Roca y Uriburu se quedaron con una Puna que Buenos Aires despreciaba: qué cambió después

Buenos Aires los daba por tierras pobres, inhóspitas e improductivas. Medio siglo después, esa misma Puna se convirtió en un enclave de litio, oro y plata que atrae inversiones millonarias. La historia de cómo Roca y Uriburu se la arrebataron a Chile.

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Roca y Uriburu se quedaron con una Puna que Buenos Aires despreciaba: qué cambió después
Roca y Uriburu se quedaron con una Puna que Buenos Aires despreciaba: qué cambió después

La demarcación de límites con Chile fue un éxito diplomático y estratégico de Julio A. Roca y José Evaristo Uriburu, que permitió recuperar una región con enormes riquezas mineras, a despecho de muchos que no la valoraban en su real dimensión.

El capítulo estudiantil de la Society of Economic Geologist (SEG Student Chapter, UNSa, 2026) invitó a brindar una conferencia sobre la formación política del viejo Territorio Nacional de Los Andes. La consigna: resumir cómo llegamos a tener como parte integrante de la República Argentina a una región volcánica árida en el extremo noroeste del país. Una historia larga, compleja y con ribetes apasionantes.

El punto de arranque puede fijarse en la Guerra del Pacífico de 1879, cuando Chile y la coalición peruano-boliviana se declararon la guerra. El desierto híper árido de Atacama era una región casi vacía, apenas recorrida por buscadores de derroteros minerales que la cruzaban en todas direcciones.

El gran valor residía entonces en los extensos yacimientos de nitratos de la Depresión Central o Pampa de Tamarugal, y en las covaderas de guano fosfático de las islas y la costa pacífica. Esas nitrateras constituyen la mayor reserva mundial de nitratos naturales y conforman una provincia metalogénica única y singular.

Cómo Chile se quedó con la Puna

En 1884 se firman acuerdos y Chile incorpora a su territorio la región de Antofagasta, que pertenecía a Bolivia, y Arica e Iquique, que pertenecían a Perú. Los principales depósitos de fosfatos y nitratos quedaron en poder chileno. Y además tomaron el control de lo que hoy es la Puna Argentina.

El punto es que agruparon una extensa región bajo una misma designación: "Puna de Atacama". Para ello usaron como límite físico hacia oriente lo que hoy es la cordillera de los nevados de Cachi-Palermo y su proyección.

Cuando se observa un perfil topográfico de los Andes Centrales entre Antofagasta y Salta surge enseguida que la región del norte de Chile se encuentra al occidente de la gran cadena de volcanes, alguno de los cuales casi roza los 7 km de altura sobre el nivel del mar. Esa Puna de Atacama, al oeste de los Andes Volcánicos (CVZ), está a unos 2 km sobre el nivel del mar, mientras que la Puna Argentina está a unos 4 km. Son, dicho de otro modo, escalones topográficos distintos en la construcción del orógeno andino.

Desde un punto de vista geológico, la Puna de Atacama forma parte del retroarco ("Forearc"), luego se tiene el arco volcánico en el centro (CVZ) y al oriente el trasarco ("Back Arc"). De este último forman parte la Puna Argentina, la Cordillera Oriental y las Sierras Subandinas.

El potencial minero que estaba en juego

El rasgo más importante de la región chilena es precisamente el salar de Atacama, la mayor reserva mundial de litio en salmuera en explotación, y a su vez la mayor concentración puntual planetaria de sal gema.

Desde tiempos inmemoriales hubo tránsito e intercambio entre ambas "punas" a través de caravaneros y trajinantes. Los incas, durante los tiempos del Tawantinsuyu, ocuparon ambos territorios. La colonia española los organizó en virreinatos y la independencia en naciones independientes.

A partir de 1884, ya terminada la Guerra del Pacífico, Chile decide explorar y estudiar científicamente el territorio para conocer su geología, topografía, clima, flora, fauna, recursos de agua, vegas, senderos y depósitos minerales, entre muchos otros aspectos.

Entre los viajeros que visitaron la región están el ingeniero Francisco J. San Román, el geólogo noruego Lorenzo Sundt y el geógrafo Alejandro Bertrand, todos ellos autores de importantes obras geográficas y diarios de viaje con riquísima información. Cada uno cruzó la región desde el oeste hacia el este, a lomo de mula por Catamarca, Salta y Jujuy, y regresó hacia el actual norte chileno. Los itinerarios y fechas quedaron conservados en sus archivos y documentos. De todos ellos nos hemos ocupado individualmente en artículos anteriores y en el libro: Alonso, R.N., 2022. Historias de la Puna: Historia natural y humana de un territorio andino. Mundo Gráfico, 156 p., Salta.

San Román dejó publicado un mapa a escala 1:1.000.000 que sigue siendo una notable pieza de consulta. A fines del siglo XIX la República Argentina seguía estableciendo sus límites geográficos con los países vecinos.

Como se dijo, la actual Puna Argentina estaba en gran parte bajo dominio chileno luego de la Guerra del Pacífico. El límite cordillerano se había establecido tomando como referencia arcifinia la línea de las altas cumbres, que además definían las vertientes atlántica y pacífica de Argentina y Chile respectivamente.

El punto crítico era que, al llegar a la sierra de San Buenaventura en Catamarca, la cordillera se abría en dos ramas: una volcánica a occidente y otra tectónica hacia el oriente. Entre ambas quedaba abrazada la Puna, continuación morfotectónica natural y austral del Altiplano boliviano.

Una región que no drena a ningún océano

La Puna no tiene drenaje Atlántico ni Pacífico: es una región con drenaje interno, endorreica, donde todas las aguas confluyen a su interior. El clima árido hace que se evaporen formando extensos salares.

Ello gracias a que las aguas cargadas de sales que lavan las rocas volcánicas y las antiguas, más las que provienen del interior subterráneo en forma de termas, arrastran una gran carga de elementos químicos que terminan en los salares formando evaporitas y salmueras ricas en litio, potasio y otros cationes.

Muchos viajeros chilenos ingresaron a estudiar la actual Puna Argentina. Entre los pocos que lo hicieron desde el lado argentino se encuentran el sabio alemán Ludwig Brackebusch, que pasó problemas serios con los retenes militares chilenos que entonces se encontraban en Santa Rosa de los Pastos Grandes y Antofagasta de la Sierra; y Abraham Alberto Becerra, enviado por el gobierno de Salta para estudiar las borateras y otros recursos mineros. En sus memorias se rescatan datos de gran valor para la historia de la región.

El "Abrazo del Estrecho" y el arbitraje

El siglo XIX estaba a punto de cerrarse cuando el presidente argentino Julio A. Roca, en una reunión en un barco anclado en el Canal de Beagle, convenció al presidente de Chile Federico Errázuriz Echaurren de llamar a un arbitraje para definir la verdadera línea de altas cumbres en esa región de los Andes Centrales. El hecho político se conoce como el "Abrazo del Estrecho" de 1899.

Se nombraron representantes de ambos países y un árbitro internacional. Argentina propuso a un expresidente salteño, José Evaristo Uriburu, y Chile a un diplomático de fuste: Enrique Mac Iver. El árbitro fue el ministro plenipotenciario norteamericano William Buchanan, designado para tal fin por el presidente Stephen Grover Cleveland.

En diciembre de 1899 se reunieron aquellos hombres y mostraron sus credenciales a favor y en contra de cuál era la verdadera línea geográfica que dividía el territorio. Estaba en juego la actual Puna Argentina. Paso a paso se fue votando hasta quedar definido el nuevo espacio geográfico, que tomó esencialmente como alta cumbre a la cordillera volcánica.

La ley 3906 y el Territorio Nacional de los Andes

Con la agudeza política que lo caracterizaba, Roca hizo votar en enero de 1900 la ley 3906 de creación del Territorio Nacional de los Andes. Dicho territorio se integró con geografías que pertenecían originalmente a Catamarca, Salta y Jujuy, entre ellas los dominios hereditarios de doña Ascensión Isasmendi de Dávalos sobre los salares de Hombre Muerto y Diablillos.

El gobernador Pío Uriburu dejó expresa constancia del asunto y así aparece en las "salvedades" al magnífico mapa de Feliciano Lavenás de 1900. Acto seguido se creó la Gobernación de los Andes y se designó como capital a San Antonio de los Cobres. El primer gobernador fue el general Daniel Cerri, quien recorrió el territorio y publicó una excelente memoria.

Luego llegaría una pléyade de viajeros que recorrerían palmo a palmo el extenso territorio: J. B. Ambrosetti, E. A. Holmberg, O. Doering, H. Buttgenbach, F. Reichert, L. Caplain, J. Bernabé, L. R. Catalano y una lista interminable de naturalistas en misiones oficiales o de estudiosos de las riquezas minerales. Muchos de los títulos de esas obras seguían haciendo referencia a "Puna de Atacama".

El desprecio porteño y la disolución de 1943

En Buenos Aires no estaban convencidos de que esos territorios áridos e inhóspitos siquiera valieran la pena. Para algunos, el laudo finisecular nos había legado "…un conjunto de tierras pobres, inhóspitas e improductivas, llenas de indios y sin futuro".

Durante el gobierno de facto de 1943 se decidió disolver el Territorio Nacional de los Andes y repartirlo entre las tres provincias: en grandes líneas, Antofagasta de la Sierra para Catamarca, el departamento Los Andes para Salta y Susques para Jujuy. Esa división, a cargo del Ing. Julio Storni, volvió a perjudicar a Salta, que siempre hizo reserva constitucional de su territorio soberano.

Hoy la Puna Argentina es un rico enclave minero entre el Atlántico y el Pacífico, con recursos de litio, oro, plata y cobre que atraen inversiones internacionales multibillonarias. Nada de ello hubiese sido posible de no haber mediado la visión geopolítica estratégica de dos grandes hombres del interior profundo del país: el tucumano Julio A. Roca y el salteño José Evaristo Uriburu.

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