Seis años presa y dos hermanos desaparecidos: su frase sobre la dictadura que incomoda
La megacausa Di Santo arrancó su primera audiencia oral y una sobreviviente de la dictadura dejó una frase que incomoda: qué dijo sobre los seis años que estuvo detenida y por qué su reclamo sigue vigente.
La megacausa Di Santo dio inicio a su primera audiencia oral y, en los pasillos, dos voces marcaron el tono del reclamo por memoria y justicia. Irma Casas, que pasó seis años detenida durante la última dictadura y es hermana de dos desaparecidos, y Alejandro Larriestra, secretario general de la Asociación Gremial Docente de la UNRC, coincidieron en la necesidad de sostener el reclamo y de reconocer las luchas que hicieron posible llegar a esta instancia judicial.
Lo que Irma Casas registró en su cabeza durante el cautiverio
La experiencia de Casas está atravesada por la persecución política, la detención y la desaparición de dos de sus hermanos. Durante los años que estuvo privada de su libertad, contó que se esforzaba por grabar mentalmente cada cosa que ocurría a su alrededor, con la idea de que después se conociera la realidad de quienes estaban detenidos.
Su memoria conserva detalles que sorprenden: llegó a reconocer a sus captores por el olor de sus perfumes y a distinguir los roles que cada uno cumplía dentro del esquema represivo.
Pero su relato no se queda en el recuerdo. Casas también hizo una autocrítica dura sobre lo que dejó esa etapa.
“Estuve seis años presa al pedo, que no concienticé a nadie, a nadie le di a entender que debía defender sus derechos”, expresó.
Desde su experiencia como militante, sostuvo que la defensa de los derechos del pueblo sigue siendo una tarea pendiente y advirtió sobre el tiempo que puede llevar recuperar lo perdido. “Por eso seguimos estando”, afirmó, una frase que resume la persistencia de una militancia que mantiene vivo el reclamo por memoria, verdad y justicia.
La AGD-UNRC y el valor de ver a los acusados en el banquillo
Larriestra, en representación de la Asociación Gremial Docente de la UNRC, destacó la importancia de que el proceso judicial avance hacia el juzgamiento de los acusados por delitos de lesa humanidad. Valoró el recorrido que permitió llegar a esta instancia y el papel de los organismos de derechos humanos.
“Ver a los acusados en el banquillo reconforta y le hace bien a la sociedad, a pesar del contexto complejo en el que estamos”, expresó.
Para el dirigente gremial, la instancia oral es un momento significativo para quienes padecieron la violencia estatal y para el conjunto de la sociedad. En ese sentido, resaltó el trabajo sostenido de los organismos de derechos humanos, que durante años impulsaron las investigaciones y reclamaron que los responsables fueran juzgados. También subrayó el compromiso de la AGD-UNRC a lo largo del proceso, con el aporte de información y el seguimiento de las actuaciones que hicieron posible llegar a esta etapa.
La posibilidad de ver a los acusados ante un tribunal representa, desde esa perspectiva, un paso importante en la búsqueda de justicia para las víctimas de la represión y sus familias.
Ernesto Silber, el primer secretario general que la organización no olvida
El testimonio de Larriestra también recuperó la historia de Ernesto Silber, primer secretario general de la Asociación Gremial Docente de la UNRC, asesinado mientras estaba detenido durante la última dictadura.
Además de recordar las circunstancias de su muerte, Larriestra reivindicó su trayectoria como docente y el legado que dejó en la comunidad universitaria y gremial. “Lo tenemos presente de todas formas”, expresó, al reafirmar que su recuerdo sigue formando parte de la identidad y la historia de la organización.
La evocación de Silber permitió vincular el desarrollo del juicio con las historias personales y colectivas que están detrás de los crímenes investigados, y puso de relieve el valor de reconstruir esas trayectorias y mantener presentes a quienes fueron víctimas de la represión.