Se acabó el vuelo directo: La conexión internacional de Tucumán que desaparece en pleno vuelo
La aerolínea LATAM da de baja la ruta a Lima y Tucumán pierde su enlace internacional directo en menos de cuatro meses. Mientras Salta conserva su vuelo, la provincia vuelve a la casilla de salida. ¿Qué pasó con la gran apuesta de conectividad?
La provincia vuelve a quedar aislada del mapa aéreo internacional. LATAM Airlines confirmó el cierre definitivo de su ruta entre San Miguel de Tucumán y Lima, una conexión estratégica que no logró superar los cuatro meses de operación y dejará de volar a fines de marzo.
La noticia llega como un balde de agua fría para las expectativas de conectividad de la provincia. Los vuelos, que habían sido relanzados con bombos y platillos a fines del año pasado, ya no aparecen disponibles en los sistemas de reserva para ningún viaje a partir de abril.
¿Por qué se cayó la ruta tan rápido?
La aerolínea argumentó que la decisión responde directamente a un aumento en los costos operativos. Este incremento está vinculado a la implementación de la Tarifa Unificada de Uso Aeroportuario (TUUA) de transferencia internacional en el Aeropuerto Jorge Chávez de Lima.
Según LATAM, esta nueva carga tarifaria encarece las operaciones en su hub peruano, afectando su competitividad frente a otros centros de conexión en la región como Bogotá o Panamá. La ruta necesitaba un alto volumen de pasajeros en tránsito para ser rentable, un equilibrio que se volvió inviable.
Esto revela que el problema no fue solo la cantidad de tucumanos viajando a Perú, sino cuántos de esos pasajeros usaban Lima como puerta de entrada a una red más amplia de destinos internacionales, evitando pasar por Buenos Aires.
Una derrota frente a Salta
El golpe es doble para Tucumán. Mientras el aeropuerto Benjamín Matienzo pierde esta conexión, la vecina provincia de Salta logró conservar intacto su enlace directo con la capital peruana.
Esta diferencia deja en evidencia una brecha de escala y rentabilidad que perjudica sistemáticamente al hub tucumano. En la práctica, los pasajeros locales que querían volar a Lima deberán ahora viajar primero a Salta para tomar el vuelo internacional, revirtiendo años de esfuerzo por tener conectividad propia.
La situación expone la fragilidad de las rutas internacionales que salen del interior del país y el fracaso de una apuesta que fue presentada como un salto cualitativo para la proyección de Tucumán en el mundo.
La gestión provincial intentó, pero no alcanzó
El Gobierno de Tucumán no se quedó de brazos cruzados. En un comunicado oficial del 17 de diciembre de 2025, confirmó que la aerolínea había notificado la cancelación y, a la vez, había enviado una carta al gobernador Osvaldo Jaldo.
En la misiva, LATAM reconocía y agradecía las gestiones realizadas por la Provincia para intentar revertir la decisión. La administración de Jaldo mantuvo una postura de diálogo y buscó soluciones, pero los números y la nueva realidad tarifaria fueron más fuertes que la voluntad política.
El resultado es una postal incómoda: un logro de conectividad exhibido con orgullo se transformó en una conexión efímera, incapaz de sostenerse en su primera etapa operativa.
¿Y ahora qué hacen los pasajeros?
Para quienes ya tenían vuelos reservados, LATAM informó que ofrecerá la devolución total del dinero abonado. También brindará opciones de reprogramación, ya sea saliendo desde el aeropuerto de Salta (que mantiene el vuelo a Lima) o a través de conexiones vía el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en Buenos Aires.
Esto significa un retroceso logístico importante. Tucumán vuelve a depender de traslados terrestres adicionales o escalas más largas para acceder a vuelos internacionales, un escenario que se intentaba superar con esta ruta directa.
La caída de este vuelo es un recordatorio crudo de la histórica dificultad del interior argentino para consolidar rutas aéreas internacionales. Los anuncios generan expectativa, pero sostenerlas exige volumen, costos competitivos y una estrategia comercial que a menudo choca con la realidad económica.
Una vez más, Tucumán queda atrapado en esa tensión, viendo cómo una conexión estratégica se esfuma antes de despegar definitivamente.