Se levanta a las 4 de la mañana y amasa en pleno centro de Roca: el salto que cambió todo para Lucas Urban
Lucas Urban llegó a Roca en 2022 sin que nadie conociera su recorrido. Hoy se levanta a las 4 de la mañana para amasar en su propio local en el centro. Lo que hizo en el medio es la parte que casi nadie vio.
El pastelero Lucas Urban (39) llega pasadita las 4 de la mañana a su local recién estrenado en Villegas y Maipú, en pleno centro de Roca. Toma la masa que leudó y reposó toda la noche, enciende los hornos y empieza a armar sus productos. A las 6:30 levanta las persianas y atiende a los primeros que pasan a buscar croissants, vigilantes, alfajores, panes de chocolate, cremonas y bizcochos.
El salto como emprendedor lo venía ansiando hace rato. Y ahora llegó el momento tal como lo pensó y diseñó.
Su caso forma parte de un ecosistema emprendedor gastronómico que crece día a día en Roca y que eleva la calidad de la pastelería y la panificación en la ciudad.
"Quería que la gente viera dónde y cómo hago lo que vendo"
Urban no quería un local donde solo vender productos. Quería que fuera URBAN completo: fábrica y punto de venta, con la producción a la vista.
"Que alguien entre, compre un alfajor, un croissant o un vigilante y detrás pueda ver la mesa de trabajo, los hornos, la producción. No esconder el oficio, sino mostrarlo", contó.
También es el primer espacio que pudo diseñar alrededor de su manera de trabajar. Durante mucho tiempo se fue adaptando a los lugares que podía alquilar o a las herramientas que tenía. Acá fue al revés.
"Hasta ahora mucha gente conocía URBAN por Instagram (@urban.chocolate.deverdad), por los repartos, por las ferias o porque encontraba los alfajores en algún punto de venta. Ahora finalmente van a poder venir a nuestra casa", agregó.
De llegar a Roca en 2022 a montar su propia fábrica
Llegó a la ciudad en julio de 2022, sin pensar específicamente en abrir esta fábrica. Venía con una historia larga en gastronomía, pero acá nadie lo conocía.
Con el tiempo entendió que eso, que al principio podía parecer una desventaja, fue una libertad enorme. "Me permitió empezar de nuevo", aseguró.
No podía vivir de decir dónde o con quién había trabajado. Tenía que poner algo arriba de una mesa y lograr que alguien lo probara y dijera "esto está bueno". Y después lograr que volviera a comprarlo.
Ahí aparecieron las cocinas comunitarias, las ferias, los primeros clientes, los alfajores, la primera fábrica alquilada, las capacitaciones, las máquinas, los laminados, los errores y los momentos donde no sabía si iba a poder seguir.
"No siento que esté llegando a una meta. Siento que estoy llegando a un punto que durante mucho tiempo imaginé", dijo.
El alfajor, la identidad de la marca
Para Urban, el alfajor es indiscutiblemente el producto que construyó la identidad de URBAN. Es con el que mucha gente lo conoció y alrededor del cual desarrolló toda la idea de Chocolate de Verdad: trabajar distintos porcentajes de cacao, distintos rellenos y tratar al alfajor como un producto gastronómico, no solo como una golosina.
Pero la marca creció con él. Su oficio siempre fue más amplio que el alfajor y con el tiempo aparecieron los laminados: croissants, vigilantes, panes de chocolate, cremonas y bizcochos. Hoy hay productos que se convirtieron en verdaderos hits, como el vigilante y el croissant.
El local mostrará esas dos partes: por un lado el chocolate y los alfajores, que son la identidad; por otro, el oficio de panadería y laminados que forma parte de su historia como cocinero.
El empuje propio y las herramientas públicas
Cuando llegó a Roca supo de inmediato del funcionamiento de la Unidad de Servicios para el Empleo y la Producción (USEP), un organismo dependiente de la Secretaría de Producción del municipio roquense. Ahí se capacitó, participó de la primera cocina comunitaria comunal, recibió créditos y se sumó a todas las convocatorias. Luego vino un crédito del gobierno provincial rionegrino que terminó de potenciar este nuevo logro.
"Siempre que encontré una herramienta que me permitía avanzar la aproveché. Pero también hubo muchísimo trabajo, reinversión, financiamiento propio, deuda asumida, años de producción y decisiones personales", aclaró.
Y puso las ayudas en dimensión: "La fábrica no apareció por un crédito. Se fue construyendo durante años, compra por compra, máquina por máquina, alquiler por alquiler y producto por producto".
Para él, el mérito de una herramienta pública está ahí: que sirva para apalancar algo que después el emprendedor pueda sostener y hacer crecer.





