Se hacía llamar Chuck Norris y hasta marcaba sus ladrillos: quién era el narco entrerriano que cayó
Se creía intocable, se hacía llamar como el héroe de las películas de acción y hasta estampaba esa cara en sus ladrillos de cocaína. La Justicia Federal terminó mostrándole que el personaje no lo protegía de nada.
Un empresario maderero de Concordia con residencia en Federación terminó condenado como la cabeza de una red que movía cocaína y marihuana por media provincia. Quienes lo trataron cuentan que se hacía llamar “Chuck Norris”, convencido de que nadie lo podía tocar.
La Justicia Federal no opinó lo mismo. José Luis Machado recibió una pena de seis años y diez meses de prisión por comercio de estupefacientes agravado por la intervención de tres o más personas, según consignó UNO Entre Ríos.
El hombre era dueño de aserraderos y se movía con comodidad entre el mundo de la madera y el de la droga. Su historia empezó a torcerse en marzo de 2024, cuando la División Toxicología Federación de la Policía de Entre Ríos elevó a la Justicia la Nota N° 04 de ese año: allí se advertía que en Federación y Concordia operaba un grupo dedicado a la venta de drogas.
El apodo, la marca y el negocio
La figura del actor estadounidense Carlos Ray Norris —fallecido en marzo de 2026— atravesó toda la causa. No solo por el sobrenombre que Machado se autoasignó por creerse invencible, sino porque la cara del actor era la marca registrada de los ladrillos de cocaína que distribuía.
“Gracias al análisis de los teléfonos celulares se logró determinar que Machado colocaba su propio sello en los ladrillos de cocaína (una foto del actor Chuck Norris, como el propio Machado se hacía llamar)”, detalló al Tribunal Oral Federal el fiscal adjunto Juan Sebastián Podhainy. La investigación también acreditó que la cocaína la compraba en Posadas y la marihuana en Paraguay.
Los jueces Noemí Berros, Emilce Rojas y Sebastián Gallino condenaron a Machado el lunes 19 y avalaron la tesis de los fiscales José Ignacio Candioti y Podhainy: el empresario era el organizador y financista de la estructura.
Cómo movía la droga
Para la fiscalía, Machado “se encargaba de proveerles a aquellos el material estupefaciente, como así también de ejecutar su posterior cobro vinculado a las transacciones”, y se desplazaba a bordo de una Volkswagen Amarok.
La red de revendedores se extendía por Federación, Concordia, Chajarí, San Salvador y San Jaime, en Entre Ríos, y llegaba a Mocoretá, en Corrientes. Ese entramado, según Podhainy, “le generaba dividendos millonarios y que le permitía adquirir vehículos de alta gama”.
El abastecimiento venía de proveedores de Misiones, que ingresaban la mercadería por cruces no autorizados y esquivaban los controles aduaneros de la frontera con Paraguay.
El teléfono que lo complicó
Machado tomaba recaudos: hablaba con palabras cifradas, pedía a sus colaboradores canales que no se pudieran detectar. Aun así, los investigadores lograron pescarlo con conversaciones comprometedoras, un patrón similar al que se vio en la causa del ruralista Leonardo Airaldi.
Una de esas grabaciones lo muestra discutiendo con su proveedor paraguayo, molesto porque el empresario estaba en Posadas y no quería cruzar a Ciudad del Este para cerrar la operación.
Proveedor: —Nosotros nos conocemos mucho pa', estamos hablando. No es de venta de tomate, hermano.
Machado: —Te entiendo, yo te entiendo. Está perfecto y quiero que vos también me entiendas.
Proveedor: —Eso nomas te estoy diciendo.
Machado: —Me vine de allá también para verte a vos nomás.
Proveedor: —Vos sacás mucha información y nunca llegas. Me decís estoy saliendo y no salís, ¿me entendés?
Proveedor: —Por eso, si vos querés hacer negocio, vení a Ciudad del Este y vamos a hacer negocio. En Posadas es más complicado.
El segundo condenado
En el mismo proceso recibió sentencia Brian Sosa, un colaborador de Machado también fanático del actor. Le dieron tres años de prisión efectiva por su participación secundaria en el comercio de drogas.