Se paró a hablar con un hombre en un semáforo de San Isidro y 12 años después 225 chicos van a su escuela
Un ex camionero que pedía ayuda en un semáforo de San Isidro, una charla que se repitió durante años y un terreno lindero a un colegio de Tigre: así nació la primaria que hoy tiene 225 alumnos.
Una charla de semáforo en San Isidro terminó en un colegio primario con 225 alumnos en Tigre. El protagonista es Gerardo Bartolomé, el hombre que fundó Don Mario en 1982 y dio origen al grupo semillero GDM, una multinacional argentina líder en genética de soja.
Bartolomé contó esa historia durante una disertación en el Rotary Club de Buenos Aires, donde también cargó contra las retenciones y advirtió que el país pierde inversiones en semillas por la falta de protección de la propiedad intelectual.
De la esquina de Centenario y Diego Palma a un barrio de Tigre
Todo arrancó hace 12 años en la esquina de Centenario y Diego Palma, en San Isidro. Ahí Bartolomé veía seguido a Salvador, un ex camionero que pedía ayuda en los semáforos. “Nos cautivó con su sonrisa, con su forma de hablar, por sus consejos”, recordó el empresario.
La charla le gustaba tanto que confesó que intentaba que la luz roja lo demorara para compartir unos minutos más. “Hasta que un día digo, ¿por qué no estaciono y me pongo a hablar con Salvador?”, relató.
Con el tiempo, junto a su esposa Marcela, fue a visitar a la familia de Salvador al barrio Ricardo Rojas, en Tigre. Allí conoció a su hija y a sus cinco nietos, que vivían en condiciones precarias, sin servicios básicos y con problemas de escolaridad y adicciones.
El padre Morea y la decisión de construir la primaria
A partir de ese vínculo llegaron al padre Jaime Morea, párroco de la iglesia San Juan Bautista y responsable del colegio San Pedro Claver, que por entonces tenía jardín de infantes y secundaria. “Realmente con Marcela nos conmovió profundamente la obra de Jaime”, contó.
Cuando se enteraron de que se vendía un terreno lindero al establecimiento, no dudaron: “No podemos no hacer un colegio primario en ese lugar”. Bartolomé vinculó esa decisión con la idea de “devolver a la sociedad todo lo que la sociedad nos dio a nosotros”, y recordó que ambos estudiaron en universidades públicas y que recibieron un gran apoyo de la comunidad de Chacabuco cuando arrancaron con Don Mario.
Hoy la primaria tiene 225 alumnos hasta tercer grado y está en proceso de ampliación para sumar cuarto, quinto y sexto. “La educación es el primer paso”, sostuvo Bartolomé. Y agregó: “Nos llena de felicidad ver a los chicos”.
Para el empresario, el paso siguiente es el empleo formal, que permite contar con obra social, acceder a créditos y tener más posibilidades de progreso.
“Uno a uno con amor”
La experiencia le dejó una enseñanza que resumió con una frase del padre Morea. Cuando le preguntó cómo se podía ayudar a los más vulnerables, el sacerdote le respondió: “Uno a uno con amor”.
Bartolomé enlazó ese compromiso con su propia trayectoria empresarial. “Nos fue bien en la compañía, nos fue bien también por mérito de la sociedad”, expresó. Por eso dijo que su intención es “aportar un granito de arena para poder tener un país que sea más justo, más equilibrado y que todos tengamos la oportunidad de educarnos, de crecer”.
Los reclamos para el agro
En la misma charla, Bartolomé habló de los problemas del sector agropecuario. Advirtió que las retenciones frenan las inversiones y sostuvo que la Argentina puede aumentar la superficie cultivada y los rendimientos, pero necesita mejores condiciones. “Hoy sufre el sector con las retenciones”, afirmó.
Sobre la soja fue tajante: “Nos parece que es una mochila que se le da al sector”. Según explicó, sin ese impuesto el interior del país podría recibir más inversiones en maquinaria, servicios y camiones. Cuando le preguntaron qué necesita el campo para fortalecerse, respondió: “Yo diría primero libertad”, y volvió a pedir la eliminación de los derechos de exportación.
Semillas y propiedad intelectual: la comparación con Brasil
Bartolomé también advirtió que la Argentina pierde oportunidades de inversión en el desarrollo de nuevas semillas por la falta de protección de la propiedad intelectual. “La Argentina está sufriendo eso”, afirmó.
Para graficarlo comparó con Brasil, donde según explicó hay alrededor de 15 programas de mejoramiento genético, frente a los cinco o seis que tenía la Argentina algunos años atrás. Atribuyó la diferencia a que en el país vecino “hay más respeto por la propiedad intelectual” y sostuvo que la situación local les quita a las empresas “un retorno que les permitiría invertir más”.
Sus declaraciones llegan en medio de las negociaciones entre el Gobierno, la industria semillera y las entidades agropecuarias para actualizar la ley de semillas, vigente desde 1973. Uno de los puntos de discusión es la posible adhesión al tratado internacional UPOV-91, que amplía la protección de los derechos de quienes desarrollan nuevas variedades. Las empresas impulsan una mayor protección, mientras que las entidades rurales plantean reparos al convenio.
Industrializar los granos y actualizar la agronomía
El empresario reclamó además más inversiones para industrializar los granos y producir derivados como bioetanol y biodiésel. En ese sentido, insistió en la importancia de “no exportar los granos tal cual se cosechan a nivel del agricultor”.
También destacó los avances en edición génica, biotecnología e inteligencia artificial y consideró necesario actualizar los programas de estudio de agronomía.
Quién es Bartolomé
Bartolomé fundó Don Mario en 1982, en Chacabuco, y dio origen a GDM, multinacional argentina líder mundial en genética de soja. Según la compañía, el 45% de la soja que se siembra en el mundo tiene genética desarrollada por el grupo, que emplea a unos 4500 trabajadores. Hace cuatro años, su hijo Ignacio asumió la conducción.
“Tenemos dos países, un país como este y otro país donde nuestra gente la pasa mal, sufre, no tiene acceso a un montón de recursos”, había dicho Bartolomé al comenzar su exposición.