San Nicolás los vio partir por un año y volvieron 23 después: la historia que nació arriba de un ómnibus escolar
Salieron de San Nicolás con un plan de doce meses y una vieja camioneta. Veintitrés años después, el viaje les cambió la vida para siempre: criaron a su hija arriba de un ómnibus escolar y ahora tomaron una decisión que lo modifica todo.
Patricia y Germán salieron de San Nicolás en 2003 con la idea de recorrer América en doce meses. Más de dos décadas después, siguen en movimiento y criaron a su hija Inti a bordo de un ómnibus escolar amarillo que se convirtió en su casa.
La historia empezó mucho antes de encender el motor. Se conocieron cuando Patricia terminaba el secundario y ya daba sus primeros pasos como maestra en un hogar para chicos en situación de vulnerabilidad en la periferia de San Nicolás, mientras Germán trabajaba en un banco internacional y corría ultramaratones.
El anhelo de salir a explorar fue creciendo durante casi una década, hasta que el sueño empezó a tomar forma concreta: ahorrar para conocer el continente de punta a punta. "Todo el mundo sabía que nos íbamos a ir, pero nadie nos creía, porque nunca salíamos", recuerda Patricia.
Pusieron una fecha, como quien se casa. Pero llegó 2001 y, como a tantos argentinos, el dinero ahorrado quedó atrapado en el banco. Lejos de rendirse, el golpe fue el empujón definitivo: "Fue ahí cuando pensamos: 'Hay algo que no se recupera, y es el tiempo. Habíamos perdido demasiado tiempo esperando el momento perfecto, y el momento perfecto no existe'".
Dos años más tarde, con unos pocos pesos recuperados, se subieron a una vieja Land Rover y partieron. El 10 de marzo de 2003 arrancaron el recorrido por las rutas sudamericanas, guiados apenas por mapas de papel y un presupuesto que se volvió un desafío en sí mismo.
El viaje que cambió de sentido
La idea original era viajar un año, llegar a Alaska y volver. Pero a seis meses de partir, un problema mecánico en Ecuador les cambió la perspectiva. "En teoría ya teníamos que estar en Alaska, pensando en regresar, pero recién íbamos por Ecuador. Nos dimos cuenta de que el viaje había tomado otro sentido, que ya no se trataba de los puntos que queríamos visitar", cuenta Patricia.
Los lugares que no estaban en los mapas y las historias que aparecían en el camino empezaron a pesar más que los destinos pautados. Así, América Latina se fue convirtiendo en su casa y ellos idearon la forma de sostener el viaje más allá de los doce meses: contactaron empresas para conseguir ropa, cubiertas, combustible y hasta asistencia al viajero a cambio de publicidad. Sumaron artículos, fotografías, charlas y conferencias en escuelas y empresas.
La familia que nació en la ruta
Tras años cruzando fronteras, llegaron al límite entre México y Estados Unidos y una idea los puso en pausa. Patricia quería ser madre y, tal como venía el viaje, era complicado. "Pensábamos que una familia tenía que ser mamá, papá, una casa en algún lugar, y el papá trabajaba, la mamá también", dice.
Pero las cosas fueron distintas: quedó embarazada y llegó a Alaska, el punto final que se habían propuesto, con siete meses de embarazo. Después de unos controles en Estados Unidos y de hablar con amigos en Europa, decidieron cruzar a España para que naciera Inti. Vendieron todo, tomaron un avión, llegaron a Málaga y el 20 de noviembre de 2008 nació su primera y única hija.
Apenas la bebé cumplió tres meses, volaron de nuevo hacia América y compraron un enorme ómnibus escolar amarillo, de esos que se ven en las películas, que convirtieron en su hogar.
Inti creció nómada, viajando por América y educándose a distancia. Hoy tiene 18 años, completó sus estudios formales, exploró distintas culturas y aprendió chino mandarín. Ya tiene sus propios planes: quiere estudiar leyes, justicia criminal o negocios internacionales en Estados Unidos. "Necesita su espacio, es organizada y muy exigente. Ahora la protagonista y la que va a ir por sus sueños es ella, y a nosotros nos toca darle ese enorme empujón", cuenta su mamá.
Una pausa para dejar volar
Por eso decidieron hacer un alto: dejaron su casa autobús en Cholila, estado de Puebla, México, para reorganizarse y diagramar un nuevo futuro. "Es muy difícil pensar en detenernos. Creo que es más difícil eso que haber salido. A veces la gente nos pregunta si no tenemos miedo en la carretera, y la verdad es que no, ese es nuestro lugar seguro. El viaje es maravilloso porque todos los días es una nueva oportunidad", dice Patricia.
El plan no significa abandonar la ruta, sino transformarla. Buscan establecer una base, un espacio desde donde recibir a otros soñadores y relatar lo aprendido en más de dos décadas ininterrumpidas de movimiento. La vida itinerante les enseñó a soltar el control; ahora les pide detenerse para dejar volar a quien nació viajando.