Santa Ana: el pueblo con ruinas Patrimonio de la Humanidad que casi nadie recuerda

Santa Ana está de aniversario, pero lo que pocos saben es que su historia real no empieza en 1883: hay un detalle que la conecta con los jesuitas y que hoy es Patrimonio de la Humanidad. ¿Sabías que el pueblo tuvo un puerto clave y un ingenio azucarero que terminó en crisis?

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Santa Ana: el pueblo con ruinas Patrimonio de la Humanidad que casi nadie recuerda
Santa Ana: el pueblo con ruinas Patrimonio de la Humanidad que casi nadie recuerda

Este 10 de septiembre Santa Ana conmemora un nuevo aniversario de su segunda fundación, pero su historia real comenzó casi dos siglos y medio antes, cuando los jesuitas levantaron una reducción a orillas del Paraná que hoy es Patrimonio de la Humanidad.

La fecha que se toma como referencia es el 10 de septiembre de 1883, cuando se firmó el acta de lo que fue la segunda colonia nacional en el área. En ese entonces, una Ley del Congreso de la Nación declaró a esas tierras aptas para la agricultura, y la zona empezó a destacarse por su ingenio azucarero, conocido tiempo después como Ingenio San Juan.

Ese establecimiento funcionó desde la fundación de Santa Ana hasta 1904. Desde sus inicios, el gobernador del Territorio Nacional de Misiones, Rudecindo Roca —hermano del presidente Julio Argentino Roca—, impulsó este ingenio privado a gran escala. Pero en 1892 una rebelión de los operarios, en su mayoría aborígenes de las pampas, desestabilizó la producción. Roca vendió entonces la azucarera al empresario Otto Bemberg, que la mantuvo activa hasta 1904, cuando la crisis se hizo más fuerte y la fábrica se desmanteló.

La reducción jesuítica, el verdadero origen

La historia de Santa Ana arranca mucho antes de 1883. Esta localidad nace poblacionalmente en 1637 como consecuencia de una refundación del enclave jesuita en las orillas del río Paraná, a raíz de la persecución que los bandeirantes realizaban a los sacerdotes y originarios de la zona oriental del río Uruguay.

Así, la Reducción de Nuestra Señora de Santa Ana se sitúa muy cerca del actual ejido urbano de la localidad que lleva el mismo nombre. Fue una de las 30 reducciones fundadas en el siglo XVII por los jesuitas en América durante la colonización española, y se transformó en una de las Misiones de avanzada porque fue una de las que mejor aprovechó la utilización, canalización y riego del agua.

Fue abandonada cuando los jesuitas fueron expulsados de todos los dominios de la corona de España, incluyendo los de Ultramar, en 1767. Quedó durante siglos en el olvido y merced del avance incesante de la naturaleza, como así también de los saqueadores y buscadores de tesoros. Sin embargo, en 1984 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto a las reducciones de San Ignacio Miní, Nuestra Señora de Loreto y Santa María la Mayor.

Puerto, esplendor y el golpe de las rutas

La localidad de Santa Ana tuvo su época de esplendor a principios del siglo pasado, cuando su puerto era un punto neurálgico comercial por su vínculo con otros embarcaderos como los de Posadas, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires. Desde allí se cargaban maderas y yerba mate.

Pero con la llegada de las carreteras y el asfalto, los puertos —no solo el de Santa Ana— fueron perdiendo brillo, esplendor y movimiento hasta quedar prácticamente en el abandono y el olvido. Esto perjudicó a la ciudad, ya que dicho punto era creador de puestos de trabajo, intercambio comercial y movimiento económico, social y cultural que se fue extinguiendo.

Pese a ello, los pobladores continuaron cultivando la tierra, en especial la yerba mate, con actividades agrícolas y ganaderas, y hasta la actividad arenera, constituyéndose en el lugar de la provincia de mayor extracción de arena. Con el tiempo, Santa Ana pasó a ser reconocida regionalmente por su popular chipa —producto derivado del almidón de mandioca— y por la rapadura, el turrón derivado de la caña de azúcar. Se transformó así en la Capital Provincial de la Rapadura y del Vendedor de Chipa.

El Parque Temático de la Cruz, la postal moderna

El Parque Temático de la Cruz se encuentra sobre el cerro Santa Ana, a 360 metros de altura sobre el nivel del mar. Se desarrolla en un predio de 57,5 hectáreas de puro monte nativo misionero, con vertientes de agua, especies arbóreas autóctonas, aves de la zona y miradores naturales. Está a 45 km de Posadas y a 15 km de San Ignacio, sobre la ruta Provincial 103, muy cerca de la localidad de Santa Ana.

Dentro del parque se encuentra la Cruz que le da su nombre, un edificio principal de hormigón armado de 30 metros de altura. Sobre el coronamiento de este edificio se erige la cruz, una estructura metálica de 52 metros, que suma en total 82 metros de altura. Fue construida con perfiles metálicos galvanizados en caliente, adoptando la forma de una típica cruz latina. Se puede subir a sus brazos a través de un ascensor para contemplar el paisaje en altura.

La base de la Cruz presenta exteriormente formas curvas con rampas de circulación y escaleras externas que facilitan el acceso a diferentes niveles de miradores y terrazas, permitiendo múltiples vistas panorámicas por encima de la altura máxima de la vegetación. Además de la Cruz, en el lugar se puede recorrer el Anfiteatro Natural, el Teatro de la Selva, el Mariposario, el Vivero, la Capilla, los senderos interpretativos y también el restaurante.

Fuentes: cruz.misiones.tur.ar – paisaje360.com – hcdn.gob.ar y Redacción Central

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