Salió de Gualeguaychú en un Fiat 128 del 87 con su perra: a mitad de viaje, el auto le jugó una mala pasada
Ahorró durante meses para sus vacaciones y armó un itinerario por la Patagonia. A mitad de camino, el Fiat 128 del 87 le rompió la caja y lo obligó a improvisar: lo que siguió fue un desvío que no estaba en ningún plan.
Pachu Visconti tiene 31 años, es de Gualeguaychú y se mandó una travesía que pocos se animarían a intentar: cruzar el país hasta Bariloche a bordo de un Fiat 128 modelo 87, con casi cuatro décadas encima, y con una única compañera de ruta, su galga La Flaca.
El viaje arrancó el 23 de septiembre, después de mucho tiempo de planificar y ahorrar para las vacaciones. Lo que en principio iba a ser un recorrido por varias localidades de Buenos Aires y la Patagonia terminó convertido en una aventura que se fue reescribiendo sobre la marcha.
La perra lo acompaña desde cachorra. La llamó La Flaca por su aspecto pequeño y delgado, y se transformó en la copiloto inseparable de esta historia.
De restaurar una camioneta a salir a la ruta en el clásico
En diálogo con el medio barilochense El Cordillerano, Visconti contó que la idea original era otra. Estaba abocado a restaurar una camioneta, pero las tareas se estiraron más de lo previsto y consumieron más recursos de los que había calculado.
Con la fecha de las vacaciones encima, cambió de estrategia y decidió preparar el auto que ya usaba para moverse por la ciudad. Así, el Fiat 128 que compró hace unos tres años se convirtió en el vehículo de la travesía.
"Yo tenía el proyecto de restaurar una camioneta y se prolongó en el tiempo, se fue haciendo cada vez más largo y más difícil entonces, me llegó la fecha en la que tenía vacaciones y ahí se transformó el proyecto del autito para ir y venir en el viajero", relató.
No era la primera vez que se subía a ese auto para un viaje largo. Ya había cruzado la frontera con él: "Fui a Camboriú, Brasil, pero sin mi mascota, a Bariloche sí me vine con ella", recordó.
El desperfecto que lo obligó a cambiar los planes
El itinerario estaba armado con lugares puntuales. "Salí con la idea de visitar lugares específicos, por ejemplo, Sierra de la Ventana en Buenos Aires, quería conocer el cruce de Buenos Aires a Río Negro, es decir Viedma con Carmen de Patagones", explicó.
La idea era seguir hacia Puerto Madryn, pasar por Las Grutas y llegar a Bariloche por la Ruta Nacional 23. Pero el auto dijo basta en el camino y todo tomó otro rumbo.
"Se me rompió la caja del auto y terminé yéndome hasta Trelew. Ahí di con unos mecánicos que me ayudaron, aproveché de conocer Playa Unión y todos esos lugares increíbles y decidí venirme hacia Bariloche, haciendo noche en Esquel", detalló.
Además de la caja de cambios, tuvo que lidiar con un problema en el radiador. Aun así, el balance fue positivo: "Como lo mantuve bien, las fallas no fueron tantas, solo que hay que ir controlando el aceite, el agua, todas esas cosas", señaló sobre los cuidados que exige un vehículo con casi 40 años de antigüedad.
Ballenas, playas y una ruta que se adaptó a los imprevistos
Los contratiempos no le quitaron el disfrute. Su paso por Puerto Madryn coincidió con la temporada de avistaje de ballenas, y las paradas en Playa Unión y Esquel quedaron como parte de una experiencia que se fue moldeando según lo que iba apareciendo.
Ya instalado en San Carlos de Bariloche junto a La Flaca, Pachu sigue recorriendo los paisajes cordilleranos. Pero el viaje no termina ahí: ya tiene en mente un regreso distinto al de la ida.
"De acá tengo pensado subir y hacer la ruta de los Siete Lagos y después, seguir subiendo por la 40 hasta Mendoza para desde allí, ya comenzar a pegar la vuelta a casa", adelantó.
Mientras define los próximos kilómetros, comparte imágenes y vivencias en su cuenta de Instagram, donde documenta cada lugar que visita junto a su compañera de cuatro patas y su Fiat 128.
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