Rosario: La escalofriante red de ataques que terminó con cuatro imputados tras la balacera en un supermercado
¿Cómo planeaban sembrar el pánico en Rosario? Los fiscales desbarataron una red acusada de orquestar múltiples ataques, empezando por la balacera en un supermercado lleno de gente. Te contamos quién era el cerebro y el aterrador arsenal que encontraron.
Una serie de ataques armados coordinados que sembraron el terror en Rosario, incluyendo una balacera en pleno supermercado Carrefour, tuvo su capítulo judicial este miércoles. La Fiscalía de Violencias Altamente Lesivas logró la imputación de tres hombres y una mujer, vinculándolos no solo al ataque del 22 de febrero, donde un cliente resultó herido, sino a una seguidilla de otros hechos violentos. El cerebro señalado es un ciudadano colombiano que habría regresado al país de manera irregular después de ser deportado.
Durante una audiencia en el Centro de Justicia Penal, la fiscal Paula Barros expuso los detalles de la investigación por intimidación pública agravada, ataques armados y tentativa de homicidio. El juez Bilbao Benítez dispuso prisión preventiva para los tres hombres imputados: Víctor Sleyner Acevedo Figueroa (alias “Colombianito”), Sergio L. y Uriel S. Para la mujer, Yamila S., se ordenó una medida no privativa de la libertad pero con restricciones.
¿Cuál fue el rol de cada imputado?
La acusación fiscal es precisa en los roles. A Víctor Sleyner Acevedo Figueroa se lo señala como el instigador principal de los hechos. A Sergio L. y a Yamila S. se los imputa como coautores. Mientras que a Uriel S. se lo acusa específicamente por el delito de encubrimiento.
La investigación revela un modus operandi escalofriante. Según la Fiscalía, “Colombianito”, junto a otra persona, fue quien encomendó la ejecución de los ataques. Ellos definieron los blancos, los horarios y la modalidad, con la clara intención de que los episodios tuvieran notoriedad pública. Acevedo Figueroa había sido deportado el 3 de agosto de 2024 tras cumplir una condena de cuatro años de prisión, para luego regresar a la Argentina de manera irregular.
El día que el terror llegó al Carrefour
El primer y más resonante hecho ocurrió el 22 de febrero. La cronología reconstruida por los fiscales indica que, poco después de las 15:00, Sergio L. y Yamila S. realizaron tareas de inteligencia en las inmediaciones de Ocampo al 100, a bordo de una moto Guerrero Trip 110 cc.
Cerca de las 16:30, el mismo Sergio L. regresó al lugar, esta vez acompañado por otro hombre y con la chapa patente de la moto removida. Fue su acompañante quien descendió y efectuó al menos nueve disparos con una pistola calibre 9 milímetros hacia el interior del supermercado, que en ese momento estaba abierto al público. Uno de esos proyectiles impactó en el tórax de un hombre que ingresaba al comercio, quien afortunadamente recibió el alta médica ese mismo día. Los atacantes dejaron una nota intimidatoria antes de huir.
Una seguidilla de ataques coordinados
Pero el plan no terminó ahí. La Fiscalía les adjudica a esta red otros tres ataques ocurridos en los días siguientes, todos con el sello de dejar notas intimidatorias.
El 24 de febrero, a las 20:40, dos personas no identificadas dispararon 13 veces contra una camioneta Fiat Strada estacionada en Zelaya al 1300, colocando luego un mensaje en el parabrisas. Ese mismo día, pero a las 22:55, en Felipe Moré al 3200, otros dos individuos en moto efectuaron al menos dos disparos con un arma calibre 11.25 contra el frente de un local comercial.
El último ataque atribuido ocurrió el 25 de febrero a la medianoche en Gutenberg al 1700. Allí, tres personas en dos motocicletas dispararon contra un comercio con un arma calibre 11.25, repitiendo el patrón de abandonar una nota en el lugar.
El arsenal del “Colombianito”
Además de la autoría intelectual de los ataques, a Víctor Sleyner Acevedo Figueroa se le imputó tenencia ilegítima de armas de guerra. El allanamiento en un domicilio de Oliden al 4200, señalado como punto de resguardo, fue clave.
En ese lugar se secuestró un arsenal que incluye una pistola Taurus calibre .40 con la numeración suprimida, una pistola Glock calibre 9 milímetros, múltiples cargadores y municiones de distintos calibres. La fiscalía también le atribuye haber adquirido o recibido el arma Taurus con la numeración borrada, un detalle que suele asociarse a la intendencia de ocultar el rastro del arma.