Se conocieron en un baile de Navidad y, el día de la boda, él la llevó a una casa que había levantado con sus propias manos. Seis décadas después, Norma y Alberto siguen viviendo ahí: la historia de Capioví que se ganó el abrazo de cuatro generaciones.
Norma Graef y Alberto Schmidt festejaron sus bodas de diamante en Capioví, rodeados de hijos, nietos y bisnietos. Detrás de la celebración hay una historia que arrancó en un baile de Navidad en 1963 y que tuvo un regalo muy particular el día de la boda.
La pareja, oriunda de la localidad misionera, cumplió seis décadas de vida matrimonial. El festejo reunió a la familia completa y a un grupo de amigos que se acercó a compartir el momento.
Para Alberto, lo más valioso fue el abrazo de cada uno de los suyos. Ese gesto convirtió la jornada en algo que, según contó, no va a olvidar.
Del baile de Navidad al altar
Todo empezó en 1963, en una pista de baile navideña. Casi tres años más tarde, en octubre de 1966, decidieron casarse. Él tenía 25 años; ella, 20.
Con el tiempo la familia creció: cuatro hijos —tres varones y una mujer—, siete nietos, cuatro nietas, dos bisnietas y un bisnieto. Seis décadas caminando a la par, sin mudarse nunca de Capioví.
"Gracias a Dios llegamos a esta edad juntos. Claro que uno espera llegar a los 60 años juntos, pero hay que llegar y con amor, cuidándose, estando feliz en vez de pasar nervios. Todo suma", expresó Alberto.
La sorpresa que la esperaba tras el "sí, quiero"
Norma se llevó una sorpresa mayúscula al comenzar su vida de casada. El mismo día de la boda, Alberto la llevó a una casa que había construido con sus propias manos. Ahí vivieron siempre, y ahí siguen.
"Cuando vine a la casa, que yo no conocía, me encantó el lugar desde un primer momento", recordó ella.
En ese hogar crecieron los hijos y hoy llegan los nietos y bisnietos. También siguen ahí los muebles que Alberto hizo sin las máquinas ni la tecnología de ahora, con la convicción de compartir la vida junto a su esposa.
Carpintero, asador y agricultor
Alberto se dedicó más de dos décadas a la carpintería. Pero además fundó y fue pionero en toda la provincia del Servicio Schmidt, un emprendimiento de preparación de asados para eventos especiales.
El primero fue en una fiesta en la colonia San Alberto, de Puerto Rico. La actividad siguió desde 1971 hasta el año 2000 con su presencia permanente. Después dejó a dos de sus hijos al frente, aunque siguió acompañándolos en algunas ocasiones.
El trabajo siempre fue en equipo: él se ocupaba del asado y Norma preparaba las ensaladas. Esa pasión se contagió a quienes trabajaban con ellos.
"Tuvimos un hermoso plantel a nuestro lado, gracias a Dios con buenas personas, y así nos podíamos organizar para estar en distintas localidades", contó Alberto. Lo habitual era tener dos eventos en un mismo fin de semana, aunque a veces llegaban a tres o cuatro fiestas.
A la carpintería y los asados se suma su tarea como agricultor, oficio que aprendió de niño junto a sus padres y que siempre ejerció con el acompañamiento de Norma.
Se siguen eligiendo
Sesenta años después, la pareja sigue adelante con el mismo cuidado mutuo. Lo que nació en un baile de Navidad de 1963 y se selló ante el altar en octubre de 1966 construyó una historia que, dicen los suyos, todavía tiene capítulos por escribir.
Foto: El Territorio
