Se negó a pagar el boleto, escupió al chofer y el martillo de emergencia terminó en la puerta del colectivo
¿Qué pasó con la pasajera que se negó a pagar el boleto y atacó al chofer con el martillo de emergencia? La respuesta está en lo que quedó fuera de servicio.
Una mujer terminó detenida después de un episodio de violencia a bordo de un colectivo de la línea D del transporte urbano de Formosa. La pasajera se negó a pagar el boleto, reaccionó con agresiones contra el chofer y, según el relato oficial, tomó el martillo de emergencia de la unidad y lo usó para romper la puerta.
El hecho fue confirmado por el director de Transporte de la Municipalidad, Fabián Olivera, en diálogo con La otra mirada de FM Espacios 92.5. Según contó el funcionario, la mujer intentó subir al colectivo sin abonar el pasaje y, ante la intervención del conductor, escupió al trabajador y desató el ataque contra el vehículo.
El chofer realizó la denuncia correspondiente y, posteriormente, la mujer fue detenida. Olivera señaló que se trata de una situación poco habitual, ya que la pasajera no utilizaba regularmente esa línea.
Una unidad fuera de circulación y un servicio resentido
El funcionario expresó su preocupación por los ataques contra las unidades y remarcó el vínculo cotidiano que los choferes mantienen con los usuarios del servicio. “Todo daño a un colectivo nos perjudica”, sostuvo, al explicar que la unidad afectada quedó fuera de circulación durante al menos 24 horas.
El impacto no es menor: la línea D conecta el centro de la ciudad con el barrio Nueva Formosa, por lo que la interrupción afecta a cientos de vecinos que usan ese recorrido a diario. Olivera lamentó lo ocurrido, agradeció el trabajo de los conductores —primer contacto entre el sistema de transporte y los vecinos— y manifestó su expectativa de que este tipo de episodios no vuelva a repetirse.
El operativo para no dejar a los pasajeros a pie
Guillermo Santos, gerente de la empresa Fermoza, detalló cómo se reorganizó el servicio tras el ataque. El daño obligó a interrumpir momentáneamente el recorrido de ese coche y a reemplazarlo por una unidad de reserva. Según estimó, la reorganización demoró entre 15 y 20 minutos, hasta que los pasajeros pudieron continuar el viaje en otro colectivo.
El vehículo dañado, en cambio, quedó fuera de servicio al menos hasta la tarde, porque era necesario reparar o reemplazar el vidrio, o incluso cambiar la puerta completa. Santos remarcó que este tipo de situaciones genera inconvenientes para los usuarios y costos para la empresa, que debe afrontar las reparaciones y reorganizar el servicio cada vez que una unidad resulta dañada.
Roturas y daños que se repiten
El gerente de Fermoza también se refirió a otros actos de vandalismo que afectan a los colectivos urbanos. Mencionó roturas de revestimientos interiores y daños intencionales en los asientos, que obligan a realizar trabajos de reparación de manera constante. Según precisó, la empresa llega a renovar alrededor de 60 tapizados de asientos por mes. Para atender esa demanda cuenta con una persona dedicada a esa tarea, mientras que Fermoza aporta los materiales y las herramientas necesarias.
Santos sostuvo que los daños representan un gasto recurrente y una carga de trabajo adicional para mantener las unidades en condiciones de circular. Por otra parte, indicó que los ataques con piedras contra colectivos en determinados barrios disminuyeron luego de intervenciones policiales y de conversaciones con referentes comunitarios. En algunos casos anteriores, la empresa había decidido modificar el ingreso de las unidades y establecer las cabeceras en sectores más seguros, lo que obligaba a los vecinos a caminar algunas cuadras adicionales.
Así, el episodio de la línea D volvió a poner en escena un problema que va más allá de un vidrio roto: las agresiones contra trabajadores del transporte y los daños a bienes que utilizan diariamente cientos de vecinos para trasladarse por la ciudad.