Santa Fe, primera en desocupación: el sur industrial, al borde del colapso
El aglomerado San Nicolás-Villa Constitución marca un récord que nadie quiere: 10,4% de desocupación, el más alto del país. Pero hay otro dato en el Gran Rosario que enciende las alarmas y que casi no se menciona. ¿Qué está pasando con los que todavía tienen trabajo?
El mercado laboral de Santa Fe muestra un deterioro creciente que golpea con especial dureza al sur provincial. El aglomerado San Nicolás-Villa Constitución lidera la desocupación en todo el país con un 10,4%, mientras que el Gran Rosario registra un 8,2%, ambos por encima del promedio nacional del 7,8%, según los datos difundidos en las últimas horas.
La situación es particularmente crítica en Villa Constitución y San Nicolás, zonas históricamente ligadas a la producción siderúrgica y metalúrgica y a una extensa red de proveedores. La caída de la actividad en varias ramas industriales impactó de lleno en el empleo directo e indirecto, y las empresas del sector debieron aplicar suspensiones, reducir turnos y achicar sus esquemas productivos.
Un efecto dominó sobre la región
A la retracción manufacturera se suma la contracción de sectores estrechamente vinculados, como la construcción y la producción automotriz. Esa menor demanda repercute sobre proveedores, talleres y pymes de toda la región. Especialistas en mercado laboral advierten que la combinación de una demanda interna debilitada, la reducción de la obra pública y una mayor competencia de productos importados genera un cóctel complejo para los sectores industriales tradicionales, que durante décadas fueron fuente de empleo formal y estable.
El impacto se traduce en despidos, suspensiones y crecientes dificultades para quienes buscan reinsertarse laboralmente. La pérdida de puestos de trabajo no solo afecta a los trabajadores directamente alcanzados, sino que también reduce el consumo y golpea a comercios y servicios que dependen de los ingresos que genera la industria.
Gran Rosario: señales de alarma
En el Gran Rosario, las señales de deterioro también se hacen visibles. La generación de nuevos empleos no logró seguir el ritmo de crecimiento de la población económicamente activa, lo que generó un desfasaje entre la cantidad de personas que buscan trabajo y las oportunidades disponibles. A esto se suma un fenómeno cada vez más frecuente: trabajadores que, aun conservando un empleo, deben buscar actividades adicionales para compensar la pérdida de poder adquisitivo y afrontar el aumento del costo de vida.
Una parte importante de los trabajadores se desempeña sin registración, cobertura social ni estabilidad. La subocupación y el pluriempleo se convirtieron en estrategias para sostener los ingresos familiares. En otras crisis, el empleo informal funcionó como contención, pero referentes sociales y sindicales advierten que esa vía también muestra límites por la caída del consumo y la menor disponibilidad de oportunidades.
Más presión sobre el Estado
El deterioro económico incrementa además la presión sobre el sistema público. Organizaciones comunitarias y referentes barriales señalan mayores dificultades para sostener espacios de contención destinados a jubilados y sectores vulnerables, por lo que una parte creciente de las demandas termina trasladándose hacia hospitales, centros de salud y organismos estatales.