San Luis perdió 415 empresas en tres años: la lista de cierres que nadie quiere mirar
Siete empresas cada 1.000 habitantes y una lista de fábricas que dejaron de existir: el informe que revela cuántas firmas se apagaron en San Luis y qué pasó con los trabajadores.
La provincia que durante décadas construyó su identidad al calor de la promoción industrial atraviesa un desmantelamiento silencioso. Según un relevamiento de Fundación Pensar, elaborado con datos del INDEC y el Ministerio de Economía de la Nación, San Luis perdió 415 empresas con personal registrado y 8.716 puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y junio de 2026.
El escenario se vuelve más crudo si se mira la densidad empresaria: hay apenas siete empresas cada 1.000 habitantes, la mitad que La Pampa y Córdoba, y casi seis veces menos que la Ciudad de Buenos Aires. Eso la deja en el puesto 13 entre las 24 jurisdicciones del país.
Comercio e industria, los sectores más golpeados
El comercio concentró la mayor pérdida de empleadores, con 142 empresas menos. La industria manufacturera, en tanto, perdió 41 empleadores, equivalente a una caída del 9%. En materia de empleo, el sector industrial terminó junio de 2026 con 15.316 trabajadores registrados, un 14,4% menos que en noviembre de 2023.
El deterioro no quedó circunscripto a esos rubros. Solo durante 2025, según un relevamiento gremial citado en el informe, la pérdida de puestos de trabajo afectó a alrededor de 700 familias.
Los cierres que marcaron a la industria puntana
El informe pone nombre y apellido a los golpes más duros. Dana, autopartista estadounidense radicada en Naschel, cerró el 17 de noviembre de 2025. La decisión se comunicó por WhatsApp la noche anterior y dejó en la calle a 50 trabajadores directos y otros 40 indirectos.
En la capital provincial, Avery Dennison bajó la persiana de su planta de etiquetas autoadhesivas el 26 de junio de 2025. La medida afectó a 45 familias y la actividad se trasladó a Buenos Aires.
Cidal, que fabricaba látex, globos y preservativos desde 1953, dejó de operar en octubre de 2025 y dejó a 65 trabajadores sin empleo. En Villa Mercedes, Cerámica San Lorenzo registró más de 200 despidos, mientras que Alpargatas/Topper desvinculó a casi 100 trabajadores en el marco de la apertura de importaciones.
Conflictos, deudas y mudanzas
La lista de empresas afectadas también incluye a Master Laja, de Juana Koslay, donde 54 trabajadores tomaron la planta en enero de 2026 por salarios adeudados. Ledesma Papel, señalada como la única empresa del país dedicada a producir papel encapado, tenía 70 trabajadores en octubre de 2025.
Argentoil, fabricante de cilindros de GNC, pasó de 300 trabajadores en su momento de mayor actividad a apenas 16, según el relevamiento, que además indica que quedaron sin indemnizaciones ni salarios. Bagley, del grupo Arcor, es una de las principales empleadoras privadas de la provincia, con casi 2.000 trabajadores distribuidos en cuatro plantas, aunque el informe también menciona despidos, incluidos delegados gremiales.
Georgalos, dedicada a la fabricación de golosinas desde la década de 1980, trasladó su actividad a Río Segundo, Córdoba, con el argumento de "abaratar costos". A estos casos se sumó DeltaCom, en el Parque Industrial Norte, que en agosto despidió a seis de sus 13 trabajadores tras perder el contrato con Kimberly Clark. Según el relevamiento, la empresa además adeudaba tres meses de salarios.
Una identidad productiva que se desarma
El impacto adquiere otra dimensión por la historia productiva de San Luis, cuya identidad económica estuvo ligada durante décadas a la promoción industrial. El informe sostiene que el cierre de una fábrica no implica solamente la desaparición de una empresa, sino también un golpe al entramado social construido alrededor de la actividad.
En ese sentido, plantea que "no es únicamente el fracaso de un proyecto económico particular, es la destrucción de un elemento de orgullo en una provincia que supo construir su identidad de la mano del desarrollo industrial".
El informe también advierte que las exenciones impositivas por sí solas no alcanzan para revertir el escenario si persisten las dificultades para sostener el consumo interno, la apertura de importaciones y los mayores costos de producción. En ese punto, cita una estimación de la UIA según la cual producir en Argentina resulta entre un 25% y un 30% más caro que hacerlo en Brasil.