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La nueva vida de Antonella: gracias a una oportunidad, pasó de juntar cartones a vivir en un PH, tener trabajo y volver a estudiar

Son las 5:45 y Antonella abre la puerta con una sonrisa. Ya está vestida para encarar la jornada laboral que transcurrirá a unas tres horas de su casa. El PH que desde principios de año comparte con Alexis, su marido, y con Persia, su gato, tiene cocina comedor, una habitación, un baño y un pequeño lavadero.

“Cuando viviste toda tu vida en hoteles” data-reactroot>Cuando viviste toda tu vida en hoteles, una casa como esta te parece inmensa. Un palacio”, dice orgullosa mientras se maquilla sentada en la mesa del comedor.

Antonella termina de maquillarse para salir a trabajar junto a su marido: “Cuando viviste toda tu vida en hoteles, una casa como esta te parece inmensa. Un palacio”FABIAN MARELLI

En pocos días, Antonella Avallone cerrará el año más intenso de su vida. Lo inició dejando atrás la habitación de hotel que alquilaba junto a Alexis en el barrio porteño de Balvanera para mudarse con él a este PH ubicado en Gregorio de Laferrere, partido de La Matanza. A los pocos días de mudarse, se casó. Además, de marzo a diciembre terminó de cursar el secundario en Isidro Casanova sin, por eso, descuidar su trabajo, el primero en blanco de toda su vida.

Pero si hubiera que pensar en algo que le haya faltado en este 2023, la respuesta sería, sin dudas: horas de sueño. Mientras estudió, los días de semana arrancaron a las 4:40 para salir a las 5 de su casa y llegar a las 8 al trabajo. Al terminar la jornada laboral, a las 16, todavía le esperaban 5 horas de cursada en la escuela.

Antonella Avallone, haciendo la tarea en plena calle en 2016, mientras sus papás pedían monedasFabián Marelli

Cada vez que iba a trabajar cansada, o desganada, Dios cruzaba en mi camino a un cartonero para recordarme lo privilegiada que soy”, dice mientras termina de prepararse para iniciar el trayecto a su trabajo junto a LA NACION.

Hace algo más de un año, la vida de esta joven de 19 años cambió por completo cuando dejó de ser cartonera y se convirtió en empleada administrativa de una empresa ubicada en el corazón de Barrio Norte.

Un empresario había visto una entrevista televisiva en la que Antonella pedía una oportunidad y le propuso dársela con una condición: que terminara el secundario y siguiera estudiando. El le pagaría la carrera. El empresario se llama Horacio García Rebaque y cumplió su promesa por dos: le dio trabajo a ella y también a Alexis, a quien también le puso las mismas condiciones.

La pareja inicia el trayecto de casi tres horas hasta su trabajoFABIAN MARELLI

A las 6 de la mañana, la pareja sale hacia la estación Gregorio de Laferrere del ferrocarril Belgrano Sur. Deben llegar a la estación Sáenz, donde finaliza el recorrido, pero toman la formación en sentido contrario, hacia González Catán. “A esta hora, el tren ya viene repleto. A veces ni nos podemos subir. Por eso, hacemos cuatro estaciones hasta la otra cabecera, la de González Catán, y nos aseguramos viajar sentados”, explica Antonella.

En la estación, Alexis carga la SUBE y, ya en el andén, un cartel avisa que el tren está a cuatro minutos. “Aprovechamos que viajamos sentados para dormir un poco más”, reconoce Antonella una vez en el vagón. Son algo más de las 6:30 cuando la formación llega a González Catán y, tras unos minutos de espera, empieza a desandar el camino que acaba de hacer. Al llegar a la estación de Gregorio de Laferrere, ya no cabe un alfiler. Antonella y Alexis se acurrucan entre sí y duermen.

“Tratamos de viajar sentados para dormir un poco más”, dice AntonellaFABIAN MARELLI

La empresa en la que trabajan se llama SCIS. Es una gerenciadora de servicios de salud, que, por sus dimensiones, encuadra dentro de una pyme. Su CEO es Horacio García Rebaque, un hombre que sabe del valor de las oportunidades porque fue, justamente, gracias a una oportunidad, que pudo dejar atrás los años de pobreza y de crecer en un pensionado para convertirse en un empresario.

Recuerda que, cuando tomó la decisión de contratar a Antonella, rápidamente entendió que no podía permitir que Alexis, su pareja, siguiera trabajando como cartonero.

Por aquellos días, alguien de su entorno le preguntó si no era una movida peligrosa contratar a dos chicos cartoneros. “No va a pasar nada malo”, respondió él, convencido de su corazonada.

“Somos una sociedad atravesada por los prejuicios. Hay muchísimos chicos capaces, con potencial, que se están quedando afuera del sistema, quizás, porque viven en una villa. Ellos no eligieron en dónde vivir. Si tengo la oportunidad de hacer algo por ellos, ¿cómo no hacerlo? Son el futuro”, reflexiona Horacio.

Horacio García Rebaque habla con LA NACION ante la mirada atenta de Antonella: “Hay muchísimos chicos capaces, con potencial, que se están quedando afuera del sistema, quizás, solo porque viven en una villa. Pero ellos no eligieron en dónde vivir”FABIAN MARELLI

Cumplir con las lógicas de un trabajo administrativo puede generar mucho miedo y desconfianza en uno mismo cuando se viene de trabajar en la calle a merced del frío, del calor extremo y de la desconfianza social. Por eso, en un primer período, la pareja contó con el sostén y el acompañamiento de los empleados más experimentados que los ayudaron a adquirir nuevas habilidades.

Actualmente, Alexis trabaja en el área de liquidaciones y Antonella en la mesa operativa, que se ocupa de gestionar autorizaciones médicas. Los dos se desempeñan en forma autónoma sin que nada los distinga con respecto al resto de sus compañeros.

Pasamos de trabajar a la intemperie, así hiciera mucho frío o mucho calor, a trabajar sentados y con aire acondicionado. Este trabajo es una bendición”, reconoce Alexis cuando se despierta a dos estaciones del final del trayecto en tren.

Alexis, marido de Antonella, también trabaja en la empresa de Horacio, terminó la secundaria y se prepara para estudiar Sistemas: “A veces, escucho que los cartoneros no progresan porque no quieren. Pero cuando vivís al día y dependés de lo que hacés para subsistir, ¿cómo hacés para estudiar y progresar?”FABIAN MARELLI

“A veces, escucho que los cartoneros no progresan porque no quieren. Y yo me moría por retomar los estudios y conseguir un trabajo formal. Pero cuando vivís al día, y dependés de lo que hacés para subsistir, ¿cómo hacés para estudiar y progresar? A veces, ni teniendo estudios lo lográs”, agrega Alexis, mientras su mujer acota: “Sí, pero con estudios, la gente te mira distinto”.

El impacto positivo que esta oportunidad tuvo en la pareja fue inspirador para Horacio. Hace unos meses, se acercó y les dijo: “Quiero en la empresa más gente como ustedes, que sepan valorar una oportunidad”. El resultado fue la incorporación de Nahuel, hermano de Alexis, quien anteriormente se ganaba la vida como cartonero, y de Tamar
a, una joven que asiste a la misma iglesia evangélica que ellos y que trabajaba vendiendo pan casero por el barrio con la idea de ahorrar y poder ir a la universidad.

Son algo más de las 8 cuando la formación llega a la estación Antonio Sáenz, en Pompeya. De allí, la pareja debe caminar seis cuadras para iniciar el viaje en subte que los llevará desde la estación Hospitales de la línea H a la estación Santa Fe.

Una selfie de otros tiempos: Antonella y Alexis, cuando se ganaban la vida juntando cartones

“En Provincia también hay pobreza, pero en Capital es terrible la cantidad de personas que cartonean y viven en la calle. Siempre que podemos, nos acercamos y les hablamos. Les llevamos comida y una palabra de aliento. Muchas veces, no nos creen que nosotros estuvimos ahí, así que les mostramos fotos”, cuenta Antonella.

SCIS está ubicada en Av. Pueyrredón y Juncal, en pleno Barrio Norte. Antonella y Alexis caminan por Pueyrredón camino a su trabajo junto a Tamara, que se sumó en el recorrido. Hacen chistes, se ríen y hasta conversan sobre una escena bíblica. Al llegar, saludan a los compañeros cercanos y se dirigen a sus puestos. Hoy será el brindis de fin de año y seguramente Horacio diga unas palabras.

Antonella llega a la empresa junto con su marido: actualmente trabaja en el área que gestiona las prestaciones de los afiliadosFABIAN MARELLI

“A mí me llena el alma ver cómo cambiaron las vidas de estos chicos. Hago esto porque ellos son el futuro de este país. Y porque no quiero que nuestros jóvenes se sigan yendo. Pero la mía es una pyme. Y la presión impositiva que tenemos es enorme”, reconoce el empresario, en diálogo con LA NACION. “Sería un gran incentivo que el Estado nos apoyara de alguna manera con esta clase de iniciativas”, agrega.

Ahora que la primera parte del trato está cumplido -ambos terminaron el secundario-, lo que sigue es encarar una carrera universitaria. “Yo no voy a estar toda la vida. Por eso me interesa que tengan una carrera e inicien un camino”, dice Horacio, con tono paternal. Y se emociona pensando en cómo podría potenciarse lo que él inició si otros empresarios tomaran la posta.

Antonella Avallone, en su puesto de trabajoFABIAN MARELLI

Alexis ya definió que va a estudiar Sistemas pero Antonella no está decidida. “Quizás siga estudiando algo relacionado con la gestión de la salud”, explica. “Se nos viene un 2024 lleno de desafíos”, concluye y sigue: “Pero desafíos lindos.”

“Dios tiene hermosos planes para mí” y “Egresados 2023”: en su cartera, Antonella lleva dos llaveros que resumen su añoFABIAN MARELLI

Fuente: lanacion.com.ar

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