Salteña denunció que sus vecinos la hostigan y teme terminar como Rosa Sulca

Dos denuncias, cámaras recién instaladas y una frase que estremece: "Tengo miedo de ser la próxima Rosa Sulca". La historia de una vecina de El Huaico que dice vivir un infierno desde hace seis años.

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Salteña denunció que sus vecinos la hostigan y teme terminar como Rosa Sulca
Salteña denunció que sus vecinos la hostigan y teme terminar como Rosa Sulca

María Julieta Quipildor tiene 40 años, nació en Orán y vive sola en El Huaico, en la ciudad de Salta. Según denunció, desde hace seis años soporta una escalada de hostigamiento que incluye amenazas, ruidos en la madrugada y agresiones, y que hoy la tiene con miedo por su vida.

La mujer contó su caso en diálogo con Que Pasa Salta. Dijo que todo arrancó por un reclamo vecinal por el agua que usaba para regar y limpiar la vereda: por la pendiente del terreno, el líquido terminaba escurriendo hacia otra casa.

"Me dijeron, bueno, que me iban a atentar contra mi vida, que iban a apedrear la casa", relató Quipildor.

Con los años, sostuvo, los episodios se volvieron más seguidos: golpes, piedrazos, basura, agua, insultos y situaciones que ella interpreta como vigilancia. Aseguró que tiene registros de algunos hechos y que hace poco instaló cámaras de seguridad para documentar lo que pasa alrededor de su vivienda.

El peso del diagnóstico

Quipildor vive con trastorno bipolar desde los 20 o 21 años y nunca lo ocultó. Según su relato, algunos vecinos habrían usado esa información para desacreditarla y presentarla como alguien que no merece ser tomada en serio.

"Porque, claro, hay una 'loca del barrio'", expresó al describir lo que, según ella, ocurrió después de que otros conocieran su diagnóstico.

La mujer también atravesó el fallecimiento de su madre, con quien compartía el día a día, cuando tenía alrededor de 35 años. En ese contexto, dijo, se sumaron situaciones que la afectaron especialmente.

"¿Tengo algo de qué avergonzarme? Esa es mi pregunta... ¿Yo tengo algo de qué avergonzarme? No", sostuvo.

Lejos de esconder su condición, decidió hablar en primera persona porque cree que su experiencia puede ayudar a otras personas y familias. Incluso contó que hoy conversa con madres cuyos hijos recibieron diagnósticos de salud mental.

Noches de piedrazos y una llamada al 911

Uno de los episodios que describió como más preocupantes se extendió durante aproximadamente dos semanas: golpes, piedrazos, estallidos de vidrios y otros ruidos alrededor de las 3 de la mañana. Ante algunos de esos hechos llamó al Sistema de Emergencias 911.

Fue justamente una de esas intervenciones policiales la que, según su relato, aumentó su preocupación. Durante uno de los episodios, otra vecina también se comunicó con el 911 y mencionó que ella tomaba medicación.

"Esto a mí me súper impactó, porque me vino a la mente inmediatamente el caso de la docente Rosa del Milagro Sulca", señaló.

Rosa Sulca fue asesinada en 2020 en Villa Mitre, después de haber llamado al 911 para pedir ayuda. Para Quipildor, ese antecedente es una preocupación concreta.

"Entonces yo no quiero ser, temo por mi vida, que cuando llame al sistema 911, estas personas también llamen y digan lo mismo", advirtió.

Dos denuncias y un pedido a la Justicia

Julieta aseguró que ya presentó dos denuncias: una fue derivada a la Fiscalía Penal N.º 1 y la otra la hizo ante el OVIF, en el marco de una situación que ella vincula con violencia de género.

También relató un episodio en el que un hombre habría intentado agredirla mientras había personal policial presente, durante una intervención posterior a un llamado al 911.

"Imagínense si eso hacen delante de la policía, lo que hacen cuando la policía se retira", reflexionó, y pidió que tanto la Fiscalía como la jueza interviniente analicen su situación y adopten medidas de protección.

"Y no voy a ser la próxima Rosa del Milagro Sulca, que su muerte sirva para algo que no sea en vano", afirmó.

Su reclamo apunta a que los organismos que reciben denuncias y pedidos de auxilio estén preparados y capacitados para atender a personas con diagnósticos de salud mental. Mencionó puntualmente a la Fiscalía Penal N.º 1, el OVIF, el Sistema de Emergencias 911 y la Policía local, además de la sociedad en general.

Discriminación, el otro eje del reclamo

Quipildor sostuvo que su caso no debería leerse solo como un conflicto entre vecinos. Para ella, el punto central es el uso de su condición de salud mental como argumento para desacreditar sus denuncias.

Dijo que situaciones así también pueden afectar a docentes, mujeres y otras personas que atraviesan cuadros de ansiedad, depresión, ataques de pánico u otros diagnósticos, y manifestó que "todos en la casa tenemos a alguien que ha pasado por estas situaciones".

"Y esto es algo que no solo les atañe a las docentes, sino a las mujeres vulnerables de situaciones similares, que a lo largo de la historia han sido institucionalizadas y tratadas de locas", cerró.

La información publicada surge del testimonio directo de Quipildor, quien se comunicó con este medio y relató los hechos. La mujer sostiene que existen dos denuncias judiciales y que posee registros audiovisuales de algunos episodios; la existencia, el alcance y el estado de esas actuaciones deberán ser corroborados por los organismos judiciales correspondientes.

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