores, la reducción del déficit fiscal y la posibilidad de volver a acceder al mercado internacional de deuda. Sin embargo, la evolución de los bonos muestra que esa normalización todavía depende de condiciones que exceden el resultado fiscal.

El dólar, el punto que divide aguas

El CEO de JP Morgan para Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, Facundo Gómez Minujín, reconoció que entre los inversores persiste una posición de espera frente a los activos argentinos. La diferencia de lecturas aparece con mayor claridad cuando la discusión se traslada al tipo de cambio.

Gómez Minujín sostuvo que los controles cambiarios podrían mantenerse hasta después de las elecciones presidenciales de 2027, lo que implica que el Gobierno no tendría previsto avanzar rápidamente hacia una liberalización completa del mercado cambiario.

"Los controles cambiarios no van a relajarse hasta postelecciones", afirmó el ejecutivo, quien además señaló que una economía con un tipo de cambio más elevado podría mostrar un nivel de actividad mayor, aunque advirtió sobre el impacto que una depreciación tendría sobre los precios. Según su explicación, se trata de un "juego de sábana corta", porque una corrección del tipo de cambio puede mejorar algunos sectores pero dificultar el proceso de desinflación.

El Gobierno sostiene un esquema de ancla cambiaria para desacelerar la inflación y recomponer las reservas del Banco Central. Sin embargo, el atraso cambiario impacta negativamente en el consumo y la actividad económica. Una mayor depreciación del peso puede mejorar la rentabilidad de los exportadores, pero también trasladarse a precios. Un tipo de cambio más contenido ayuda a moderar la inflación de corto plazo, aunque afecta a las empresas orientadas al mercado interno.

La receta del FMI que incomoda

La posición de la economista Gita Gopinath introduce una diferencia todavía más marcada. La exnúmero dos del FMI y actualmente profesora de la Universidad de Harvard planteó que el peso debería depreciarse más y que el Banco Central debería acelerar la acumulación de reservas antes de las elecciones de 2027.

"Considero que el peso argentino necesita ajustarse más y que se le debe permitir depreciarse en mayor medida de lo que lo está haciendo actualmente", afirmó Gopinath en una entrevista con el economista Tyler Cowen.

"Argentina tendrá que acumular reservas de divisas, aunque el objetivo sea, obviamente, contar con un tipo de cambio flotante", sostuvo. En su análisis, el país necesita llegar al próximo proceso electoral con mayor disponibilidad de dólares para reducir su exposición frente a eventuales episodios de presión cambiaria.

El contraste entre ambas posiciones no supone un rechazo general al programa económico. Gopinath destacó el compromiso de Milei con el equilibrio fiscal y señaló que el Presidente mantiene una posición definida sobre ese objetivo. Su observación se concentra en el frente cambiario, la acumulación de reservas y la continuidad de las reformas. También introdujo otro elemento de incertidumbre: la posibilidad de que las elecciones de 2027 vuelvan a convertirse en un punto de referencia para los inversores.

"Es muy razonable que todos hagan una pausa y se planteen si las reformas continuarán o si se producirá una recaída", afirmó de cara a los comicios.

La posición de JP Morgan resulta diferente en cuanto al diagnóstico general. Gómez Minujín sostuvo que Argentina podría alcanzar el grado de inversión durante un eventual segundo mandato de Milei. "Creo que si gana Milei, durante el siguiente mandato seguro que es investment grade", afirmó. El grado de inversión es una categoría que comienza en BBB- para S&P y Fitch y en Baa3 para Moody's.

Sin embargo, el mismo ejecutivo reconoció que los inversores todavía muestran cautela. "No hay un gran apetito por Argentina", sostuvo al describir la situación de los fondos que mantienen deuda del país. Según explicó, muchos inversores conservan posiciones y tienen presente el comportamiento de los activos argentinos durante episodios anteriores de crisis.

El financiamiento, en pausa

La discusión sobre el dólar también está vinculada con el financiamiento. El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió postergar una nueva emisión internacional de deuda hasta que las condiciones de mercado permitan reducir el costo financiero. Gómez Minujín consideró que esa decisión no representa necesariamente un error y explicó que los equipos de JP Morgan no están preocupados por el plan financiero de corto plazo.

"Cuando hablo con nuestra gente, por ejemplo, de mercados en el banco están cero preocupados por el plan financiero de este año y del año que viene", afirmó el titular del Palacio de Hacienda.

Pero en la misma entrevista reconoció que el mercado todavía no muestra un apetito suficiente por los bonos argentinos. La estrategia oficial consiste entonces en esperar una mejora de las condiciones financieras antes de volver a emitir deuda, mientras el Tesoro busca renovar sus vencimientos en el mercado local.

La presión cambiaria agrega una dificultad adicional. El jueves, el dólar mayorista cerró en torno de los 1.519 pesos, mientras el MEP y el contado con liquidación se ubicaron por encima del tipo de cambio oficial. El Destape registró para esa jornada un dólar oficial de 1.535 pesos, un blue de 1.560 pesos y un CCL de 1.607,1 pesos.

La diferencia entre las cotizaciones no configura por sí sola una corrida cambiaria, pero muestra que la demanda de cobertura permanece activa. El debate se desarrolla además sobre una economía con comportamientos diferentes según la actividad. Moody's proyectó un crecimiento del PBI de 3,4 por ciento para 2026 y de 3,5 por ciento para 2027, pero identificó al consumo como el componente más débil de la recuperación.

La calificadora también señaló diferencias entre las empresas orientadas a la exportación y aquellas que dependen de la demanda interna. Ese contraste aparece en el diagnóstico de Gómez Minujín, que destacó las oportunidades en petróleo, gas y minería, pero reconoció las dificultades de las compañías que dependen del mercado interno.

"No basta con que haya algunas empresas mineras y petroleras a las que les va muy bien", afirmó. Según explicó, la recuperación necesita alcanzar también al empleo, al consumo y a las empresas que producen para el mercado doméstico. Moody's señaló precisamente que la apreciación real de la moneda aumenta la presión sobre los segmentos que compiten con importaciones, mientras que energía, minería y agricultura orientada a las exportaciones aparecen entre los sectores con mejores perspectivas crediticias.

El indicador había comenzado septiembre en torno de los 500 puntos y llegó a 578 al cierre del jueves, después de varias jornadas consecutivas de aumentos. La serie histórica muestra que el riesgo país había tocado 402 puntos en julio y que desde entonces volvió a aumentar hasta los niveles actuales. El mercado, por lo tanto, no está discutiendo solamente si el programa de Milei debe continuar, sino bajo qué condiciones financieras puede hacerlo.

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