Salieron de una fiesta y lo que encontraron en el camino los dejó atrapados en medio de la tormenta

Salieron de una celebración pensando en un regreso tranquilo, pero el camino se transformó en algo completamente distinto. ¿Cómo lograron sobrevivir cuando todo parecía perdido?

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Salieron de una fiesta y lo que encontraron en el camino los dejó atrapados en medio de la tormenta

Una pareja que asistía a un casamiento enfrentó una situación límite cuando su vehículo quedó atrapado en una correntada durante el temporal del fin de semana. Daiana y Juan José sobrevivieron a la experiencia que, en el mismo contexto, terminó con la vida de otras dos personas que habían estado en la misma celebración.

La secuencia comenzó al salir del salón, cuando decidieron regresar por el mismo camino de tierra por el que habían llegado. Para ellos era una ruta conocida, apenas irregular. Pero la tormenta había cambiado todo.

Sin advertencias visibles y guiados por el GPS, avanzaron sin dimensionar que el trayecto se había transformado en un cauce. “Pensábamos que era una calle con agua. Jamás imaginamos que metros más adelante estaba cruzando un río”, relató Daiana a La Gaceta.

¿Qué pasó cuando el auto perdió estabilidad?

El vehículo empezó a perder estabilidad. “Cuando patinó, sentí que flotaba. Ahí entendí que algo no estaba bien”, contó la mujer. En cuestión de segundos, tuvieron que decidir.

Intentó retroceder, pero la corriente ya empujaba con fuerza. Aceleró y logró salir parcialmente del tramo más peligroso. Después vino lo peor.

La idea inicial era descender juntos para empujar el vehículo, pero en medio de la confusión se separaron. “Yo creía que él estaba conmigo. Cuando lo llamo y no responde, fue un golpe muy duro. Pensé: me quiero morir con él. Y después, nuestra hija…”, cuenta, quebrada.

¿Cómo vivieron esos minutos de desesperación?

Durante esos minutos, que describe como imposibles de medir, el miedo se volvió absoluto. “No puedo explicar el dolor que sentí al pensar que lo había perdido”. Desesperada, buscó su teléfono dentro del vehículo y pidió ayuda.

“Gritaba que estaba muerto, que vinieran a ayudarme”. Mientras tanto, la correntada arrastraba a Juan José varios metros río abajo.

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El desenlace, sin embargo, fue otro. “Fue un milagro”, define Daiana. Su marido logró sujetarse tras ser arrastrado unos 40 metros y, con el teléfono aún funcionando, envió su ubicación y hasta videos para tranquilizarla.

“Él no sabía dónde estaba yo. Pensó que también había caído al agua”. La comunicación fue clave para el rescate. Familiares que aún estaban en la zona acudieron tras recibir el llamado. “Los vi venir corriendo. Era todo desesperación”.

¿Qué descubrieron después del rescate?

Con el paso de las horas, ya a salvo, llegó otra noticia que profundizó el impacto: una pareja que también había asistido a la fiesta estaba desaparecida. Más tarde se confirmaría el peor desenlace.

“Ahí dimensionamos todo. Podríamos haber sido nosotros”. Incluso colaboraron aportando ubicaciones y registros del momento para orientar la búsqueda.

Lejos de buscar culpables, su reflexión apunta a la prevención. “Nadie quiere culpar a nadie, pero una señalización, un cartel que advierta ‘en caso de lluvia no avanzar’ o que indique la salida segura, podría ayudar muchísimo”, planteó.

También advirtió sobre el rol de las aplicaciones de navegación: “El GPS nos mandó por ahí. Uno no piensa que ese camino puede convertirse en un río”.

A la experiencia traumática se sumó otro golpe: las reacciones en redes sociales. “Leí comentarios que decían que deberíamos habernos muerto por irresponsables, o que era dudoso lo que contábamos. La gente no entiende lo que es estar ahí, la desesperación”, lamentó.

“Hoy ya estamos más tranquilos, lo principal es que estamos vivos. Pero fueron momentos muy desgarradores”, concluyó Daiana sobre la noche que cambió su perspectiva tras sobrevivir a la correntada que, a pocos kilómetros, terminó con la vida de Mariano Robles y Solana Albornoz.

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