Salió a tirar la basura, vio a su ex embarazada con otro y volvió con un revólver
Policiales · San Juan

Salió a tirar la basura, vio a su ex embarazada con otro y volvió con un revólver

Habían compartido 23 años y llevaban tres separados. Esa noche, verla con su nueva pareja y embarazada le desató algo que terminó con un disparo en plena calle y una entrega ante la Policía.

Un caso que San Juan no pudo olvidar vuelve a la memoria: una noche de diciembre de 2000, una esquina de Desamparados se convirtió en escenario de un crimen que dejó a un bebé sin padre antes de nacer.

Carlos Heraldo Castro tenía 46 años cuando se cruzó con su expareja, Olga Dominga Bustos, de 42, y el nuevo compañero de ella, Mario Alberto Santana, de 25. Habían compartido 23 años de relación y llevaban tres separados. El embarazo de Bustos, que esperaba un hijo de Santana, fue el detonante de una furia que terminó en sangre.

La secuencia que nadie pudo frenar

Era el 23 de diciembre de 2000, cerca de las 22:30. La intersección de 25 de Mayo y Matías Zavala, en el distrito de Desamparados de la Ciudad de San Juan, fue el punto de encuentro. Según los testimonios recogidos, Castro había salido a dejar una bolsa de basura en la vereda cuando divisó a la pareja frente a la casa de los patrones de la mujer, en 25 de Mayo al 1668 Oeste.

Sin mediar palabra, volvió a entrar a su vivienda, tomó un revólver calibre 22 y salió a enfrentarlos. Se abalanzó sobre Bustos y comenzó a forcejear con ella. Santana se metió para defenderla y quedó trabado en una pelea cuerpo a cuerpo con el agresor.

En medio del forcejeo, Bustos corrió hasta la puerta de la casa de sus patrones para pedir ayuda. Fue en ese instante cuando se oyó el disparo. El proyectil le entró a Santana en la cabeza, a la altura del parietal izquierdo, y lo dejó tendido sin vida en plena calle.

La golpiza y la entrega

Castro no se detuvo ahí. Alcanzó a su exesposa, le apuntó con el arma y le dio un trompazo en el ojo izquierdo, seguido de un culatazo en la frente que le provocó una herida cortante de gravedad. Después huyó.

Caminó por la vereda, dobló por Paula Albarracín de Sarmiento y se paró en un kiosco de la esquina con Libertador. Desde allí llamó a su madre para contarle lo que había hecho. Minutos más tarde, se presentó por sus propios medios en la Seccional 4ta y se entregó a la Policía.

El caso quedó grabado como La tragedia de Desamparados. No solo por la violencia de esa noche, sino porque el hijo que Bustos esperaba nunca llegó a conocer a su padre: la ira de un adulto que no supo controlar lo que sentía se lo llevó antes de que naciera.

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