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Ya sufrimos cosas mejores que estas?

Recordar que ya vivimos muchos períodos de crisis y de restricción, ¿nos da alivio y fuerza o refuerza el hartazgo y el sinsentido? Tal vez podamos elegir nuestra posición.

Natalia Carcavallo

11 de febrero 2024, 05:55hs

Hay que sacar el foco de lo frustrante para seguir . (Foto: Adobe Stock)

Hay que sacar el foco de lo frustrante para seguir . (Foto: Adobe Stock)

“Hay momentos en que el clima colectivo se densifica. Las conversaciones están llenas de lamentaciones, preocupación y proyecciones de un futuro caótico y de mucha incertidumbre. Es lógico. Sostenernos a flote, con el ánimo pacífico se vuelve un trabajo más, con un nivel de exigencia, a veces, insostenible.

Después del shock del último tiempo, hay procesos que aún no terminan de cerrarse. Tal como lo describió el sociólogo argentino Guillermo Olivetto, hace unos días, estamos implosionados dentro de los hogares, y dentro de nosotros mismos, agregaría yo. El cansancio individual y el colectivo pueden llevarnos a momentos de irritación, angustia y desasosiego. Tenemos las alertas a flor de piel”.

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Estos párrafos son parte de una publicación llamada “Mantenernos a flote, sostener el rumbo y evitar la tentación”. La escribí para este mismo espacio en 2021, cuando la pandemia y todas las consecuencias que padecíamos era casi el único tema posible. Me impacta su vigencia y eso me obliga a tomar perspectiva.

Muchos de nosotros sentimos que estamos viviendo algo similar a aquel tiempo. Aunque los escenarios sean distintos, hay muchas emociones que regresan como viejas conocidas. Restricción, inquietud, la falta de certezas, el redoble de esfuerzos y el shock de una realidad que ansiábamos que fuese diferente.

Aislamiento y pandemia (Foto: Adobe Stock)

Aislamiento y pandemia (Foto: Adobe Stock)

“Ya sufrimos cosas mejores que estas”, me dijo una colega esta semana, invocando la famosa canción de Los Redondos. Y tenía razón.

Incluso en el tiempo de pandemia, hemos pensado lo mismo. A lo largo de nuestra vida fuimos atravesando muchos momentos de crisis individual y colectiva. Y, sin embargo, seguimos aquí.

De todas las grietas de las que somos parte y también de las que tratamos de evitar, hay una aún más grande. ¿Desde qué posición vamos a atravesar este tiempo?

Por un lado, están las personas que pueden observar el hoy y hacer proyecciones futuras que recrudecen el derrumbamiento interno y externo. Con total razón y coherencia podrían encarnar este hartazgo de vivir de crisis en crisis. Aun los que intentamos pararnos en otro lugar caemos ahí por momentos.

La impotencia, la frustración, la bronca y la desesperanza hacen su parte y van anulando todas las posibilidades que pueden emerger en medio de esta nueva tensión vital.

Lo cierto es que hay infinitas posiciones desde donde podemos observar la misma realidad y que nos pueden ayudar a atravesar lo inevitable, sea eso lo que sea para cada uno, desde un mejor lugar. Una de ellas es, justamente, este mismo recordatorio. Hemos atravesado muchos momentos que pueden describirse igual y sobrevivimos. Regresamos de esos momentos con más herramientas, con recursos, con fortalezas insospechadas y con algunas certezas fundamentales. Esas son las que ahora nos urge recordar.

Si nos dejamos tomar por la restricción, el hartazgo, la ira y el miedo, sólo recrudecerá en nosotros la impotencia.

¿Qué aprendimos en la última crisis colectiva? ¿Qué era lo esencial? ¿Qué nos devolvía al eje? ¿Qué era aquello que nos mantenía vivos en toda la dimensión de esa palabra? ¿Qué promesas nos hicimos?

“Uno de los fragmentos que ha dejado huella en nuestro inconsciente colectivo es la imagen del ‘canto de las sirenas’ y la forma en la que evitó morir encantado por sus melodías. Gracias a los consejos de la gran hechicera Circe, Odiseo les pidió a sus marineros que lo ataran de pies y manos al mástil de su barco y obligó a cada uno de ellos a taparse los oídos con cera para que no pudieran escuchar nada.

Hay que aferrarse para pasar la tempestad. (Foto: Adobe Stock)

Hay que aferrarse para pasar la tempestad. (Foto: Adobe Stock)

En ocasiones, tal cual él lo hizo, necesitamos cerrar nuestros oídos y atarnos de pies y manos a un mástil simbólico. Debemos encontrar un soporte que evite que caigamos en aguas profundas. Se vuelve urgente dejar de escuchar las voces hipnóticas que nos alientan a desistir, las que nos confunden con promesas falaces o las que intentan empujarnos a abandonar nuestro propio barco.

Cuando el ambiente se enrarece y se llena de mensajes inquietantes, suspender la escucha no es falta de compromiso ni es un derrotero. Hacer oídos sordos a los cantos hipnóticos que nos tientan hacia un bien superfluo o hacia un mal inevitable se convierte en un acto de supervivencia interna. Solo así será posible mantenernos a flote en espíritu. Silenciando aquello que nos hace perder el equilibrio, podremos sostener las ganas, la pasión, el propósito y la visión.

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A veces los cantos de sirena son internos. “Cada vez que nos conectamos con nuestras sombras, con la herida, con la autoexigencia y con la insatisfacción, creamos, de forma compulsiva y sin conciencia, pensamientos dañinos”, escribía en aquel entonces. Me pareció pertinente volverlo a compartir.

“Con todo lo que hemos pasado de un tiempo a esta parte, estar enteros y a flote, es una hazaña en sí misma. En ocasiones, para avanzar sin sucumbir a la tentación de los atajos o del sinsentido, debemos taparnos los oídos como los marineros de la tripulación de Odiseo. Para dirigir nuestro barco, necesitaremos soporte, y que nada distraiga nuestra visión del horizonte, de aquello que está más allá. Aun sabiendo que ‘y cuanto más voy pa’ allá más lejos queda, cuanto más de prisa voy más lejos se va’, tal cual lo canta Joan Manuel Serrat, la propia travesía vale la pena. Lo vale para nosotros mismos y se reivindica cuando podemos hacer convergentes, los caminos que nos encuentran con muchos más”.

Estos tiempos parecen lo mismo, pero no lo son. ¿Por qué? Porque nosotros no lo somos. Lo sabemos: “Cambio yo y todo cambia”. No hemos pasado por tanto, en vano. Solo debemos recordar y animarnos a reconocer aquellos aprendizajes y certezas que ya sabemos que están en nosotros para transformarlos en un nuevo punto de partida.

Necesitamos poner todas nuestras herramientas a funcionar.

Que así sea.

Fuente: tn.com.ar

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