San Juan se prepara para un Niño "muy fuerte": lo que hallaron bajo la nieve que no se derrite

San Juan venía de décadas sin un evento de esta magnitud y la cordillera no deshiela como debía. Lo que los especialistas de la UNSJ mostraron sobre la nieve acumulada y los glaciares cambia el panorama.

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San Juan se prepara para un Niño "muy fuerte": lo que hallaron bajo la nieve que no se derrite
San Juan se prepara para un Niño "muy fuerte": lo que hallaron bajo la nieve que no se derrite

La Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNSJ abrió sus puertas este martes 20 de octubre para poner la ciencia al servicio de quienes deciden. En la Sala Multimedia “Pedro Pablo Cortez”, funcionarios provinciales y municipales, legisladores y periodistas escucharon a tres especialistas de la casa de estudios sobre los riesgos que el fenómeno El Niño ya empezó a dejar sentir en San Juan.

La convocatoria nació de una propuesta de la consejera superior Marita Benavente y la impulsaron el decano Jorge Castro y la vicedecana Georgina Coldwell. Castro lo planteó como objetivo central: acercar a los responsables de gestionar la información científica que produce la universidad, frente a un fenómeno que ya está en marcha.

Un Niño que no tiene antecedentes

La licenciada Agustina Albeiro, geógrafa e investigadora del Programa de Climatología de la Provincia de San Juan, describió el punto de partida: El Niño es un calentamiento anómalo del Pacífico, lo contrario de La Niña. Este año la anomalía creció de golpe hasta instalarse en la categoría máxima, El Niño muy fuerte. Con datos de la NOAA, adelantó que esa intensidad se sostendría hasta enero de 2027 y luego daría paso a condiciones neutras.

El magíster Silvio Pastore, director del Gabinete de Estudios de Geocriología, Nivología y Cambio Climático de la FCEFN, sumó un elemento que no tiene precedentes: por primera vez este episodio se superpone al calentamiento de origen humano. Esa combinación, advirtió, genera un nivel de incertidumbre científica inédito sobre el impacto en el hemisferio sur.

Los números que mostró son contundentes: a mediados de octubre, la probabilidad de que el índice de la región de monitoreo El Niño 3-4 supere los 2,5° es del 83%, con las mayores chances de que ese pico ocurra entre octubre y diciembre.

La cordillera sigue sin deshielar

A fines de octubre, con el invierno terminado en el calendario, la nieve continúa cayendo en la cordillera sanjuanina. Pastore exhibió imágenes de cámaras instaladas en la mina Veladero y en el centro de esquí chileno Portillo que todavía registran nuevos frentes de tormenta, algo atípico para la fecha, y una cobertura acumulada que no se veía desde hacía varias décadas.

El dato que más llamó la atención: el caudal del río San Juan, medido en el kilómetro 101, no llega a los 30 metros cúbicos por segundo, muy lejos de los 80 que el equipo esperaba para esta altura del año. Albeiro coincidió: según las estaciones del Departamento de Hidráulica en la cordillera, la fusión nival todavía no arrancó.

Ninguno de los especialistas descartó una fusión descontrolada, aunque la consideraron poco probable. El riesgo que sí señalaron es otro: que la energía necesaria para derretir la nieve llegue recién en noviembre y se sume de golpe a todo lo que no se derritió en octubre.

Pastore fue más allá: buena parte de esa nieve acumulada podría transformarse en hielo —reserva glaciar— en menos de dos años. Y aportó una cifra que preocupa: entre 2020 y 2025, los glaciares de San Juan perdieron el 27% de su masa, según los relevamientos de su equipo.

El historial de aluviones que ya golpeó a la provincia

La doctora Laura Perucca, investigadora superior del CONICET y de la FCEFN, repasó los procesos geológicos que puede desatar un Niño de esta magnitud: deslizamientos, flujos de detritos y, el más temido, los aluviones. No se trata solo de agua: es una mezcla que arrastra rocas, barro y todo lo que encuentra a su paso.

San Juan ya convive con ellos. Solo en la cuenca del río La Ciénaga, que baja sobre Zonda, hubo eventos en 1942, 1969, 1978, 1979, 2005, 2007 y el más reciente en enero de 2026, cuando una creciente arrasó fincas y comercios —entre ellos el salón de eventos Montuva, la confitería La Coqueta y una plantación de tomate— y derribó una vivienda. Se trató de la crecida más fuerte en 38 años.

Perucca enumeró otros antecedentes: Pocito, donde las calles 11, 13 y 15 son la continuación de cauces naturales y se inundaron en 2003, 2013 y 2016; la cuenca del Agua de Sarmiento, con aluviones en 1996, 2005, 2008, 2009, 2011, 2012 y 2013; Los Berros en enero de 2013; la quebrada de los Ratones en Calingasta en 2004; y Malimán en la cordillera en 2010. “No hay ninguna cuenca sanjuanina libre de la probabilidad de este tipo de procesos”, resumió, porque toda la provincia es montañosa.

La geóloga también puso el foco en los GLOF, las inundaciones que se producen cuando un deslizamiento o una avalancha de hielo rompe el dique natural de un lago glaciar. Los Andes, junto al Himalaya, son una de las cadenas más propensas del mundo a este fenómeno. En agosto de 2026, un alud bloqueó un río en el valle del Bhote Koshi, en la frontera entre Nepal y el Tíbet, y al romperse el dique que había formado dejó más de 460 muertos. El mismo mecanismo provocó en 1934 y 1985 aludes del glaciar del Plomo sobre el río Mendoza, con daños en el entonces Ferrocarril Trasandino.

San Juan tiene su propio antecedente cercano: el aluvión del río Santa Cruz en noviembre de 2005, cuando un deslizamiento sobre el camino de acceso al proyecto Pachón formó una laguna que, al derretirse la nieve de golpe por una ola de calor, rompió su dique natural y bajó hasta Barreal y el entonces en construcción dique Caracoles. Ese deslizamiento sigue activo: entre octubre de 2025 y abril de 2026 se movió 27 centímetros más, y no es el único punto inestable de esa ladera.

¿El Niño puede provocar sismos?

Ante una consulta del público, Perucca fue clara: no existe relación directa entre El Niño y la actividad sísmica. Los terremotos en San Juan se originan por la subducción de una placa oceánica bajo la continental, con un ángulo que explica por qué la provincia tiene la mayor sismicidad del país sin tener volcanes.

Lo que sí puede pasar es que un sismo actúe como disparador de un proceso de remoción en masa —citó como ejemplo el reciente terremoto de Panamá—, que se agrava si además hay lluvias. La provincia tiene inventariadas más de cien fallas activas, cada una con una magnitud potencial y un período de retorno estimado de entre 1.000 y 5.000 años según la estructura.

Qué hace el Estado y qué le falta

Consultado sobre la respuesta oficial, el jefe de asesores del Gobierno de San Juan, Rodolfo Colombo, destacó la creación de un organismo de coordinación frente a emergencias que la provincia no tenía hasta este año, impulsado por el gobernador tras conocer el pronóstico. Puso como ejemplo Barreal, donde la defensa sobre el río que en 2005 estaba al borde del barrio Matadero hoy se encuentra a más de un kilómetro de las viviendas.

También confirmó gestiones con Mendoza para compartir un radar meteorológico, del que San Juan todavía carece. Tanto Pastore como Albeiro señalaron esa ausencia como una limitación central para anticipar tormentas que pueden formarse en apenas diez o quince minutos. Colombo remarcó que la única fuente oficial de información ante una emergencia es la Dirección de Protección Civil y pidió no dar por ciertos los rumores que circulan en redes sociales.

Vecinos y funcionarios de Chimbas plantearon dudas sobre la recarga de acuíferos y la falta de control sobre la extracción de áridos en los cauces, y recordaron una inundación de 1982 en un barrio del departamento. Desde la facultad respondieron que el escenario cambió —hoy hay tres diques en la cuenca que en los años 80 no existían— pero insistieron en que la clave sigue siendo el mantenimiento de las defensas, muchas de las cuales llegan a la temporada de riesgo colmatadas.

Perucca cerró con una idea que atravesó todo el encuentro: “lo que ocurrió en el pasado va a volver a ocurrir” es, dijo, un dogma de la geología. La diferencia, remarcaron varios expositores, es que San Juan pasó entre 30 y 40 años sin un evento de esta magnitud, un período en el que se construyeron barrios e infraestructura sobre zonas hoy identificadas como susceptibles a inundaciones y aluviones.

El reclamo compartido al cierre fue que la prevención y el ordenamiento territorial no queden atados solo a la emergencia de este Niño, sino que se sostengan como política de Estado.

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