Se jubilaron y armaron una rutina que sorprende a todos en Tucumán
En Tucumán hay jubilados que no se quedan quietos: bailan, compiten y cocinan. Pero lo que encontraron en esos talleres va mucho más allá de la actividad física. ¿Qué los devuelve a la vida?
Víctor Hugo Díaz tiene 70 años y esta semana se animó a una batalla de baile. Irma López eligió el tejo. Cristina Cáceres, que vive sola, se metió en un torneo de cocina. Tres propuestas distintas, una misma decisión: salir de casa, cruzarse con otros y demostrar que la jubilación puede ser el arranque de una etapa activa.
En la Dirección de Adultos Mayores de San Miguel de Tucumán hay unos 1.750 inscriptos y entre 200 y 250 personas pasan a diario por propuestas gratuitas. Gimnasia, bailoterapia, zumba, cocina, tejo, música, tejido y otros talleres forman una agenda pensada para sostener la actividad física, la independencia y la vida social.
“Esto me ha dado vida. Mi corazón se siente como de 50 todavía. Es una felicidad enorme; fortalece el espíritu, el físico, el cuerpo y la mente”, contó Díaz, habitué de las clases de gimnasia. Para él, el espacio se volvió parte de su rutina desde que se jubiló: “Nos reúne y nos hace falta para tener sociabilidad. A veces nos discriminan por ser viejos, pero acá somos una familia”.
El médico gerontólogo Emiliano Ramírez, director de la Casa del Adulto Mayor de la Municipalidad, planteó que la mayor longevidad obliga a revisar cómo se piensa el retiro laboral. Según explicó, una persona jubilada puede tener por delante entre 35 y 45 años de vida y esa etapa puede ser plenamente activa, con proyectos, actividad y vínculos.
El especialista vinculó ese cambio con la transformación de la pirámide poblacional: hay menos nacimientos y una expectativa de vida más larga. “Los 80 de hoy son los 60 de antes y los 60 son los 40”, sostuvo. En la vida cotidiana, esa transformación se refleja en personas mayores que participan de reuniones, gimnasios, recitales y distintas actividades, además de incorporar el uso del teléfono y otras herramientas digitales.
Un día que invita a revisar prejuicios
El 20 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día del Jubilado y la Jubilada, en recuerdo de la Ley 4.349, sancionada en 1904. Esa norma creó la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones para funcionarios, empleados y agentes civiles, uno de los primeros antecedentes del sistema previsional del país. La fecha también invita a revisar los prejuicios que asocian la vejez con pasividad, incapacidad o aislamiento.
Durante la semana previa a la celebración se organizaron distintas actividades: un torneo de tango con 15 parejas, un torneo municipal de tejo para mayores de 60 años que reunió a 50 parejas, una competencia de cocina con 76 inscriptos y una batalla entre los talleres de bailoterapia y zumba. El programa incluyó además el Jubilazo 2026, con elección de rey y reina mediante aplausómetro, música, premios y sorteos.

La oferta no se concentra sólo en la sede de la Dirección. También funciona el programa Protam, orientado a la protección ante situaciones de vulnerabilidad, y un sistema de talleres itinerantes que acerca propuestas a centros de jubilados y a otros grupos de la ciudad.
Ramírez remarcó que el valor de estas iniciativas no termina cuando finaliza una clase. “No se trata únicamente de que un profesor dé una actividad y que después todos se vayan. Se generan vínculos y socialización, algo fundamental para contrarrestar el aislamiento y mejorar la calidad de vida”, explicó.
Irma lo experimentó durante el torneo de tejo. “Acá nos sacamos de la depresión y la transformamos en alegría, en ganas de vivir y de seguir adelante. Compartimos angustias, alegrías y triunfos”, resumió. Cristina, por su parte, encontró en los talleres una alternativa concreta a las horas de soledad: “Hace dos años que vengo. Vivo sola y esto me dio mucha vida”. Su invitación a otros jubilados es directa: no quedarse encerrados y animarse a participar.
Qué aportan estas actividades
Las actividades artísticas, musicales y físicas favorecen capacidades necesarias para la vida cotidiana. De acuerdo con el gerontólogo, ejercitan la memoria, estimulan la autonomía y ayudan a conservar la independencia. Ese efecto puede lograrse tanto a través del movimiento como mediante la música, el tejido, la cocina o propuestas de intercambio social.

Mantenerse activo no significa dejar de lado los cuidados. Antes de iniciar una actividad física, Ramírez recomendó contar con un certificado de aptitud y conocer el estado de salud propio. La condición física, mental y social debe ser considerada para elegir la propuesta adecuada.
“No es lo mismo una persona que está completamente activa que alguien con enfermedades de base, sobrepeso o problemas articulares”, advirtió. Por eso sugirió priorizar actividades adaptadas a personas mayores y, cuando sea necesario, a las limitaciones o patologías de cada participante.
A más de un siglo de la creación de la primera caja jubilatoria nacional, la idea del “trabajador pasivo” queda lejos de las historias de Víctor, Irma y Cristina. Para ellos, el retiro no implicó dejar de bailar, competir, aprender o hacer nuevos amigos: significó ganar tiempo para elegir cómo vivir el día siguiente.