Río Gallegos se quedó chico para su propia agua: la cuenta que nadie quiere pagar

¿Cuánto costaría, en millones de dólares, evitar que Río Gallegos vuelva a quedarse sin agua cada vez que se rompe una cañería?

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Río Gallegos se quedó chico para su propia agua: la cuenta que nadie quiere pagar
Río Gallegos se quedó chico para su propia agua: la cuenta que nadie quiere pagar

Los cortes de agua en Río Gallegos ya no se explican solo por una cañería que se rompe. Detrás de cada emergencia hay una razón estructural que el propio Estado reconoció: la ciudad creció más rápido de lo que puede abastecer su sistema de agua potable.

Así lo planteó Matías Cortijo, presidente de Servicios Públicos Sociedad del Estado (SPSE), en diálogo con LU12 AM680. La entrevista se difundió el viernes 16 de octubre y puso blanco sobre negro una realidad que los vecinos padecen cada vez que abren la canilla y no sale nada.

"Río Gallegos creció por encima de la capacidad del acueducto y la planta", sostuvo el funcionario. La frase resume el problema de fondo de la capital santacruceña: una infraestructura que quedó atrás frente al avance urbano.

Las roturas que encendieron la alarma

La declaración no llegó en el aire. El 9 de octubre, una rotura en Palermo Aike interrumpió el suministro y complicó el funcionamiento de varias escuelas. Cuatro días después, el 13 de octubre, apareció otra fisura en el acueducto principal: una cañería de 700 milímetros a la altura de la Escuela de Policía.

Miles de vecinos atravesaron jornadas sin agua o con presión mínima. Y cada reparación deja la sensación de que el problema vuelve a empezar.

Por qué se rompe una y otra vez

Cortijo enumeró los factores que se combinan: cañerías viejas, deterioro acumulado y movimientos del terreno que castigan la infraestructura. A eso se suma un efecto dominó: cuando se corta el bombeo para arreglar una rotura, recuperar la presión de toda la red lleva tiempo y exige de más a los conductos.

El crecimiento de la ciudad también pesa. Según el Censo 2022 del INDEC, Río Gallegos supera los 115.000 habitantes, mientras la estructura central de abastecimiento no logra acompañar la demanda.

El nudo no está en cuánto tarda un arreglo puntual, sino en si el sistema puede sostener el suministro cuando sube el consumo o falla una pieza clave.

Lo que se hace ahora y lo que falta

SPSE avanza con la recuperación de pozos, nuevas perforaciones y reparaciones dentro de la planta potabilizadora para reducir pérdidas. Cortijo contó que ya se recuperaron entre tres y cuatro pozos y que algunos barrios pudieron mantener el abastecimiento durante los últimos cortes gracias a esas fuentes alternativas.

También se intervienen las compuertas de la planta, donde se detectaron pérdidas de agua potable que no llegaban a incorporarse a la red.

Son parches que alivian, pero no resuelven el fondo. La renovación de escala implicaría construir un nuevo acueducto y una nueva planta potabilizadora: una inversión que, según estimó el titular de SPSE, superaría los 50 millones de dólares.

El proyecto figura en el esquema de financiamiento que se discute en la Legislatura de Santa Cruz. Pero no hay fecha confirmada para arrancar la obra ni fondos aprobados que garanticen su ejecución.

La pregunta que queda

Para los vecinos, la conclusión es incómoda: las reparaciones pueden devolver el agua después de cada emergencia, pero las limitaciones del sistema principal seguirán ahí mientras no se amplíe su capacidad.

Río Gallegos tiene una cuenta pendiente que se hace visible cada vez que falta el agua: cómo hacer que su infraestructura acompañe el crecimiento de la ciudad. La pregunta ya no es solo cuándo vuelve el servicio tras una rotura, sino cuándo estarán dadas las condiciones para que esas emergencias sean menos frecuentes y menos costosas.

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