San Martín, el hombre detrás del padre de la patria: secretos que pocos conocen
¿Conocías al San Martín que remendaba su ropa y tocaba la guitarra? Descubrí las facetas más íntimas del Libertador que la historia oficial no cuenta.
En el aniversario de su fallecimiento, la historia oficial nos muestra al militar brillante, pero ¿qué sabemos del hombre común? Una experta sanjuanina revela las facetas más íntimas del Libertador, desde su pasión por la música hasta su humildad en la mesa.
Este 17 de agosto se cumplen 176 años de la muerte del General José de San Martín, ocurrida en 1850 en Francia a los 72 años. Si bien todos reconocemos su genio militar y su título de Padre de la Patria, la vida privada del prócer guarda historias que rara vez se cuentan.
¿Quién fue realmente José de San Martín?
Nacido en Yapeyú, Corrientes, el 25 de febrero de 1778, fue el menor de cinco hermanos. Su padre, funcionario español, obligó a la familia a mudarse a Buenos Aires cuando José tenía apenas tres años, y luego a España cuando cumplió ocho, donde el pequeño comenzaría su formación.
Con apenas 12 años ya había combatido contra los árabes en Orán, y a los 15 cruzó los Pirineos para luchar contra los franceses. Su valentía temprana le valió heridas de guerra antes de los 20, y una cicatriz profunda en el rostro tras la Batalla de San Lorenzo.
El lado más humano del Libertador
Lejos de ser un simple estratega, San Martín era un hombre culto y polifacético. Hablaba cinco idiomas, tocaba la guitarra con maestría y era un experto ajedrecista. Su pasión por la lectura lo llevó a reunir dos bibliotecas, la primera con casi 2000 volúmenes, que cruzó los Andes en mulas para instruir a sus tropas.
“Las bibliotecas son más poderosas que nuestros ejércitos para sostener la independencia”, solía decir. Y no solo predicaba con palabras: educó a su hija Mercedes en una época donde las niñas no estudiaban.
También era un artista frustrado. Pintaba marinas con talento y confesaba que si no fuera por la milicia, se habría ganado la vida con sus cuadros. En Francia, sus jardines de rosales, que cuidaba con esmero, ganaron varios premios.
Su sueño vitivinícola en Cuyo quedó truncado cuando, al recibir tierras del pueblo mendocino como agradecimiento, decidió repartirlas entre sus soldados más valientes.
Un líder que predicaba con el ejemplo
San Martín rechazaba el lujo: remendaba su ropa, usaba botas gastadas y comía asado “a lo paisano”, con cuchillo. Probaba la comida de su tropa en la cocina, de pie, sin privilegios. Enseñaba personalmente el manejo de las armas y exigía un trato respetuoso hacia los más vulnerables.
Su amistad con Belgrano fue fraternal: compartían estrategias, libros y hasta remedios caseros. Jamás ambicionó el poder; prefería el servicio y el mérito. “La conciencia es el mejor y más imparcial juez que tiene el hombre de bien”, afirmaba.
En tiempos de escasos ejemplos, recordar al hombre común detrás del bronce nos invita a reflexionar sobre qué significa realmente ser extraordinario.