San Juan se prepara para recibir mucha agua: por qué el deshielo tiene en alerta a la provincia
San Juan viene de años de sequía y ahora espera una temporada con más agua. Pero hay un detalle del deshielo que preocupa a los que siguen el río de cerca.
Después de años de sequía, San Juan podría contar con una mayor disponibilidad de agua durante la primavera y el verano, pero también enfrenta un escenario que exige seguimiento y prevención. La combinación de El Niño, la nieve acumulada en la cordillera y la posibilidad de tormentas intensas llevó a la Provincia a trabajar desde ahora en tareas de anticipación.
La Coordinación Provincial de Respuesta ante Emergencia (COPRE) reúne a distintas áreas del Gobierno y a los municipios para identificar los puntos más vulnerables y preparar la respuesta ante posibles contingencias. No se trata de una emergencia anunciada, sino de condiciones que justifican adelantarse. Estas son las claves del escenario.
¿Qué es El Niño y cómo puede influir en San Juan?
El Niño es un fenómeno natural que se origina a miles de kilómetros de la provincia, cuando las aguas de una extensa zona del océano Pacífico Ecuatorial se vuelven más cálidas de lo habitual. Ese cambio modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar el comportamiento de las lluvias y las temperaturas en distintas regiones del mundo.
Desde julio, las mediciones muestran temperaturas en sectores del Pacífico entre 2,5 °C y 5 °C por encima de los valores normales. Las previsiones indican que el fenómeno podría continuar fortaleciéndose y alcanzar una categoría "muy fuerte" en los próximos meses.
Pero El Niño no significa que vaya a llover todos los días ni que produzca los mismos efectos en todos los lugares. Lo que hace es aumentar la probabilidad de determinadas condiciones meteorológicas. Para San Juan, los modelos muestran un escenario con mayores chances de precipitaciones, por lo que el trabajo está puesto en seguir su evolución y prepararse para distintos escenarios.
Más nieve acumulada: la clave ahora es cómo se derrite
Desde mediados de julio ingresaron distintos frentes que dejaron nevadas en la cordillera que no se registraban con la misma frecuencia e intensidad en los últimos años. Después de años de sequía, esa nieve representa una reserva importante de agua que, a medida que aumenten las temperaturas, alimentará los ríos.
Sin embargo, no importa solamente cuánta nieve hay, sino a qué velocidad se derrite. Las bajas temperaturas actuales mantienen gran parte retenida en la montaña. Si el calor llega de manera gradual, el deshielo puede producirse progresivamente; una suba importante de temperatura, en cambio, podría acelerar el proceso y hacer que una gran cantidad de agua llegue a los ríos en menos tiempo.A esto se suma un segundo factor: las tormentas de primavera y verano. El escenario que más atención requiere no depende de un solo fenómeno, sino de una posible combinación entre un deshielo importante y episodios de lluvias intensas.
Más agua es buena noticia, pero mucha en poco tiempo puede generar problemas
Para una provincia que viene atravesando años de sequía, recuperar agua significa mayor disponibilidad para consumo, riego, producción y para recuperar las reservas de los diques. La situación cambia cuando una gran cantidad llega en poco tiempo o se concentra en un mismo lugar.
Las tormentas intensas pueden hacer crecer rápidamente ríos, arroyos y cauces secos. En las zonas cercanas a la montaña, el agua puede bajar con fuerza y arrastrar barro, piedras, ramas y otros materiales, generando aluviones. No toda la provincia presenta el mismo nivel de exposición: las zonas de piedemonte, las poblaciones cercanas a ríos y arroyos y los sectores con antecedentes de revenición requieren especial atención.
También pueden verse afectadas las rutas y caminos que atraviesan zonas aluvionales, con cortes y dificultades temporales de acceso a algunas localidades. Además, las tormentas intensas pueden estar acompañadas por granizo, con posibles consecuencias para la producción agrícola.
Los diques regulan, pero la prevención empieza antes
San Juan cuenta hoy con una diferencia importante respecto de grandes eventos registrados décadas atrás: una mayor capacidad para almacenar y regular el agua. Los Caracoles, Punta Negra y Ullum, sobre el río San Juan, y Cuesta del Viento, sobre el río Jáchal, cumplen un papel fundamental para recibir agua y administrar los caudales.
Pero los diques son solo una parte del sistema. La Provincia trabaja también sobre ríos, cauces, defensas y otras infraestructuras, con tareas de limpieza, encauzamiento, mantenimiento y refuerzo de sectores vulnerables. Los departamentos cordilleranos y alejados —Calingasta, Iglesia, Jáchal y Valle Fértil— son zonas prioritarias, al igual que Albardón, Sarmiento, Zonda y Ullum.
¿Qué puede pasar y con cuánto tiempo se puede saber?
No es posible afirmar hoy cuánto va a llover durante el verano, en qué lugar caerá una tormenta intensa o si se producirá una emergencia. Sí es posible conocer tendencias y prepararse. Los pronósticos estacionales permiten advertir con meses de anticipación una mayor probabilidad de determinadas condiciones.
Las crecidas asociadas al deshielo pueden seguirse con algunos días de anticipación mediante los pronósticos y el monitoreo permanente del caudal del río San Juan. Las tormentas severas y el granizo, en cambio, pueden desarrollarse rápidamente y contar con apenas algunas horas de aviso.
El escenario más favorable es que el deshielo y las lluvias puedan ser regulados normalmente por el sistema hídrico provincial. Un escenario de mayor complejidad podría presentarse si coinciden un deshielo muy importante con lluvias intensas y crecidas repentinas en diferentes puntos. La presencia de El Niño no significa que eso vaya a ocurrir necesariamente, sino que existen condiciones que justifican prepararse con tiempo.
Para la comunidad, la principal recomendación es mantenerse informada a través de los canales oficiales y respetar las indicaciones de Protección Civil ante cualquier alerta.