La escuela no tenía kiosco, así que siete alumnos de 7º año decidieron abrir uno. Encuestas, proveedores, caja diaria y hasta un toldo fabricado por ellos: cómo se organiza el local que ya atiende a sus compañeros.
En el Centro Educativo Nº 11 'Inspector Sócrates Cortines', de Justo Daract, siete estudiantes de 7º año se pusieron al frente de un kiosco escolar que ellos mismos planifican, organizan y atienden. El local se llama 'La Hora del Bajón' y nació de una carencia: la escuela no tenía kiosco.
Los chicos cursan la orientación Técnico en Gestión y Administración de las Organizaciones. La propuesta les permite aplicar en la práctica lo que estudian en el aula: administración, contabilidad y comercialización, según informó la Agencia San Luis.
De la encuesta al toldo
El proyecto no arrancó con la venta. Primero hubo un trabajo de campo: encuestas entre los compañeros para detectar qué pedían, análisis de la demanda, búsqueda de proveedores y evaluación de costos.
Después llegó una prueba piloto. Con los resultados en mano eligieron los productos y acondicionaron una estructura nueva que aportó la institución. A esa estructura le fabricaron un toldo y le diseñaron la cartelería.
La caja, el stock y las promos: todo pasa por ellos
La gestión diaria también quedó en sus manos. Seleccionan la mercadería, definen cuánto comprar de cada cosa, detectan qué productos tienen más salida y arman promociones.
Además llevan el registro de las ventas en efectivo y por medios de pago virtuales, hacen arqueos de caja todos los días y controlan el stock y los movimientos con los proveedores.
Lo que se aprende detrás del mostrador
Más allá de lo comercial, el kiosco plantea desafíos de otro tipo: trabajar en equipo y repartir responsabilidades. El diálogo, los acuerdos y la resolución de conflictos son parte del día a día.
Con esa experiencia, los estudiantes fortalecen capacidades propias de su formación y se preparan para decidir en futuros ámbitos laborales.
