Se subió a una bici en Corea sin saber una palabra de coreano: lo que encontró en el camino lo hizo reír hasta hoy
Sociedad · Mendoza

Se subió a una bici en Corea sin saber una palabra de coreano: lo que encontró en el camino lo hizo reír hasta hoy

Un actor mendocino se subió a una bici en Corea del Sur sin hablar una palabra de coreano. Cuando perdió las reservas de los hostels, terminó descubriendo un costado del país que no esperaba...

El actor mendocino Santiago Caranza pasó por Café 617 y contó una travesía que pocos se animan a hacer: cruzar Corea del Sur de punta a punta en bicicleta, solo, hasta llegar a la frontera con Corea del Norte. La entrevista repasó cómo nació la idea, los contratiempos del recorrido y las situaciones inesperadas que vivió lejos de casa.

Todo empezó con una obra de teatro. Caranza actuaba en 30 días, una pieza en la que su personaje tenía ese tiempo de vida, y la ficción le picó la cabeza: “Me puse a pensar un poco y dije la verdad que no sé cuáles serán mis próximos 30 días de vida, pero está bueno como vivirlos de la mejor manera que pueda”, recordó.

Con esa inquietud dando vueltas, buscó un destino del que no supiera nada. Eligió Corea del Sur justamente porque no hablaba el idioma, no conocía la comida y no tenía referencias personales del país. Viajó solo y alquiló una bicicleta para atravesar el territorio desde el noroeste hasta el sureste.

Sin freno trasero y a puro gesto

El camino no fue perfecto. La bici le dio problemas mecánicos y en un momento se quedó sin freno trasero. Como no hablaba coreano, tuvo que explicar la falla a señas en una bicicletería. “Ahí saqué la parte actoral”, contó sobre el momento en que logró hacerse entender.

También se perdió más de una vez por culpa de las aplicaciones de navegación. Según relató, Google Maps no funciona en Corea del Sur como en otros países, y los sistemas locales Naver y Kakao Maps le jugaron malas pasadas. Varios errores lo obligaron a pedalear kilómetros de más.

El hallazgo inesperado: los telos coreanos

La anécdota más llamativa llegó por el lado del alojamiento. Caranza había planeado dormir en hostels, pero perdió algunas reservas durante el viaje. Esa complicación lo llevó a descubrir los moteles coreanos: estaban cerca de las rutas, eran económicos y le permitían conseguir habitación sin demasiadas vueltas.

“Fue un gran descubrimiento para mí el tema de los telos”, contó. Algunos tenían jacuzzi; otros, habitaciones en muy malas condiciones. “Entonces recorrí, conocí todos los telos de Corea”, resumió entre risas.

Seguridad, soledad y una reflexión final

El actor también destacó la seguridad del país y la posibilidad de dejar sus pertenencias junto a la bicicleta sin miedo a que desaparecieran. Y explicó que el viaje le sirvió para descubrir la diferencia entre estar solo y sentirse solo.

“Me gustó concretar un proyecto que yo tenía muchas ganas de hacer”, afirmó. Ahora trabaja en la edición de un documental que reunirá las imágenes y las historias de la travesía.

De toda la experiencia se llevó una reflexión: “La vida se pasa rapidísimo”. Por eso, dice, vale la pena animarse a hacer aquello que uno desea.

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