River goleó, pero lo que pasó puertas adentro del club cambió la semana de Ponzio
Los rumores sobre la salida de Ponzio se filtraron desde adentro del club y los jugadores respondieron con una goleada histórica. Lo que hizo Correa para callar las operaciones.
En una semana en la que los rumores sobre el futuro de Leonardo Ponzio no dieron tregua, River respondió con su mejor actuación desde que el técnico asumió: 3-0 sobre Belgrano en el Kempes, con fútbol ambicioso y sostenido, y por primera vez metido en puestos de playoffs.
Las versiones sobre una salida inminente del entrenador, filtradas desde el propio club, encontraron una respuesta elocuente en la cancha. Si Ponzio había quedado debilitado desde el jueves por una ola de versiones que buscaban instalar el regreso de Ramón Díaz, sus jugadores lo respaldaron con la victoria más contundente de su corto ciclo.
No fue solo el resultado. El rendimiento tuvo vuelo futbolístico y sirvió para superar al último campeón, un rival que suele complicar a River. Además, aparecieron en su dimensión las contrataciones millonarias llamadas a marcar la diferencia: Ángel Correa, la gran figura, y Thiago Almada, que ingresó con el partido ya encaminado.
Cinco meses después de la final
Los equipos se reencontraron casi cinco meses después de aquella final del Apertura que Belgrano se llevó con dos goles en los últimos cinco minutos. Desde entonces, los caminos tomaron rumbos opuestos: el Pirata mantuvo formación, entrenador y proyecto, mientras que en River la gestión de Coudet se desgastó a velocidad récord. Anoche, el equipo cordobés volvió al Kempes con seis titulares que en aquella final ni siquiera estaban en el plantel.
En su séptimo partido al frente, Ponzio introdujo más variantes que nunca: una por línea. La obligada fue Ortega por el lesionado Acuña. Las otras buscaron darle dinámica al funcionamiento. Tras dos partidos como suplente por una discopatía lumbar, Moreno reemplazó a Vera, que no tenía la presencia necesaria como volante central. Y en ataque, el despliegue generoso de Lucas Beltrán se impuso sobre las lagunas de Driussi.
Un arranque a toda máquina
River salió en tromba. Antes de los 20 segundos ya estaba instalado en el área local, con una definición de Beltrán bloqueada por un defensor. El equipo de Ponzio fue vertical, con envíos frontales de Martínez Quarta y Otamendi, pero con una premisa clara: jugar en campo adversario, sin especular, a ritmo alto, favorecido por el estado húmedo de la cancha. La pelota circulaba rápido y nadie la retenía de más.
Los primeros 15 minutos fueron muy buenos para River. Belgrano se veía superado, pero no es un equipo que claudique fácilmente. Resiste y se reserva el derecho a responder porque tiene futbolistas curtidos (Mudo Vázquez, Zelarayan, Rigoni) y con recursos.
Ante un River que buscaba mucho por el eje central con los dos delanteros y los dos mediapuntas (Galván y Almada), el Pirata apretaba líneas en torno a Licha López y Maldonado, a los que se sumaba Morales, también con formación de zaguero central.
La actividad de Correa era constante: se ofrecía, gambeteaba, filtraba pases. Y también remataba, aunque se topó con la oposición del arquero Cardozo, que tuvo dos atajadas fenomenales. Belgrano, con menos pelota, armaba ataques. Santiago Beltrán tuvo que atorar a Zelarayan en un mano a mano y le tapó un remate peligroso a Hernández. Un cabezazo del tanque Passerini se fue apenas desviado. La mejoría de River no incluía el cierre de sus habituales grietas defensivas.
El VAR salvó a Dóvalo de una equivocación: la expulsión de Licha López por un foul inexistente a Correa. La revisión consumió casi cinco minutos e interrumpió una dinámica que no daba respiro. River necesitaba más de Almada, del que no había más rastro que un remate desviado. Ya aparecería en su dimensión de futbolista formado en el potrero.
Al equipo de Ponzio le faltaba un punto de serenidad y justeza para aprovechar lo que generaba. Es un déficit de arrastre. Se iba el primer tiempo y River encontró recompensa: su vocación para desnivelar por superioridad numérica llevó al atrevido Montiel a aparecer como un centrodelantero que dio el pase para el remate ajustado de Tomás Galván. Fue el cuarto gol del volante en el Clausura, una cifra nada despreciable en un equipo que suele andar corto de eficacia.
La ráfaga de Correa y el golazo de Almada
El triunfo se allanó en el arranque de la segunda etapa, a partir de la presión de Beltrán para que Morales se equivocara en un pase; llegó Correa para definir con la puntera del botín. Belgrano fue a la carga y descubrió las filtraciones por el techo de River; le cabeceaban fácil, pero Beltrán fue el arquero del primer semestre para tapar cabezazos de Licha y Passerini.
Esta vez Ponzio no demoró los cambios; ingresaron Vera —que al ratito salió con una lesión muscular— y Driussi. Belgrano empezó a trasmitir cierta impotencia y se abrió atrás, dejaba espacios. Almada desempolvó al atrevido de Fuerte Apache y armó un golazo por las gambetas y la definición cruzada. El VAR no convalidó un segundo gol de Correa por una discutible mano de Ortega en el inicio de la jugada. Terminó siendo una anécdota por lo que River había hecho antes.
Goleada y momentos de alto vuelo futbolístico ante un oponente calificado para dormir por primera vez en puestos de clasificación a los playoffs. Suficiente para cambiar la agenda semanal de River y posponer las operaciones por el futuro de Ponzio.
"ESTAMOS MUY FELICES POR ESTA VICTORIA" La palabra de Ángel Correa tras la goleada de River ante Belgrano en Córdoba.
— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) October 19, 2026
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