Siguió al Lobo por radio durante 60 años: a los 74, Mirta entró al vestuario y la recibieron los jugadores
Durante años escuchó los partidos por radio y guardó cada recorte que hablaba del Lobo, soñando con pisar alguna vez el estadio. Cuando por fin cruzó la puerta, el club le tenía preparada una sorpresa que la esperaba del otro lado.
Hay hinchas que se hacen en la cancha y otros que se hacen a la distancia, con la radio como único testigo. Mirta pertenece a ese segundo grupo: es de Jocolí, en Lavalle, y desde adolescente sigue a Gimnasia y Esgrima sin haber pisado nunca el estadio. Hace unos días, esa deuda de toda una vida se saldó.
El club lo contó en sus redes sociales, donde describió el recorrido de una fanática que se convirtió en símbolo del aguante del Blanquinegro.
El flechazo con los nombres del Lobo
Según relató la institución, el vínculo de Mirta con Gimnasia nació de una manera fortuita. "De casualidad conoció a Juan de Dios González y a Víctor Antonio Legrotaglie y se fue haciendo cada vez más fanática del club", explicó el club en sus publicaciones.
Desde entonces, la pasión se sostuvo lejos de la cancha. La mujer escuchaba los partidos por radio y guardaba cada recorte de diario que hablara del Lobo. Mientras acumulaba papeles y relatos, alimentaba una ilusión que parecía imposible: conocer algún día el estadio.
"Mirta tiene 74 años y es de Jocolí, Lavalle. Cuando era adolescente se hizo hincha del Lobo pero nunca pudo venir a la cancha", detalló Gimnasia en las redes, y agregó: "Mientras, soñaba con poder venir al estadio alguna vez".
El 19 de septiembre, la primera vez
Ese sueño empezó a cumplirse el 19 de septiembre, cuando Mirta pudo ver por primera vez un partido en el estadio Víctor Legrotaglie. Fue en el duelo contra Deportivo Riestra, por la décima fecha del torneo.
Pero la experiencia no terminó ahí. La histórica hincha visitó las instalaciones del club, presenció un entrenamiento del plantel y conoció en persona a los jugadores. Ellos se sacaron varias fotos con ella y le regalaron una camiseta autografiada, el recuerdo que selló una jornada que llevaba décadas esperando.
De la radio y los recortes de diario al contacto directo con los futbolistas: la historia de Mirta muestra hasta dónde puede llegar una fidelidad construida a la distancia, lejos del estadio pero siempre cerca del Lobo.