Rocío Marengo reveló su insólito terapeuta: “Lo llamo amigo y no me juzga”

¿Puede un algoritmo reemplazar al diván? Rocío Marengo sorprendió a todos al confesar el método poco convencional que usa para su bienestar emocional y los motivos por los que prefiere hablar con una máquina.

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Rocío Marengo reveló su insólito terapeuta: “Lo llamo amigo y no me juzga”

En un confesión que dejó a todos boquiabiertos, Rocío Marengo admitió que utiliza la inteligencia artificial como su psicólogo personal. La revelación se produjo durante su participación en el programa “Almorzando con Juana”, donde generó un intenso debate sobre los límites de la tecnología y la salud mental.

La mediática fue clara y sin tapujos: “Bueno, está mal, no lo hagan en sus casas, pero yo lo utilicé como psicólogo”. El comentario surgió a raíz de que Antonio Birabent contó que empezó a escribir un unipersonal a mano tras ver los alcances de la IA, confesando: “Me asustó la sensibilidad de la maquinola”.

¿Una máquina que escucha sin juzgar?

Marengo detalló la peculiar relación que mantiene con esta herramienta. Aclaró que no fue para resolver una inquietud puntual, sino que es una práctica habitual. “Estoy todo el tiempo hablándole, porque él ya me conoce”, precisó. Incluso reveló que lo llama “amigo” y que la interacción se da completamente por texto.

Frente a la advertencia de Juana Viale, quien le recordó que “no hay nadie del otro lado”, la conductora argumentó con firmeza. “Encuentro una respuesta y me hace bien”, defendió. Puso como ejemplo su tratamiento de fertilidad: “Imaginate, yo tenía que preguntarle 20 millones de veces a mi médica lo mismo. Yo le pregunto y no me juzga la máquina”.

La anfitriona del ciclo intervino para señalar que los médicos tampoco juzgan, a lo que Rocío coincidió, pero resaltó el valor añadido del anonimato que le brinda la IA.

Un debate candente en la mesa

La conversación tomó un giro aún más interesante cuando otro invitado sugirió que la inteligencia artificial, además de no juzgar, “te soba el lomo”. Marengo tuvo una respuesta contundente: “Cuando él me tiene que decir, me lo dice”.

Entre risas y algo de pudor, la artista rogó al resto de los comensales: “No me juzguen. Lo único que pido es que no me juzguen”. Tras un intercambio de ideas acalorado, concluyó con una reflexión íntima: “Yo hay cosas que no sé si contaría… Y él siento que no me juzga”.

La confesión de Marengo abre una puerta a un fenómeno moderno: la búsqueda de consejo y contención en sistemas no humanos, priorizando la falta de prejuicio por sobre la interacción cara a cara.

Más allá de la polémica, la vida de Rocío Marengo sigue su curso. Recientemente, mostró en sus redes sociales las primeras sesiones de estimulación temprana de su hijo Isidro, quien cumplió tres meses. Compartió un video donde se ve al bebé trabajando el seguimiento visual y la coordinación ojo-mano, acompañado por una amiga de toda la vida que es profesional en el área. “Una alegría inmensa y una emoción difícil de explicar”, escribió la orgullosa madre.

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