Seis días sin Raúl Moyano en los cerros: la niebla frena a los rescatistas y hay un dato clave del celular
El operativo llevaba días avanzando entre partes oficiales y versiones cruzadas, hasta que la montaña dijo basta: la neblina dejó a los helicópteros en tierra y los perros ya no pueden desplegarse. Qué encontraron en la antena de Los Sarmientos.
El operativo para dar con Raúl Alfredo Moyano, el docente desaparecido en los cerros de El Mollar, entró en su sexto día y la montaña no afloja. El clima cerrado se convirtió en el principal obstáculo y el pronóstico advierte que las condiciones adversas seguirán al menos hasta el lunes.
Moyano estaba en pleno proceso de rehabilitación por una operación de rodilla cuando se perdió su rastro. Llegar en auto hasta la zona ya es una prueba de la dureza del camino, y con la neblina instalada el panorama es desolador.
Qué dice el dato del teléfono
Desde la base montada en las inmediaciones del “Portón del Portugués”, el comisario principal Carlos Díaz, jefe de la comisaría de El Mollar, destacó la organización de los equipos y la articulación entre las fuerzas.
Las tareas técnicas coordinadas con la Secretaría de Estado de Seguridad (ESIF) permitieron confirmar que el último rastro del teléfono móvil del docente impactó en una antena de Movistar ubicada en Los Sarmientos.
Los cruces con la información oficial
En paralelo a la búsqueda, el manejo de la información oficial generó ruido. Algunos comunicados buscaron desestimar como “falsas” las versiones sobre efectivos complicados en la montaña, lo que sumó confusión en las redes.
La realidad del terreno fue otra. Los equipos de motos enduro que debían salir a rescatar de madrugada debieron suspender su partida por la intransitabilidad y la crecida de los ríos. Los propios efectivos que tuvieron demoras e inconvenientes mecánicos con sus motos recién pudieron ser ubicados y asistidos por completo hacia el mediodía.
No se trató de inventos malintencionados, sino de momentos críticos de una búsqueda compleja donde la comunicación a veces flaquea.
Más de 70 personas en la alta montaña
Pese a los idas y vueltas, y ahora condicionados por el clima, más de 70 personas trabajan de lleno y sin pausa en la alta montaña. Participan recursos de la Policía local, Tafí del Valle, el Grupo CERO, Guardia Urbana, Patrulla Municipal, Bomberos Voluntarios, baqueanos de la zona y la Policía Federal.
Helicópteros en tierra y perros sin poder desplegarse
El pronóstico adverso y la neblina cerrada paralizan los recursos aéreos y limitan el avance logístico. Para que los helicópteros se sumen se necesita visibilidad óptima tanto en los cerros de El Mollar como en San Miguel de Tucumán; sin condiciones en ninguna de las dos puntas, los vuelos están suspendidos.
La estrategia con los canes también quedó condicionada. Subir a pie demanda entre cuatro y cinco horas de marcha exigente, un esfuerzo que ningún animal resistiría para iniciar el rastreo. Por eso la táctica más efectiva es el despliegue aerotransportado: lanzar a los perros desde el helicóptero en la cumbre para que hagan un barrido activo de descenso de aproximadamente una hora antes de agotarse. Con los helicópteros en tierra por el mal tiempo, esa herramienta queda inhabilitada.
Ríos crecidos y senderos intransitables
Los senderos y faldeos están resbaladizos por el lodo y el suelo arenoso, lo que impide también el trabajo normal del personal en moto o a caballo. Los baqueanos advirtieron un factor crítico: los múltiples arroyos y vertientes de la zona confluyen en un curso principal cuya crecida fue tan violenta por las lluvias constantes que el caudal llega a cubrir hasta el cuello de un caballo.
La hipótesis que manejan los rescatistas
Los rescatistas estiman que el docente, tras iniciar el descenso, pudo haberse desorientado al tomar un rumbo equivocado hacia la zona de barrancos y el caudal de los ríos, alejándose del trayecto previsto.
En la historia de El Mollar nunca había pasado algo igual: ni tantos días seguidos de mal tiempo cerrado, ni una desaparición que demande semejantes jornadas de exposición continua para los rescatistas. La familia sigue de cerca cada movimiento en la base, sosteniendo el aliento en cada parte oficial.
Mientras la montaña impone sus leyes más duras, en cada rescatista que camina el barro y desafía la niebla late la convicción de que la esperanza de encontrarlo con vida no se pierde.
