Rocenses en silla de ruedas piden circular por las veredas: por qué eligen la calle
Karol y María se movilizan en silla de ruedas por Roca y conocen cada obstáculo de memoria. Lo que cuentan sobre las rampas, las veredas y el colectivo explica por qué muchas veces terminan circulando por el asfalto.
Veredas rotas, rampas con pendientes pronunciadas, autos estacionados que bloquean el paso y colectivos que no siempre permiten subir con una silla de ruedas. Ese combo es el que describen a diario integrantes de la Asociación Civil Grupo INCA, que contaron a ANR cómo se mueven por las calles de Roca.
Karol Guajardo y María Lepin coincidieron en que, si bien hubo adecuaciones en distintos sectores, todavía persisten barreras que dificultan o directamente impiden desplazarse de manera autónoma por la ciudad.
Rampas que se las ingenian para esquivar
Uno de los principales problemas que señalaron son las rampas. Guajardo explicó que muchas tienen desniveles y pendientes que las vuelven complicadas de usar, y que a eso se suma el escurrimiento del agua cuando llueve. “Las rampas están como medias de costado y cuesta mucho subirlas y bajarlas”, describió sobre las calles roquenses. Por eso, cuando se moviliza sola, muchas veces opta directamente por el asfalto.
Lepin sumó situaciones parecidas: en algunas esquinas hay una rampa para subir, pero falta otra para continuar el recorrido, y otras tienen una pendiente tan pronunciada que obliga a pedir asistencia y aumenta el riesgo de caída. Contó que tomó como precaución bajar de las rampas con un pie antes de seguir, porque un pequeño desnivel puede trabar las ruedas de la silla. Lo dice con conocimiento de causa: se cayó en pleno centro de Roca.
Árboles, autos y veredas intransitables
Las dificultades no se concentran en una sola calle. Según Lepin, hay cuadras en buenas condiciones y otras donde las veredas resultan prácticamente intransitables. Entre los obstáculos cotidianos mencionó árboles que levantan las veredas, vehículos estacionados que bloquean el paso y desniveles.
Por eso, en varias ocasiones deciden trasladarse por la calle. “Muchas veces transito por la calle, aunque sé que no es lo ideal, prefiero ir por la orilla de la calle y no ir por las veredas porque me ha pasado de caerme en pleno centro, en plena Tucumán”, relató. Las bicisendas aparecen como alternativa cuando están disponibles: no están pensadas específicamente para ese uso, pero en algunos sectores le permiten moverse con más seguridad que sobre la calzada.
Guajardo, oriunda de Cipolletti, también elige el asfalto cuando circula sola. Lleva más de diez años trasladándose a Roca y asegura que en ese tiempo sigue encontrando las mismas dificultades para sortear desniveles y rampas. Los días de lluvia empeoran todo: el agua se acumula en algunos sectores y complica aún más el desplazamiento. “Cada vez que llueve, ni hablar, parece que tenés que andar en bote”, graficó.
El colectivo, otra barrera
La accesibilidad no se limita a las calles. Para Guajardo, el transporte público es otra de las grandes dificultades cada vez que viaja a Roca, donde cursa sus estudios. Según explicó, si no toma un taxi no puede viajar en colectivo hasta la universidad, porque las unidades no siempre están adaptadas para una persona en silla de ruedas.
La comparación con Cipolletti es inevitable: allí, dijo, hay colectivos adaptados con rampas manuales que le permiten trasladarse a distintos puntos. En Roca, en cambio, tiene problemas particularmente con el servicio de Koko, ya que la mayoría de las unidades que usa no tienen la rampa en condiciones de funcionamiento.
Para quienes usan silla de ruedas, una diferencia que parece menor en una vereda o una rampa puede convertirse en un obstáculo que impide seguir. Lepin explicó que alguien puede subir una rampa y encontrarse después con que no hay conexión accesible para continuar. Por eso muchas veces deben analizar antes por dónde circular y elegir trayectos alternativos: un recorrido que debería hacerse por la vereda termina en la calle o en una bicisenda.
Comprar ropa, una odisea
Las barreras también aparecen en actividades cotidianas, como entrar a un comercio. Lepin contó que se encontró con locales de espacios reducidos, pasillos angostos, maniquíes en el medio y mobiliario que complica el paso de la silla.
“Una de las cosas que más malestar me genera es ir a comprar ropa”, señaló. Los problemas se hacen más evidentes en los probadores: algunos no tienen espacio para ingresar con la silla y en otros es muy incómodo probarse una prenda sentado. A eso se suma que hay comercios sin un lugar donde una persona con discapacidad pueda sentarse, una situación que se repite en minimercados, tiendas y otros establecimientos donde la distribución del espacio no contempla sus necesidades.
Reclamos que llegan tarde
María contó que hizo distintos reclamos por las barreras que encuentra en sus recorridos y que en pocas oportunidades obtuvo una respuesta inmediata. Según su experiencia, muchas veces las intervenciones llegan después de un accidente o cuando la situación se vuelve visible, en lugar de anticiparse a los problemas de accesibilidad. En ese marco mencionó su propia caída en calle Tucumán como uno de los episodios que motivaron denuncias por las condiciones de circulación.
Guajardo, por su parte, insistió en que lleva más de una década yendo y viniendo a Roca y que el panorama sigue siendo el mismo en rampas, veredas y transporte. Para ambas, la accesibilidad no se reduce a tener una rampa en una esquina: implica poder completar un recorrido sin desniveles, obstáculos, vehículos que bloquean las veredas ni dificultades para tomar el colectivo.
