Sobrevivió a un choque que lo destrozó y tomó una decisión que lo llevó a fundar su propia marca de motos

Un choque casi lo mata a los 20 años. Lejos de rendirse, convirtió su pasión en una marca propia. ¿Cómo logró sobreponerse a todo?

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Sobrevivió a un choque que lo destrozó y tomó una decisión que lo llevó a fundar su propia marca de motos
Sobrevivió a un choque que lo destrozó y tomó una decisión que lo llevó a fundar su propia marca de motos

Un accidente casi le cuesta la vida a los 20 años. Lejos de alejarlo de las motos, lo impulsó a construir un imperio sobre dos ruedas. La historia de Roberto Vicente Martínez es la prueba de que la pasión puede más que el miedo.

Corría 1983 cuando Roberto regresaba de Luján con su moto JAWA 350. Un Ford Falcon se cruzó en su camino y el impacto fue brutal: el fémur se le desplazó, atravesó la cadera y salió por el glúteo derecho. Pasó 35 minutos tirado en el asfalto hasta que lo asistieron. Después vinieron 64 días de internación y un año entero sin poder caminar.

Mientras se recuperaba, entendió que no podía vivir sin las motos. Dos meses después del accidente, reunió a sus padres y les confesó: “Sentí que realmente las motos eran parte de mi vida. Eso se los expliqué a mis papás, les pedí perdón por no poder seguir adelante sin estar vinculado a las motos”, recordó en diálogo con TN. La respuesta de su padre fue corta pero contundente: “Cuidate”.

Un amor que nació en la infancia

La pasión por las dos ruedas venía de familia. Su padre, Vicente Martínez, trabajaba con motos JAWA, una marca checoslovaca que se convirtió en parte de su identidad. Mientras otros chicos jugaban, Roberto leía manuales mecánicos. A los 12 años ya manejaba una Siambretta y a los 15 trabajaba como mecánico junto a su padre en el servicio técnico oficial.

Tras el accidente, la recuperación fue lenta pero constante. Roberto pasó por varios trabajos: chofer de colectivos, custodio. Hasta que abrió un pequeño taller en Villa Lugano que creció de forma explosiva: llegó a vender cerca de 1000 motos por mes y se convirtió en el responsable del servicio técnico oficial de JAWA en Argentina. Su conocimiento era tan respetado que la propia fábrica checa lo consultaba para resolver problemas técnicos.

Pero la crisis del “Efecto Tequila” en los años 90 desplomó las ventas. Roberto necesitaba demostrar que sus motos eran confiables, y no encontró mejor manera que subirse a una y recorrer el país. En 1995 fue de La Quiaca a Ushuaia casi sin parar, solo para cargar combustible. Al año siguiente logró un récord mundial: más de 10.100 kilómetros en 100 horas, una hazaña certificada internacionalmente.

El nacimiento de RVM

En 1998 fue designado representante exclusivo de JAWA en el país. Más tarde, ideó una estrategia para mantener viva la marca: fabricar en China con estándares europeos y ensamblar en Argentina. Pero un viaje por Europa con su esposa le hizo ver que dependían de una marca ajena. Así nació RVM, sigla de Roberto Vicente Martínez, en 2017.

“En realidad el proyecto RVM nace cuando nos dimos cuenta de que nuestra empresa dependía totalmente de una marca importada. Ahí entendimos que había llegado el momento de construir algo propio”, contó.

Hoy RVM es la única marca argentina de motos en competencias internacionales de rally. Participa en el Campeonato Mundial de Rally Raid y apunta al Rally Dakar 2027 con el piloto Baltazar Frezze.

Para Roberto, el mayor desafío no es fabricar motos, sino transmitir una filosofía: “Lo que hacemos es darles vida a las motos. No son máquinas ni simples vehículos. Hablamos de ellas como compañeras de aventuras. Sabemos que la calidad y la confiabilidad son fundamentales para vivir experiencias inolvidables. Por eso no fabricamos motos pensadas solamente para ir de un punto a otro o hacer delivery. Nuestros modelos están hechos para agigantar el alma”.

A sus 63 años, Roberto sigue recorriendo miles de kilómetros junto a su esposa para probar cada modelo. Patagonia, Ruta 40, Sudamérica, Europa. La misma pasión de siempre.

Si pudiera hablar con aquel joven que quedó despedido en el asfalto en 1983, le diría: “Mi papá siempre repetía una frase que me acompañó toda la vida: 'Nunca digas no puedo, porque si tenés fuerza para hablar es porque todavía podés seguir empujando'. Eso mismo le diría al Roberto de 20 años: seguí empujando aun en los momentos más difíciles. No aflojes. El objetivo siempre tiene que ser convertirte en tu mejor versión. La pasión es el combustible más potente que existe”.

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