Se fue a los 18 para ser médica y volvió con una novela que desnuda un siglo de secretos santiagueños

A los 18 dejó Santiago para estudiar Medicina. Hoy, después de una carrera en terapia intensiva pediátrica, vuelve con una novela que rescata lo que los libros de historia nunca contaron. El sábado 3 de octubre, en la Feria del Libro.

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Se fue a los 18 para ser médica y volvió con una novela que desnuda un siglo de secretos santiagueños
Se fue a los 18 para ser médica y volvió con una novela que desnuda un siglo de secretos santiagueños

Trinidad Rodríguez Lombardi presenta El Linaje, su primera novela, el sábado 3 de octubre a las 16 en la Sala Carlos M. Fernández de la 16º Feria del Libro de Santiago del Estero. La autora, médica pediatra y cardióloga infantil radicada en Paraná, vuelve a su provincia con una obra que reconstruye más de un siglo de historia local, entre 1860 y 1975.

El regreso tiene gusto a reencuentro. Rodríguez Lombardi se formó en la Universidad Nacional de Córdoba y desarrolló buena parte de su carrera en la terapia intensiva pediátrica del Hospital Materno Infantil San Roque, en la capital entrerriana. La escritura, dice, apareció como una extensión natural de su mirada médica: observar a las personas, sus heridas y sus transformaciones.

"Me fui de Santiago del Estero a los 18 años para estudiar Medicina y, muchos años después, volví a través de la literatura", reflexiona la autora sobre el camino que la trajo de vuelta.

Un siglo de historia entre el monte y los documentos

El Linaje cruza ficción poética con una investigación histórica rigurosa sobre el desarrollo social y urbano de la provincia. Por sus páginas desfilan la llegada del ferrocarril, las crecidas del río Dulce, el Mercado Armonía, la Biblioteca Sarmiento y el Convento de San Francisco, junto a figuras como Antenor Álvarez y Pedro Saint-Germain.

El monte santiagueño no es un paisaje decorativo: funciona como un personaje central, refugio de saberes ancestrales y yuyos medicinales que pasaron de boca en boca entre mujeres. La gastronomía tradicional —el arrope, el pastel de novias, el dulce de tomate con clavo de olor— recupera la memoria sensorial de los hogares del interior.

El quichua también ocupa un lugar protagónico. La novela incorpora palabras y expresiones de la lengua ancestral para nombrar los afectos y el mundo cotidiano, entendiéndola como una manifestación cultural viva.

Las mujeres que sostuvieron la memoria sin figurar en los libros

La estructura de la obra rastrea distintas generaciones de mujeres marcadas por virtudes, contradicciones, silencios y dones particulares ligados a la cocina, la poesía, la música o la sanación popular. Rodríguez Lombardi busca rescatar la historia no oficial: la que se construyó en patios, cocinas, dormitorios y senderos del monte, sosteniendo familias y preservando la memoria colectiva lejos de los textos escolares.

La presentación del sábado contará con la participación de la licenciada Alicia Fernández y se perfila como un espacio de diálogo sobre la identidad, la inmigración interna y la vigencia del patrimonio intangible santiagueño.

Para los lectores locales, la novela propone un espejo donde reconocerse. Para los foráneos, una puerta de entrada a la riqueza cultural de la provincia. Y para la autora, el cierre de un círculo vital donde la medicina y la palabra poética finalmente se abrazan en la tierra que la vio nacer.

La portada del libro.

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