Salta: la escalofriante confesión del femicida a la madre de su víctima antes de huir a una cueva

Tras una fuga de 11 días por la precordillera salteña, capturaron al hombre acusado de un brutal femicidio. Lo encontraron en un refugio con un nombre escalofriante, pero la verdadera historia de terror la vive una madre que perdió a dos hijas. ¿Cómo logró evadirse tanto tiempo?

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Salta: la escalofriante confesión del femicida a la madre de su víctima antes de huir a una cueva

Una familia salteña vive una tragedia duplicada: dos hermanas fueron asesinadas por sus parejas en menos de una década. Orlando Serapio, acusado de estrangular a su exesposa Natalia Cruz, estuvo prófugo 11 días hasta que un operativo masivo lo encontró escondido en un paraje conocido como la “Casa del Diablo”. La madre de las víctimas, que escuchó la macabra confesión del asesino, pide que “duerma en las piedras”.

El martes 17 de febrero, Orlando Serapio cometió un crimen que estremeció a Campo Quijano, en Salta. Tras asesinar a su exesposa, Natalia Cruz, huyó de la escena con lo puesto: una remera, pantalón corto y chinelas. Lo que siguió fue una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a toda la comunidad.

La fuga del principal sospechoso se extendió por once días. Finalmente, este fin de semana, su escondite fue descubierto en un lugar que parece sacado de una pesadilla.

El refugio en el infierno

Más de sesenta efectivos de la División General de Investigaciones del Valle de Lerma, con el apoyo de perros de Catamarca y drones térmicos de la Policía Federal, rastrearon la zona. La búsqueda culminó en la Quebrada del Toro, cerca de la Estación Diego de Almagro.

Allí, en una cueva de un paraje inhóspito conocido localmente como la “Casa del Diablo”, encontraron a Serapio. El lugar se encuentra a unos 70 kilómetros de la capital salteña, en plena precordillera.

Al momento de su captura, el hombre se encontraba deshidratado y con un evidente deterioro físico. Sin embargo, las autoridades hallaron junto a él un bidón de agua y una conservadora con alimentos, elementos que sugieren que recibió ayuda para mantenerse oculto.

Una familia destrozada por segunda vez

Para la familia de Natalia Cruz, la detención llega tras una espera angustiante, pero también abre una herida mucho más antigua y profunda. La tragedia que vivieron este mes es un espantoso deja vu.

En diciembre de 2017, otra de las hijas de Irene Martínez, Amira, de apenas 17 años, fue asesinada a golpes por su novio en el baño de las canchas del barrio San Jorge. Aquel caso se investigó como un femicidio seguido de suicidio, ya que el agresor, Edgardo Córdova, se quitó la vida en el mismo lugar.

“Nunca nos recompusimos”, declaró Azucena Colque, hermana de Natalia y Amira, en diálogo con TN. “Desde que mataron a Amira nunca volvimos a ser los mismos. Éramos cinco hermanas y dos hermanos, todos criados juntos. Fue muy duro. Y volver a pasar por esto…”.

La madre, Irene Martínez, fue testigo directo de la confesión del femicida. Según relatan, después de cometer el crimen, Serapio se acercó a su exsuegra y le confesó lo que había hecho, antes de emprender la huida.

El pedido de justicia de una madre

Con el dolor a flor de piel, la familia recibió la noticia de la captura. El reclamo de Irene Martínez fue contundente y estremecedor. “Que duerma en las piedras como un asesino”, pidió la mujer ante los medios locales, exigiendo prisión perpetua para el acusado.

Azucena Colque se ha convertido en la voz de la búsqueda de justicia. “Le pongo el cuerpo para que esto no pase nunca más”, afirmó. La mujer, que vive en Buenos Aires, regresó a Salta tras el crimen de su hermana y no duda en señalar la premeditación del hecho.

“Fue todo premeditado”, aseguró Azucena. Explicó que Natalia y Serapio se habían separado en noviembre del año pasado y que su hermana había comenzado una nueva vida. “Cuando empezó a estudiar y a trabajar, vio que podía sola. Estaba feliz. Me decía: ‘Por fin vivo en paz’. Eso a él no le gustó”, relató.

El acoso que precedió al crimen

Según el testimonio de la familia, el hostigamiento de Serapio hacia Natalia fue constante tras la separación. La víctima incluso tenía una orden de restricción perimetral en su contra porque la acosaba.

“Abandonó su trabajo para perseguirla. Ella no se daba cuenta de que él estaba detrás de cada paso que daba”, remarcó Azucena. Y agregó con crudeza: “En el único momento que estuvo sola, hizo lo que quiso, matarla”.

La familia encontró el cuerpo de Natalia en su casa, al costado de la cama, con un cable alrededor del cuello. Aunque fue trasladada de urgencia al Hospital Francisco Herrera, falleció antes de llegar.

La imputación y el silencio del acusado

Este domingo, la fiscal penal de la Unidad de Femicidios, María Luján Sodero Calvet, formalizó la acusación contra Orlando Serapio. Fue imputado como autor de homicidio calificado por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género (femicidio), en perjuicio de Natalia Cruz, y de tres hechos de desobediencia judicial, en concurso real.

Durante la audiencia de imputación, el acusado, asistido por una defensora particular, optó por ejercer su derecho y se negó a declarar. Según informó el Ministerio Público Fiscal de Salta, Serapio permanecerá en prisión preventiva.

Mientras la causa judicial avanza, una familia en Salta intenta, por segunda vez en nueve años, encontrar una justicia que no les devolverá a sus hijas.

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