Se recibió de arquitecta y tardó 5 años en levantar su casa: lo que usó en las paredes no es cemento
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Se recibió de arquitecta y tardó 5 años en levantar su casa: lo que usó en las paredes no es cemento

Una arquitecta entrerriana levantó su casa de 140 m2 sin cemento ni paredes rectas: usó barro, cenizas de fogón y claras de huevo. Lo que puso en el techo es lo que más llama la atención y no se ve en ninguna obra tradicional.

María Verónica Stivanello es arquitecta, entrerriana y eligió un camino que casi nadie transita en su rubro. En un terreno familiar entre Chajarí y Santa Ana levantó una vivienda de 140 metros cuadrados con barro, arena y paja, sin las paredes rectas ni los materiales industrializados que dominan las obras convencionales.

El proyecto le llevó unos cinco años de trabajo y quedó terminado en noviembre de 2025. El resultado: ambientes de formas orgánicas, muros con los colores naturales de la tierra y una cubierta vegetal que convierte el techo en un pequeño ecosistema.

Cómo se construye una casa con barro

Para levantar la vivienda, Stivanello recuperó procedimientos ancestrales de construcción con tierra. Trabajó con mezclas de tierra, arena y paja, los mismos insumos que sostienen técnicas como el adobe y la tierra cruda.

Pero hubo ingredientes que sorprenden a cualquiera que esté familiarizado con una obra tradicional: cenizas de fogón y claras de huevo. La arquitecta los utilizó en determinadas preparaciones y terminaciones de la casa.

También evitó cubrir todas las superficies con pinturas sintéticas. En su lugar, aprovechó las tonalidades de distintas tierras para lograr paredes con matices y texturas diferentes. Así, cada ambiente conserva la apariencia de los materiales con los que fue construido.

Paredes curvas y un techo que es un jardín

Uno de los rasgos más visibles de la vivienda son sus muros curvos, que reemplazan las líneas rectas de las construcciones habituales. Las terminaciones naturales y los colores de la tierra refuerzan el estilo artesanal de los interiores.

La característica más llamativa, sin embargo, está arriba: la arquitecta incorporó un techo vivo, una cubierta preparada para que crezca vegetación sobre la casa.

Cuando está bien diseñado, este tipo de solución aporta beneficios térmicos y ambientales. Las plantas y las capas que componen la cubierta ayudan a moderar las variaciones de temperatura y a retener parte del agua de lluvia.

Además de su función, el techo verde acompaña el diseño y permite que la construcción se integre visualmente con el paisaje. La combinación de tierra, madera, piedra y vegetación refuerza el vínculo entre la vivienda y su entorno natural.

De la arquitectura tradicional a la bioconstrucción

Stivanello se formó como arquitecta, pero decidió orientar sus conocimientos hacia la bioconstrucción. Para eso eligió un terreno familiar ubicado entre Chajarí y Santa Ana, en Entre Ríos.

Aunque tenía formación profesional, construir con tierra la obligó a explorar procedimientos que no ocupan un lugar central en la enseñanza tradicional. En vez de seguir los métodos habituales de obra, apostó por recuperar técnicas utilizadas durante miles de años y adaptarlas a una vivienda contemporánea.

El proceso se extendió aproximadamente cinco años, hasta que la casa quedó terminada en noviembre de 2025. Con sus 140 metros cuadrados, las paredes curvas y el techo vegetal, la propiedad es el resultado de un proyecto que combina diseño, materiales naturales y saberes ancestrales.

La experiencia deja una enseñanza concreta: construir con barro exige conocer las características de cada material y prestar atención a la humedad, las mezclas y la protección de las superficies. No se trata de reemplazar el cemento sin más, sino de entender cómo trabajar con los recursos naturales.

Después de cinco años de trabajo, Stivanello transformó el terreno familiar en una vivienda sustentable que recupera técnicas tradicionales y las lleva a un diseño actual.

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