Se escapaba de las clases de inglés para jugar al vóley: 50 años después, su idea reúne a 800 mujeres en Comodoro
Se escapaba de las clases de inglés para jugar al vóley y hoy organiza una carrera que moviliza a cientos de mujeres en Comodoro. Nancy Regina repasa una vida entera dedicada al deporte y cuenta qué la tiene desvelada.
Nancy Regina tiene 66 años, nació en Córdoba y llegó a la Patagonia con un solo equipaje: un marido médico y las ganas de hacer deporte. Hoy es la cara visible de la Carrera de la Mujer, el evento solidario que este 2026 cumple 20 ediciones en Comodoro Rivadavia y que cada año convoca a entre 600 y 800 mujeres.
"Voy con el calendario", dice entre risas al comenzar a repasar su historia. Son las 8 de la noche, está en Puerto Madryn participando de la organización de una carrera, acaba de salir de una capacitación y su teléfono no para de sonar. "Hagámoslo mejor por la compu porque si no me va a volver loca", pide, anticipándose al ringtone constante.
La entrevista ocurre en octubre, el Mes Rosa, cuando la Carrera de la Mujer toma protagonismo. Pero esta vez el reloj se detiene y el repaso va por otro carril: su vida entera.
De las escapadas de inglés al profesorado
"Soy Nancy Alejandra Regina, tengo 66 años y nací en Córdoba. Me casé con Mario Sosa a los 24 años y nos vinimos a la Patagonia. Yo siempre digo: vinimos a una luna de miel eterna, porque nunca más volvimos. Nos casamos, vinimos y nos quedamos".
El deporte le gustó desde chica, pero fue en la adolescencia cuando se metió de lleno en el vóley. Recuerda entre risas esas escapadas de inglés y la decisión que la llevó por un camino de competencias, entrenamiento y camaradería.
"A mí siempre me encantó el deporte, siempre jugué al vóley. Mi mamá me mandaba a inglés y yo me escapaba, hasta que un día la profesora se lo dijo. Ahí decidí jugar al vóley; comenzamos una vida de competencia en el equipo de la escuela, con una profesora hermosa que contagió esa pasión".
Al terminar la secundaria quiso estudiar Medicina. Rindió el examen de ingreso, pero en una de las áreas no le fue bien y quedó afuera de los cupos. Enseguida supo cuál era el camino y se inscribió en el profesorado de Educación Física. Poco después se abrió una vacante en Medicina, pero la rechazó: ya estaba recibida como profesora.
Entre campamentos y actividades trabajó en la Subsecretaría de Bienestar de Córdoba y conoció a Mario Sosa, un estudiante de Medicina que además era entrenador de vóley, mientras ella era jugadora. Un día llegó la propuesta que cambió todo: venir a trabajar a la Patagonia.
"Mario tenía un compañero, un médico amigo que vivía acá en Comodoro y lo convenció para que viniera a trabajar con él. Siempre cuenta la misma anécdota: 'Le dije a Nancy, o nos casamos o nos separamos', y dice que yo ya estaba con un pie arriba del auto y nos vinimos a la Patagonia".
Dejaron amistades, gente e historia. "Fue un desafío venir a vivir a un lugar totalmente desconocido", admite. Mario hizo la residencia en clínica médica en el Hospital Regional y ella arrancó su carrera docente: primero en el colegio Perito Moreno, después concursó en la escuelita de Valle C. y ganó la titularidad. Al año falleció José, el amigo de Mario. Fue una pérdida, pero decidieron quedarse.
Una vida entre el deporte, el trabajo y la competencia
"El trabajo ha sido siempre una constante en nuestra vida, no siempre como una fuente para subsistir, sino también como una inspiración y el desarrollo de nuestras profesiones: él en la parte de medicina y yo como docente y también como dirigente".
Con los años ingresó al Colegio Universitario Patagónico, donde hizo gran parte de su carrera docente y se jubiló. "Fue una gran experiencia de vida y de enseñanza", dice. Destaca el proyecto 13, con horas para capacitarse y horas frente al grupo: "Nunca dejamos de proyectar, de intentar cambios, modificar la práctica y crear proyectos que volvieran a la comunidad educativa".
En el medio fue madre de cuatro hijos, triatleta y dirigente. También lideró uno de los primeros clubes de atletismo de la zona: Acuarium.
"Nosotros íbamos a entrenar a Club Huergo y a Diadema. Y en un momento construyeron esta pileta en el barrio Isidro Labrador, en calles de tierra", recuerda. "Empezamos a entrenar ahí, pero los dueños no la pudieron sostener y nos dijeron: '¿No quieren alquilar esto, quieren hacer algo acá, porque nosotros no podemos?'. Nosotros ya éramos referentes de las tres disciplinas y aceptamos ese desafío de un club de triatlón con bicicletas fijas, más el agua".
Así empezó el triatlón indoor en la ciudad, con escuelitas de acuatlón, colonias y grupos de adultos. "Hemos impulsado las pruebas combinadas en la ciudad y en Rada Tilly, se creó la federación chubutense y desde entonces no hemos parado en el desarrollo del deporte".
Hasta la pandemia, Acuarium fue una asociación civil sin fines de lucro. Después del Covid cambió: hoy el lugar lo administra María Luz, su hija. Nancy se jubiló y sigue colaborando.
"Siempre se siente ese corazón de Acuarium, que es un pulmón de salud para los barrios Isidro Labrador, Roca y Pueyrredón. Es mi vida la pileta, es mi espacio, es mi momento", dice. Y reconoce que el presente no es fácil: "Hoy estamos atravesando un momento bastante complicado y no podemos sostenerlo. Se ha hecho muy difícil, pero seguimos adelante con nuestros abuelos, con las escuelitas, con la gente".
La carrera que nació de un proyecto español
Nancy compitió triatlón toda su vida hasta que hace 10 años una lesión en la rodilla la obligó a dejar. Desde entonces se dedicó con más énfasis a organizar eventos de pruebas combinadas. "Encontré ese feedback que me da la satisfacción de la gente que entra en la carrera", cuenta.
La organización de competencias había empezado mucho antes. Cuando vio el formato en España dijo: "la vamos a hacer".
"En 2004 creamos la Carrera de la Mujer; la primera que organizamos convocó a 30 mujeres. Fue una idea tomada de un proyecto de España que había visto y, como siempre, hicimos prototipos de distintos tipos de carrera. Me acuerdo de que la hicimos por el Día de la Madre; luego comenzamos con el Día de la Mujer, y fuimos organizando los dos eventos con las características que se mantienen hasta hoy: recaudar fondos para la lucha contra el cáncer".
Hubo altibajos, pero la cantidad de inscriptas creció. "Ha ido tomando más fuerza, cuerpo y hoy es todo un proyecto hermoso de solidaridad, con muchísimas mujeres colaborando".
Dos hitos consolidaron el evento. Uno fue la declaración de Interés Municipal. El otro, los números que les acercó la comisión de APAeC (Asociación de Prevención y Asistencia en Cáncer) sobre la cantidad de mamografías que realizaban. "Ese número también acompañó la decisión de que otras personas empezaran a ver que esto era una cosa seria, no solamente una carrera, sino que realmente podíamos ayudar".
El formato es simple: donar el dinero de la inscripción para la prevención del cáncer. "La idea es que podamos lograr el acompañamiento de todo lo que la carrera necesita: la estructura, los seguros, la medalla que todo atleta quiere tener cuando llega, una fruta, la hidratación, los regalitos de los comercios para poder sortearlos". Así, mientras más colaboraciones consiguen, menos gastos tienen y más dinero va al pozo solidario.
Don José Hogar es uno de los comercios que acompaña desde siempre: "Nos ha dado una bicicleta eternamente". Eduardo Corna es otro: "Nos ha dado muchísimos cambios de look; cuando llega la época y vamos a buscar la ayuda, nos da el sobre". También menciona al Ente Comodoro Deportes, que colabora con la logística, y a empresas que se fueron sumando y otras que se fueron.
En los últimos años la carrera incorporó el chip de clasificación para que cada competidora sepa su puesto. Cada edición reúne entre 600 y 800 mujeres: una marea rosa que copa las calles de la ciudad.
La gestión, los nietos y la pregunta de cuándo parar
"Coordinar la organización a nivel personal es todo un desafío. Tenemos un equipo que acompaña y somos mujeres las que armamos este proyecto. Hay que comenzar a preparar la carrera y en julio arranco con las notas, nos contactamos y vamos viendo. Entre todas hay mucha gestión, porque hoy organizar la carrera es pura gestión".
La organización la apasiona. "Gracias a la carrera mucha más gente ha probado hacer esta disciplina y ha encontrado un estilo de vida", afirma. Pero también aparecen las dudas: "A veces nos preguntamos cuándo va a parar, porque también me tiran mucho mis nietos. Este año no estuve en el cumpleaños de mi nieto mayor y, la verdad, me costó".
Con Mario no concibe la vida de otra forma. El deporte atraviesa alegrías y derrotas, el éxito, la competencia, la salud y lo recreativo.
"No podemos concebir la vida de otra forma, pero también es haber encontrado un medio que podemos utilizar para visibilizar causas y llevar adelante propuestas solidarias. Nos queda el orgullo de haber sido parte de todo ese desarrollo, de haberlo impulsado junto a otras instituciones. Nosotros, a través del deporte, buscamos poder visibilizar causas y estamos tranquilos de que hemos hecho un camino que tiene que ver con la constancia, la pasión, el trabajo y el pensar en el otro".
Nancy jugó al vóley, al pádel y al triatlón. Hoy tiene cuatro nietos y espera la llegada de su primera bisnieta. El deporte, dice, fue su vida: ese lugar que encontró escapándose del inglés y que supo desarrollar en el sur de la Patagonia.