Se encerró en un restaurante de París mientras la calle ardía: "Parecía una zona de guerra"

David Bastidas Veléz había salido a almorzar en Champs-Élysées cuando los mozos empezaron a amurallar el restaurante y afuera se oían explosiones de gas pimienta. Lo que vio al salir lo dejó sin palabras.

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Se encerró en un restaurante de París mientras la calle ardía: "Parecía una zona de guerra"
Se encerró en un restaurante de París mientras la calle ardía: "Parecía una zona de guerra"

Lo que arrancó como un sábado tranquilo terminó con un argentino de 26 años atrincherado dentro de un restaurante en Champs-Élysées, mientras afuera se sucedían corridas, explosiones de gas pimienta y locales saqueados. David Bastidas Veléz vive en el barrio 11 de París desde hace tres años y le contó a LA NACION cómo vivió los disturbios que sacudieron la capital francesa en los últimos días.

El contexto: a pocos días de que el gobierno de Emmanuel Macron defina el presupuesto 2027, las protestas que habían comenzado de forma pacífica derivaron en saqueos a locales de lujo, incendios, actos de vandalismo en puntos emblemáticos y detenciones. Cristales rotos, monumentos dañados y vehículos carbonizados quedaron como saldo de las jornadas.

"No era la primera vez que vivía una manifestación en París, pero me sorprendió el nivel al que llegó", reconoció el joven.

El almuerzo que terminó en cuarentena

Ese sábado, David había quedado con su novia y un amigo de su padre para almorzar. Caminó desde Montmartre, donde vive su pareja, hasta Champs-Élysées y en el trayecto vio "gente tranquila protestando con carteles, nada agresivo". Como ya estaba acostumbrado a las marchas, siguió de largo sin darle mayor importancia.

La escena cambió de golpe. "Estábamos almorzando, cuando de la nada veo a gente corriendo a través de la ventana. Los mozos del lugar empezaron a amurallar el restaurante, hasta que llegó la policía", relató. Enseguida sumó otro detalle: "Se podían escuchar explosiones de gas pimienta".

El personal les avisó que no podrían pedir nada más, que el local quedaba cerrado y que nadie podía salir hasta nuevo aviso. Así, lo que iba a ser un almuerzo de 16 a 18 se estiró hasta las 20. "Nos tocó una pequeña cuarentena en el restaurante", resumió.

Autos incendiados y vidrieras de lujo destrozadas

Cuando finalmente pudo salir, el panorama no invitaba a volver a casa. "No quería ir a casa porque se veían autos prendidos fuego en los Champs-Élysées. Se veían las tiendas de lujo, Louis Vuitton, Celine, que habían roto las ventanas y las habían saqueado", describió.

Su plan era refugiarse en lo de su novia, más cerca que su departamento en la Bastilla, porque sabía que el camino alternativo lo obligaba a cruzar Place de la République o Saint-Lazare, los "hot points" donde se concentran las manifestaciones. Buscó una bicicleta de aplicación para moverse rápido, pero no tuvo suerte: "Las bicicletas de la aplicación estaban prendidas fuego".

Consultado sobre la actitud de los manifestantes, respondió: "Me sentía un poco inseguro porque no les veía la cara, los veía en grupo y daba miedo".

Ya resguardado en lo de su pareja, hizo un balance de lo que dejaban las calles: "La ciudad realmente parecía una zona de guerra. Bicicletas prendidas fuego, trincheras en la calle, puestas por la policía, y patrulleros que te bloqueaban el camino. La verdad, una escena desordenada".

No volvió a su casa al día siguiente. "Me quedé todo el día siguiente, incluso porque continuaron las manifestaciones después. El domingo a la mañana había incluso protestas", agregó.

Toques de queda y helicópteros sobre la ciudad

Para contener la ola de disturbios, el gobierno francés dispuso toques de queda en ciertas zonas entre las 23 y las 6. "Por la noche había helicópteros dando vueltas por la ciudad, verificando que todo el mundo estuviera en casa. Había controles policiales", contó David.

El argentino comparó lo vivido con las protestas que suele haber en su país y marcó una diferencia de intensidad: "Capaz en el pasado, en la Argentina, hubiera dicho: 'Bueno, voy por otra calle, igual llego a casa', qué sé yo. Esta vez era tan agresiva la cosa que me dio miedo".

Una sociedad dividida y el bolsillo cada vez más ajustado

Sobre cómo tomó la sociedad francesa lo ocurrido, Bastidas describió un panorama de opiniones encontradas. "En términos de opiniones y qué dicen los franceses que conozco, claramente mucha gente apoya el reclamo que hubo", sostuvo.

Y volvió sobre el punto que más lo sorprendió: "Lo que me sorprendió es que al principio sí fue una manifestación pacífica de los estudiantes". Luego agregó: "El problema fue que se volvió algo agresivo; se siente la agresión en este momento en la sociedad, fue bastante impactante verlo en destrucción. Destrucción de autos, de bicicletas, vi hasta un bus de turismo prendido fuego".

Según su mirada, hay quienes respaldaron lo sucedido el sábado e incluso lo consideraron "bastante tranquilo", mientras que otros cuestionan la destrucción del patrimonio y la historia francesa. El saldo no fue solo material: se incendiaron edificios, se atacaron grandes multinacionales y sus locales, pero también pequeños negocios. "Hubo pérdidas para pequeños emprendedores, pequeñas empresas", señaló.

A eso se suma el costo de vida, que viene en alza. "Personalmente experimenté un aumento bastante grande de renta y no me he mudado de lugar, pero también todo lo que es entretenimiento es más caro", contó. Y cerró: "La realidad es que hay un aumento de los precios y sentís cada vez más que te tenés que apretar a fin de mes".

Lo que viene

Con el temor de que la violencia recrudezca, el joven anticipó que se habla de nuevas manifestaciones para este sábado y a lo largo de noviembre. "Veremos cómo va a reaccionar el gobierno, pero esta vez voy a esperar la manifestación desde casa", concluyó.

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