Dos alertas rojas en apenas cuatro meses, cuando lo habitual es que haya dos en todo un año. El dato que dejó el invierno en la cordillera y que el SMN todavía tiene fresco.
Después de meses de lluvias que complicaron la cordillera, nevadas récord y ríos crecidos, el director del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), Pedro Di Nezio, trajo un mensaje tranquilizador para la Patagonia norte: «Lo peor ya pasó para ustedes». Lo dijo en diálogo con RN Radio, donde explicó cómo seguirá el fenómeno de El Niño y por qué su impacto será distinto según la región.
La clave está en el calendario. El norte de la Patagonia entra en su temporada habitualmente seca, justo cuando los efectos del calentamiento del Pacífico se corren hacia el este y el noreste del país. Allí, anticipó, se esperan más lluvias y tormentas intensas.
«Por suerte, en la zona del Alto Valle el impacto en el verano no es tan fuerte. Fue fuerte hasta ahora, en el invierno, con este corrimiento de las tormentas hacia el norte», detalló el meteorólogo y oceanógrafo.
Qué se espera para los próximos meses
Con la primavera avanzando, el panorama tenderá a mejorar en buena parte de la región. «Ahora la región entra en la temporada seca, entonces no hay tormentas que amplificar por El Niño», indicó Di Nezio.
Igual, no todo está dicho. Podrían registrarse algunas tormentas y lluvias en el este de Río Negro, sobre todo en la costa. Para la cordillera y el resto de la Patagonia, en cambio, el escenario que anticipó es más favorable.
Un fenómeno comparable al de 1997
El Niño es un fenómeno natural que calienta las aguas del Pacífico ecuatorial y altera la circulación atmosférica, con efectos sobre las lluvias y las temperaturas en distintas partes del planeta. El episodio actual está entre los más intensos de las últimas décadas.
«El último que pasó de esta intensidad fue en el año 97, o sea, hace 30 años», señaló el funcionario. Aunque aclaró que no es más fuerte que aquel: «Este no es más intenso que el del año 97, es comparable. Hemos vivido situaciones parecidas y ahora estamos mucho mejor equipados».
Los efectos pueden durar varios meses porque la temperatura del océano cambia más lento que la atmósfera. Por eso las lluvias intensas podrían seguir hasta abril, aunque con desigual impacto según la zona. «Hay que estar atentos hasta abril, no relajarse y prestar atención a los pronósticos meteorológicos», recomendó.
Por qué el invierno pegó tan fuerte en la cordillera
El calentamiento del Pacífico desplazó los vientos predominantes del oeste. Durante el invierno, eso empujó los sistemas de tormentas varios cientos de kilómetros hacia el norte, con consecuencias sobre la cordillera de Río Negro, Neuquén y Mendoza.
Las alertas emitidas en los últimos meses lo reflejan. Di Nezio contó que, al asumir en julio, preguntó cuántas alertas rojas se emiten normalmente por año. La respuesta fue dos.
«Y bueno, a la semana ya hubo una alerta roja en Bariloche, de lluvias fuertes en julio, y después hubo otra alerta roja en Bariloche y Neuquén, también en la cordillera, en septiembre. O sea, que ya las dos alertas rojas del año ocurrieron en cuatro meses», recordó.
Para el director del SMN, esos episodios dimensionan el impacto de El Niño en la región. Pero remarcó que la mayor incidencia en el norte patagónico se concentró en el invierno y que ahora la atención se traslada a otras provincias.
Ríos crecidos y represas: la otra cara de la temporada
La suba de los caudales del Limay, el Neuquén y el Negro generó preocupación, pero también llega tras varios años de sequía. Di Nezio propone mirarlo desde otro ángulo: «La región, el Comahue y la Patagonia del Norte, llevaba varios años de sequía, entonces también se lo puede ver como una recuperación de los recursos hídricos».
En ese marco, destacó el rol de los embalses para almacenar agua, regular los caudales y aprovechar el recurso para energía y riego. «Las represas fueron construidas y preparadas para este tipo de crecientes», afirmó.
También subrayó el aporte de las nevadas invernales para la disponibilidad de agua de los próximos meses. «Tenemos que estar contentos de que nevó mucho este invierno. Esos recursos son muy importantes para la generación de energía y para el riego», señaló.
La atención ahora se muda al Litoral
Mientras la Patagonia norte mejora, el SMN sigue de cerca el Litoral y el este del país. Los efectos ya se sienten en Brasil, con lluvias que hicieron crecer los ríos Paraná y Uruguay. «Los ríos Paraná y Uruguay crecieron por las lluvias en Brasil, no tanto por las lluvias en Argentina todavía», precisó.
Un factor que puede agravar las consecuencias es la humedad acumulada en los suelos: cuando caen nuevas tormentas sobre terrenos saturados, crece el riesgo de inundaciones. Por eso el monitoreo no mira solo la intensidad de las lluvias, sino también las condiciones previas del terreno.
Radares y alertas: la diferencia con 1997
A diferencia de otros episodios intensos, el país cuenta hoy con una red de radares meteorológicos y sistemas de alerta que permiten seguir las tormentas y avisar con más anticipación. Para Di Nezio, esa infraestructura marca una diferencia clave respecto de lo ocurrido hace tres décadas: «Esta vez nos agarra mejor preparados que nunca».
El objetivo es que las alertas lleguen a tiempo a provincias, municipios y Defensa Civil para organizar la respuesta ante fenómenos severos.
Para Río Negro y Neuquén, el panorama es más alentador que el de los últimos meses. El Niño seguirá activo y se sentirá en el país, pero el período de mayor impacto en el norte de la Patagonia habría quedado atrás. La recomendación, igual, sigue siendo la misma: mirar los pronósticos y las alertas oficiales, sobre todo ante lluvias intensas puntuales.