Se fue de Buenos Aires con lo puesto, trabajó con Chanel y vistió a Cher: el regreso silencioso de un genio de la moda
Se fue de Buenos Aires con lo puesto y volvió convertido en un nombre que vistió a Cher y Liza Minelli. Pero el dato que nadie esperaba está en lo que hace hoy, a metros de su casa de Villa Devoto.
Juan Risuleo volvió a Buenos Aires después de cuatro décadas de carrera internacional. Se lo puede ver tranquilo en un bar de Villa Devoto, con su camisa brillante, chaleco claro, corbata, boina y una barba impecable. Su postura distinguida y esa mirada de hombre de mundo lo delatan: no es uno más.
Hoy diseña las joyas que acompañan las colecciones de Pablo Ramírez. Pero su historia arrancó muy lejos de las pasarelas europeas: de niño aprendió a manejar la tijera y a tratar las plumas junto a su abuela materna, sombrerera de la casa Paquin. Ese saber le abrió, ya adolescente, una pasantía con Paco Jamandreu.
De Villa Devoto al mundo
En 1960, cuando la cultura sacudía sus fundamentos, trabajó con Oscar Masotta en un happening del Instituto Di Tella y colaboró con el sociólogo y artista Roberto Jacoby. A los 22 años presentó su primera muestra, Una moda relato (orejas, pelos y dedos de oro), que fue fotografiada por Richard Avedon para la revista Vogue.
Risuleo empezó a hacer ropa con géneros insólitos: chinz, voile, cretona, tela de avión. Quería prendas lavables, económicas y durables, y trabajaba en los lugares donde vivía. Abrió su primer local en la galería Recamier, en Belgrano, con la marca Ropas argentinas.
Su amigo Federico Moura —el alma del grupo Virus— tenía su propia marca en Limbo y ambos instalaron locales prácticamente enfrentados en la galería Jardín de la calle Florida al 500. Juntos organizaron desfiles con las dos marcas y las mejores modelos del momento (Mora Furtado, Ana María Soria, Susana Romero) en el salón Tudor del hotel Claridge.
París, Florencia y Los Ángeles
Un día se fue a Europa. Apenas sobrevivía en París cuando respondió a un aviso del diario que resultó ser la casa Chanel: enorme prestigio, muy poco dinero. En Florencia trabajó con Emilio Pucci en su Palacio, con caballerizas del siglo XVIII. Después se instaló en Estados Unidos.
En Los Ángeles puso una boutique dedicada a las novias, que definía como “El único traje de un ritual que permanece”. Allí diseñó los trajes más extravagantes: para novias embarazadas, uno en animal print, y vestidos para novias LGTBQ y minorías étnicas.
Trabajó para el cine y la televisión: vistió a Liza Minelli, Cher, Christina Aguilera, Kelly Osbourne, Heidi Klum y La Toya Jackson. También hacía aproximaciones a diseños de Adrian para el cine o a un vestido de la última colección de Alexander McQueen, antes de que fueran trasladados al Museo de la Moda.
Hoy está de vuelta en Buenos Aires, en su casa de Villa Devoto, y fiel a su estilo diseña joyas magníficas junto a Pablo Ramírez.