Se encerró con un cuchillo junto a su hija en Río Gallegos: cómo terminó todo

Tres horas y veinte minutos de tensión en un barrio de Río Gallegos. Un hombre armado con un cuchillo, su hija menor y un operativo que parecía encaminado a un desenlace violento. Sin embargo, la historia tomó otro rumbo. ¿Qué hizo la policía para evitarlo?

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Se encerró con un cuchillo junto a su hija en Río Gallegos: cómo terminó todo
Se encerró con un cuchillo junto a su hija en Río Gallegos: cómo terminó todo

Una tarde de sábado en Río Gallegos estuvo a punto de convertirse en tragedia. Un hombre de 34 años, atravesando un brote psicótico, se atrincheró armado con un cuchillo dentro de una vivienda de la calle África al 2200, junto a su hija menor de edad, su padre y la pareja de este. Durante tres horas y veinte minutos, el barrio contuvo la respiración mientras el Equipo de Negociación de la Policía Provincial intentaba desactivar la situación sin recurrir a la fuerza.

El desenlace fue el mejor posible: no hubo heridos y el equipo táctico nunca tuvo que ingresar. Así lo confirmó el comisario Elbio Ramírez, jefe del Equipo de Negociación de la Policía de Santa Cruz, en diálogo con La Opinión Austral.

Un operativo que combinó protocolos

Ramírez explicó que la intervención excedió lo estrictamente policial. “Se aplicó todo, no solo lo del encuentro de negociación policial que tuvimos la semana pasada, sino también lo que es la parte de nuestro protocolo de la Policía Provincial”, detalló. Y agregó: “Se aplicaron varios protocolos, no solo ese, sino el de salud mental; tuvimos una intervención bastante dura dado que la psicopatología de base de este chico se trataba de un brote de esquizofrenia”.

El negociador describió la complejidad del cuadro: “Esto es una cuestión de lo que vi, de lo que noté y de lo que charlé por dos horas y media con él, que es una persona que no es que no quería, sino que no podía, encerrado en su propio estado de salud mental en el que se encontraba en ese brote”.

El rol clave de la familia

La presencia de los allegados fue decisiva para tender un puente de confianza. “Después, vimos una familia muy colaborativa, una familia que nos ayudó y mucho”, reconoció Ramírez. El comisario precisó que el hombre vivía en esa casa con un amigo, y que la familia llegó después para asistirlo. “Ahí es donde para mí se nota mucho el compromiso de las familias ante un familiar, un hijo o un sobrino que padece de una enfermedad mental y que están ahí al pie del cañón”, subrayó. Para el equipo, ese respaldo significó “casi avanzar 10 casilleros”.

La coordinación con el hospital también fue fundamental. “Si bien se lo pudo contener en principio, después se lo pudo esperar y se pudieron coordinar cuestiones con el hospital”, señaló.

Además, destacó el apoyo de la psicóloga del equipo: “Trabajó mucho la psicóloga del equipo porque ahí es donde el negociador —o sea yo en este caso— tuve que consultar y mucho; estábamos ante una persona que está en una etapa donde reconoce la enfermedad y la reconoce cuando está en el brote”. Esa interacción, dijo, dejó “un aprendizaje grande”.

Un final sin violencia

El cierre del episodio fue ordenado y pacífico. “La persona, cuando desistió y entregó el cuchillo, se retiró de la vivienda junto a su familiar y escoltado por el equipo táctico por seguridad, pero fue directamente a la ambulancia”, relató Ramírez.

El comisario remarcó que la palabra fue la única herramienta: “Para nosotros es importante que el equipo táctico no tuvo que ingresar”. Y añadió: “No hubo una negociación táctica, sino negociación pura y exclusiva de la intervención verbal”.

Contención después del operativo

El trabajo no terminó con el traslado del hombre al hospital. El equipo permaneció en la vivienda para asistir psicológicamente a quienes habían vivido horas de angustia extrema. “Nos quedamos trabajando con las personas que estaban dentro de la vivienda para brindarles primeros auxilios psicológicos”, explicó Ramírez.

“Esto es algo muy importante de aplicar porque detrás de cada eventualidad crítica donde hay personas privadas de libertad quedan secuelas, y atenderlas a tiempo por parte de la psicología permite expresar las emociones ante un profesional que escuche sin juzgar”, sostuvo. Sobre el impacto de esa contención, evaluó: “Lo noté porque al normalizar lo que sienten se valida que es normal sentirse así ante una eventualidad de estas. Creo que sirvió de un montón desde cualquier óptica donde se lo mire”.

“No hay que criminalizar”

Más allá del operativo, Ramírez buscó desterrar estigmas sobre las enfermedades mentales. “Toda persona que padezca esquizofrenia atendida y medicada tiene una vida normal, eso hay que tenerlo en cuenta”, afirmó, y fue tajante: “No quiero criminalizar algo así”.

El comisario insistió en la importancia de la detección temprana y el acompañamiento médico y familiar: “Obviamente las detecciones tempranas son buenas, y la medicación junto al trabajo de los psiquiatras es más que importante para que tenga una vida normal; más pensando en esta persona, que es un buen padre, un buen chico, un buen laburador y no vi tema de consumo ni nada de eso”.

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