Sobrevivió a un intento de secuestro y se convirtió en fotógrafa: el documental que revela su historia
¿Cómo se convierte el trauma en arte? La historia de Helen Zout, la fotógrafa que retrató lo que nadie quería ver, ahora en un documental imperdible.
La historia de Helen Zout, la fotógrafa platense que transformó el horror de la dictadura en arte, llega a la pantalla grande. “Los ojos de Helen”, el documental de Fer Casals y Valeria Massimino, se proyecta este martes y miércoles a las 18 en el Cine Eco Select del Centro Cultural Islas Malvinas (19 y 51).
Zout, quien lleva cinco décadas retratando realidades incómodas, fue abordada por los cineastas de “Rita La Salvaje” hace unos cinco años. Querían filmarla en su cotidianeidad: el documental muestra a Helen en su casa, en su estudio o en la República de los Niños, mientras repasa 40 años de su vida como fotógrafa, y antes.
Un origen marcado por el miedo
Ese “antes” es el origen de su mirada aguda y sensible. “A mí me fueron a buscar los milicos, sobreviví al intento de secuestro, y empecé a estudiar fotografía cuando estábamos privados de la palabra porque teníamos muchísimo miedo”, relata Zout en diálogo con EL DIA. Para ella, la fotografía fue un vehículo de comunicación y expresión cuando no se podía pronunciar palabras como 'democracia' o 'pueblo'.
El documental relata qué vieron esos ojos de Helen, porque “lo que fotografiamos tiene que ver con nuestras experiencias más viscerales”. “Desde que tengo uso de razón, he observado el mundo; después uno se pone más grande, critica al mundo, se identifica con el mundo, y una elige qué mundo quiere representar: la cámara enfoca lo que una quiere mostrar, mostrar a los demás. Decirles a los demás 'por más que cierres los ojos, están ocurriendo estas cosas cerca de tu casa'. Hagámonos cargo”, explica la artista.
Las historias detrás de sus lentes
Zout ha mostrado el rostro de los sobrevivientes de la dictadura en su serie “Desapariciones”, que incluye la icónica fotografía de Julio López, luego desaparecido en democracia; la vida en los hospitales neuropsiquiátricos o de las familias de chicos enfermos de sida; la realidad de los pueblos del Sahara occidental; y un trabajo sobre diversidades sexuales que realizó cuando era reportera gráfica para el diario La Razón.
Cuenta Zout que por entonces los reporteros iban al pizarrón con los encargos de cada día, y ella, al ver colgando un papelito donde se pedían fotos de personas trans que habían sido detenidas, no dudó en agarrarlo y salir a la calle. “Fui a la Comisaría de 1 y 60, de La Plata, y retraté a personas trans detenidas por ejercer supuestamente la prostitución. Cuando llegué, estaban asustadas, amontonadas en un ambiente”, recuerda.
Los cineastas tomaron ese tema y lo desarrollaron, a tal punto que durante la película Zout fotografía a Valeria del Mar, la primera mujer trans en obtener su DNI en Argentina. “Es un tema digno de conocerse, más en este momento de retroceso en los derechos para toda la sociedad: hablamos de sueldos, comida, salud, trabajo… Y dentro de la pérdida de derechos, está la pérdida de derechos de las personas trans: en estos momentos donde tienden a desaparecer los derechos, está bueno visibilizarlas”, sostiene.
El fotógrafo frente a la cámara
Estos premiados trabajos se ven reflejados en el documental, colocando a Zout por primera vez como protagonista de la imagen. “Verme en la pantalla no es fácil”, reconoce. “Siempre el fotógrafo está detrás de la cámara. Verme protagonista, cuando siempre fueron otros mis protagonistas, es raro, por más que uno elige siempre alguien en quien se espeja: el trabajo del fotógrafo no es ajeno a lo que fotografía, elegimos grupos, sujetos, que atraviesan situaciones que nos reflejan a nosotros mismos”.
“Pero aunque la imagen me cueste más”, sigue, “el otro día fui a verla y como verme y escucharme era mucho, cerré los ojos para no verme: y escucharme me pareció bien, me pareció que me expresaba bien. La imagen me cuesta más”.
También, reconoce, hay algo abrumador en el repaso de su biografía, de años dolorosos, de traumas imposibles de sanar, aunque tal vez capturar el horror y la fragilidad de la vida con su cámara hayan sido una forma de transformar el dolor en memoria y resistencia. “Cuando veo la película, me siento como Funes, el personaje de Borges que no podía olvidar. Y eso es enloquecedor”, dice. “Yo creo que, para vivir tantas cosas que me tocó vivir, cosas dolorosas, he cerrado puertas para abrir otras, y de ese modo puedo jugar con mis nietos, pasar momentos plenos, disfrutar la naturaleza. Sin proponérmelo, he cerrado puertas para habilitar otras: es un acto automático que uno hace para sobrevivir a los hechos dolorosos”.