¿Qué tramo del río San Juan absorbe más agua bajo tierra y por qué la provincia quiere aprovecharlo ahora? La prueba piloto que busca convertir los excedentes en reserva subterránea.
San Juan puso en marcha una prueba piloto sin antecedentes en la provincia para recargar artificialmente el acuífero del río San Juan, un mecanismo que busca almacenar bajo tierra el agua que sobra en los ciclos de abundancia. El tramo elegido para infiltrar no es casual: va desde el Dique San Emiliano hasta el puente de la Ruta 40, en Albardón.
La decisión llega después de un período crítico. Los embalses provinciales llegaron a registrar reservas del orden del 18%, por debajo de las cotas mínimas de seguridad operativa. Las medidas adoptadas permitieron revertir ese cuadro, recuperar la capacidad de amortiguación de las presas y sostener las asignaciones clave del recurso.
De la emergencia a la planificación
Según detalló el secretario de Recursos Hídricos y Energías Renovables, David Devia, recuperar los márgenes de seguridad en los diques no solo protegió los sistemas de descarga —como las válvulas de chorro hueco y los descargadores de fondo— frente a eventuales crecidas y arrastre de sedimentos. También permitió garantizar el abastecimiento para consumo humano y fijar una cota de 800 hectómetros cúbicos (800 hm³) para el sector productivo primario.
Con las reservas superficiales estabilizadas, el gobierno provincial quedó en condiciones de encarar el siguiente desafío estructural: manejar los volúmenes excedentes a través del cauce para recargar el acuífero. Las autoridades remarcaron que no se trata de largar agua sin más. El proceso exige resolver un problema técnico para el cual la provincia no tenía manuales operativos previos.
Por qué el tramo de Albardón
La dinámica natural del río ya dio la respuesta. Históricamente, el sector con mayor capacidad de absorción e infiltración es el que corre desde el Dique San Emiliano hasta el puente de la Ruta 40, en Albardón, siguiendo el curso natural del cauce.
En épocas de abundancia hídrica, el agua que pasaba por ese tramo alimentaba las capas subterráneas, mientras los caudales remanentes seguían viaje hacia el sistema de las Lagunas de Guanacache. Esa franja geológica se consolidó como el lugar idóneo para concentrar los esfuerzos de recarga asistida.
El doctor Edgardo Azeglio, jefe de la División Aguas Subterráneas del Departamento de Hidráulica, subrayó que la recarga natural que produce el río al escurrir sobre su lecho es un hecho innegable. Lo que busca el proyecto es sumar un volumen extra de agua almacenada. Para eso, esa división diseñó una prueba piloto que reescribe los antecedentes técnicos de la provincia.
Geofísica, drones y piletas fuera de la corriente
Los planes conceptuales de la década de 1970 preveían construir piletas de recarga en el margen sur de la Costanera. Los análisis actuales determinaron que aquel esquema no servía: cuando se erogan excedentes, ese espacio queda anegado por el propio escurrimiento natural del río.
Para sortear ese límite sin interferir con la corriente principal, la División de Aguas Subterráneas ejecuta una metodología con varias fases. La primera son los estudios geofísicos y las tomografías eléctricas: ya se completaron perfiles eléctricos y tomografías de resistividad en puntos estratégicos del lecho y áreas adyacentes, con el fin de caracterizar la geometría del subsuelo en profundidad y descartar fallas ocultas o estructuras geológicas desfavorables.
La segunda es el relevamiento topográfico de alta precisión con drones. Los levantamientos aerotopográficos mediante vehículos aéreos no tripulados permiten definir las cotas exactas y la microtopografía del terreno, para que el diseño de las piletas responda a la pendiente y la porosidad del suelo.
La tercera fase es la integración de información multidisciplinaria: el equipo técnico compila y cruza datos hidrogeológicos aportados por la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), el Instituto Nacional del Agua (INA) y el Departamento de Hidráulica.
La cuarta es el emplazamiento de piletas adicionales de infiltración. No se ubican de manera arbitraria, sino en terrenos seleccionados fuera de la faja de escurrimiento activo del río. Así se captan excedentes y se los deriva a estructuras diseñadas con granulometría y dimensiones específicas para acelerar el ingreso de agua al subsuelo.
Qué cambia respecto del plan de 1970
La nueva metodología supera en varios aspectos los lineamientos históricos de hace más de cinco décadas y convierte un modelo empírico e ineficiente en una plataforma científica integral.
En cuanto a la ubicación, el plan de 1970 pretendía emplazar piletas en la margen sur de la Costanera, zona susceptible de anegamiento directo. El esquema actual selecciona áreas adyacentes mediante tomografía eléctrica, fuera del lecho activo.
También cambia la caracterización del subsuelo: las estimaciones visuales y las perforaciones puntuales del pasado fueron reemplazadas por tomografías eléctricas de alta resolución que mapean fallas y la geometría profunda del terreno. A la topografía convencional de superficie se le suma ahora fotogrametría de alta definición ejecutada con drones.
Hay además una articulación institucional directa entre el Departamento de Hidráulica, la UNSJ y el Instituto Nacional del Agua (LINA). Y en los mecanismos de infiltración se pasa de una infiltración pasiva no cuantificada en el cauce a un sistema combinado: la infiltración natural del río más piletas de recarga reguladas y monitoreadas.
El acuífero libre, el único que se puede medir
Un punto central de la metodología es la elección del objetivo hidrogeológico. Los especialistas explicaron que el sistema subterráneo tiene distintos niveles: el acuífero libre, el semiconfinado y el confinado.
Azeglio aclaró que la prueba piloto impacta exclusivamente sobre el acuífero libre, porque es el único nivel cuya respuesta se puede observar y medir en horizontes de tiempo humanos. La recarga de los niveles confinados profundos, en cambio, responde a procesos geológicos que demandan escalas de tiempo equivalentes a generaciones completas.
Para evaluar los resultados, el Departamento de Hidráulica puso en marcha un protocolo de seguimiento. Incluye la medición de niveles estáticos, con toma de cotas piezométricas en una red de pozos de monitoreo antes y después de la inyección de agua, lo que permitirá medir con exactitud la variación de la freática y la capacidad de almacenamiento del acuífero.
El otro eje del protocolo es el saneamiento y la mejora de la calidad del agua. El plan busca contrarrestar el deterioro cualitativo del recurso subterráneo detectado recientemente en zonas industriales estratégicas de la provincia, introduciendo agua dulce de origen cordillerano para diluir concentraciones de sales o contaminantes.
Hacia un manual operativo y el balance de las dos alcancías
El propósito final de la prueba piloto es confeccionar un Manual Técnico Operativo de Gestión de Recarga. Las autoridades enfatizaron que la meta no son maniobras aisladas, sino estandarizar y mecanizar el procedimiento para que San Juan tenga un protocolo predecible frente a futuros ciclos de abundancia hídrica.
Devia remarcó que este avance permitirá cuantificar con precisión la relación entre el volumen de agua inyectado y el volumen recuperado en el subsuelo. De ese modo, la provincia podrá balancear sus «dos alcancías»: el agua superficial embalsada en los diques y el agua subterránea acumulada en los acuíferos.