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22 noviembre 2019

Se activa el lobby empresario, ante un posible nuevo rumbo político

Los bancos temen que el próximo gobierno reestructure las letras del Banco Central (las Leliq), en las que tienen invertido gran parte del dinero de los depositantes, y ponga en riesgo la relación con los clientes que les confiaron sus pesos.

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Cuando faltan 34 días para las elecciones presidenciales, la única certeza que tienen los empresarios es que, en caso de resultar elegido, Alberto Fernández no tendrá mucho tiempo para elaborar un plan económico. La economía argentina llegará a fin de año apenas con lo justo como para entrar en la sala de urgencias y las decisiones que se tomen en las primeras semanas podrían ser definitorias para la supervivencia del “paciente” y del nuevo cuerpo médico. Los hombres de negocios ya empezaron a acercar posiciones con el candidato y sus referentes.

No pocos actores económicos están aprovechando estos días previos a las elecciones para intentar acercar posiciones con quienes, estiman, podrían ser sus interlocutores en un gobierno del Frente de Todos. Nunca los lobbistas profesionales tienen tanto trabajo como en los momentos en los que se pronuncian fuertes cambios políticos y macroeconómicos.

Si hay un sector que ya se sabe bajo la lupa es el financiero. Habiendo transitado la corrida cambiaria post-PASO sin mayores sobresaltos, los bancos están inquietos por pasar su mensaje a la próxima administración. Lo harán con un evento organizado -en tiempo récord- por el Grupo Clarín en el Malba, el mismo escenario que eligió Alberto Fernández para mostrar concordia con el empresariado y, más aún, con quienes en el kirchnerismo habían sido sindicados como grandes enemigos.

Palabras más, palabras menos, su mensaje pasará por “cuidar al depositante, tanto de pesos como de dólares”. Los bancos temen que el próximo gobierno restructure las letras del Banco Central (las Leliq), en las que tienen invertido gran parte del dinero de los depositantes, y ponga en riesgo la relación con los clientes que les confiaron sus pesos.

Su temor no parece del todo infundado. Ya Fernández dijo en varias ocasiones que había que bajar los intereses de las Leliq (lo que conllevaría la baja también de las tasas que se les pagan a los depositantes), mientras que economistas asociados a su espacio dejan trascender en el ámbito privado que el plan incluiría el relanzamiento de líneas de crédito subsidiadas para la producción. Lo confió también hace algunos días el economista y exfuncionario Ariel Schale, en una reunión con representantes de la industria textil. En ese encuentro también se habló de limitar la posibilidad de que los bancos le presten al sector público, para poder “poner el financiamiento al servicio de la producción”.

Pero no solo en el Frente de Todos creen que podría terminar por establecerse una reestructuración forzada de las Leliq. El economista argentino Diego Saravia Tamayo, que trabajó por más de una década en el Banco Central de Chile, donde ocupó la gerencia de investigaciones económicas, advierte en un informe que lo más probable es que después de las elecciones “haya que sanear la política monetaria”. “No pierdo la esperanza de que el nuevo gobierno sea capaz de implementar un plan creíble de estabilización. Sin embargo, el escenario más probable involucra una combinación de controles de cambios, devaluación (inflación) y un bono que sustituya algunos plazos fijos”, dice. El economista tiene experiencia: el Banco de Chile llegó a tener en 2005 pasivos remunerados (como las Leliq) por el equivalente al 500% de la base monetaria (las Leliq representan poco más del 100% de ese indicador).

Ante la duda, no pocos bancos comenzaron en las últimas semanas a desarmar su posición de Leliq. Siguen volcando su liquidez en el Banco Central, pero en un instrumento de todavía más corto plazo, como son los pases a un día (las letras son a 7 días). También el diferencial entre la tasa de las Leliq y la que pagan los bancos por sus plazos fijos está creciendo, lo que significa, dice Saravia Tamayo, que las entidades “requieren de un mayor margen para tenerlas” en cartera.

En el encuentro del Malba, que se hará pocos días antes de las elecciones generales y que estará impulsado principalmente por ABA (la cámara que agrupa a las entidades de capital extranjero), los bancos también podrían salir en defensa de la UVA como unidad de indexación. “El problema no es el instrumento, es la inflación. Si se le pone un tope a la tasa de los créditos UVA, no se dará un crédito UVA nunca más”, explica un banquero.

Los bancos ya ven que de los tres negocios que tienen dos están en retroceso (el de dólares y el de UVA) y uno podría estar amenazado: el de pesos. La realidad es que hace meses que el sistema financiero argentino se transformó en un sistema meramente transaccional. “Es bueno que el sistema financiero dé la cara. Los bancos tienen la oportunidad de salir de esta crisis de otra manera que en el pasado. En las últimas semanas se mantuvieron abiertos, con información transparente y cerca de la gente”, dice un banquero, inquieto por lo que todavía se viene.

“La mesa de los argentinos”

Otra industria que puso a funcionar su maquinaria de lobby es la agroalimentaria. Las noticias que en las últimas semanas empezaron a reflejar los aumentos en el precio del pan y que anticipan políticas en pos de “cuidar la mesa de los argentinos” sirvieron para encender las alertas.

Así como Fernández no suelta prenda sobre su plan económico, tampoco da pautas sobre su política hacia el agro, que, junto con el sector energético, son los mayores generadores de divisas. Por las dudas, los hombres de campo ya empezaron por recortar sus proyecciones de siembra para el maíz y el trigo, los dos cereales que podrían sufrir más intervenciones al quedar asociados de manera directa al consumo familiar. “El riesgo es que tomen medidas que generen una caída en la producción, como pasó durante el kirchnerismo”, explican directivos del sector.

La industria busca anticiparse. Elaboró un proyecto que les está haciendo llegar a los representantes del Frente de Todos, por el cual, emulando lo que sucede en Estados Unidos con la leche, plantea la opción ya no de subsidiar la oferta -congelando el precio del trigo o del maíz-, sino la demanda. En Estados Unidos, los sectores subsidiados pagan un precio menor por la leche y lo hacen vía tarjeta de débito.

La política agroindustrial dependerá en gran medida del equipo que finalmente designe Fernández. En la industria tienen identificados tres posibles equipos: el que definen como los “patagónicos”, que incluiría al exsecretario de Agricultura kirchnerista Javier de Urquiza y al devidista Carlos Cheppi; el de los “gobernadores”, que estaría asociado a hombres cercanos al tucumano Juan Manzur, como Jorge Neme (responsable durante 14 años del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales) y Gabriel Delgado (secretario de Agricultura durante la última etapa de la gestión de Cristina Kirchner), y el del Instituto Patria, donde la figura más representativa sería Javier Rodríguez.

De poder elegir, en el sector no ocultan que preferirían a los delegados de Manzur, aunque guardan esperanzas de que Fernández sorprenda y se vuelque por algún representante de la Mesa de Enlace, en pos de una señal para el sector. Los candidatos ideales serían los presidentes de CRA o de Coninagro, las dos entidades más representativas del interior.

Pero más allá de las conversaciones informales y gestiones que puedan hacer los sectores por separado, formalmente los empresarios se guardan una última carta. Quienes participan del comité de organización del Coloquio de IDEA, que se desarrollará del 16 al 18 de octubre en Mar del Plata, y están elaborando un documento con dos decálogos para presentarle a la dirigencia que viene. Uno apunta a la calidad institucional y el otro a la economía. Este último incluye premisas que suenan trilladas, pero que siguen sin naturalizarse en el debate económico, como la necesidad de mantener el equilibrio fiscal, un tipo de cambio competitivo, bajar la carga impositiva y garantizarles a los depositantes tasas de interés reales.

No son solo días de lobby corporativo. También la diplomacia norteamericana está haciéndoles llegar a los representantes del Frente de Todos que la llave del Fondo Monetario Internacional (FMI) no está solo en la presentación de un plan económico de consenso, sino que también pasará por la política que aplique la Argentina hacia Venezuela. El gobernador Manzur recibió el mensaje sin circunloquios en su reciente visita a Estados Unidos. En la próxima cena del Centro de Estudios Americanos, el 7 de octubre, hablará ante el “círculo rojo” por primera vez desde el festejo del 4 de julio el embajador de ese país, Edward Prado. Su discurso dará indicios de la relación que se viene con la Argentina.

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