Soltaron 13 conejos para cazar y ahora son 200 millones: el error que arrasó un continente
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Soltaron 13 conejos para cazar y ahora son 200 millones: el error que arrasó un continente

Un colono quiso tener presas para cazar con sus amigos y soltó 13 ejemplares en su campo. Décadas después, sus descendientes ocupaban el 69% del continente y hoy se cuentan por cientos de millones. La historia del error que Australia todavía no logra reparar.

En 1859, el colono Thomas Austin liberó 13 conejos europeos en su campo de Victoria, Australia, con un objetivo simple: tener presas para las jornadas de caza con sus amigos. Nadie imaginó que esa decisión recreativa iba a convertirse en una de las invasiones biológicas más devastadoras que se registren.

Los animales no tardaron en encontrar el escenario perfecto: comida de sobra, suelo blando para cavar madrigueras y casi ningún depredador natural que los frenara. Según National Geographic, la suya fue una de las expansiones más veloces de un mamífero invasor de la que se tenga registro.

De una estancia a todo un continente

La liberación de Austin no fue el primer contacto de Australia con estos animales: ya en 1788 habían llegado conejos domésticos. Pero los silvestres europeos, de nombre científico Oryctolagus cuniculus, se adaptaron con una facilidad asombrosa y se multiplicaron a un ritmo imposible de seguir.

La clave está en su reproducción: pueden tener más de cuatro camadas por año, con entre dos y cinco crías cada una. Con ese ritmo y un ambiente a favor, en apenas cinco décadas sus descendientes se habían repartido por casi todo el territorio australiano.

El avance quedó documentado paso a paso. Todo empezó en Barwon Park, donde para 1866 los cazadores ya habían capturado 14.000 ejemplares. En 1880 la especie cruzó el río Murray y entró en Nueva Gales del Sur; en 1886 llegó a Queensland y en 1894 atravesó la llanura de Nullarbor hasta Australia Occidental. Un informe técnico calculó que, en los primeros 62 años, los conejos ocuparon el 69% del continente, unos 5,3 millones de kilómetros cuadrados.

El daño que dejaron a su paso

El impacto fue enorme. Los conejos se alimentaban de pastos, plantas nativas y cultivos, y competían con los animales autóctonos por los mismos recursos. A medida que arrasaban con la vegetación, dejaban extensiones de suelo desnudo que aceleraron la erosión y la degradación de la tierra.

El problema fue tan serio que la legislación ambiental australiana de 1999 incorporó la degradación del suelo y otros daños vinculados a los conejos entre los procesos que amenazan la biodiversidad del país.

Cercos, virus y una batalla que nunca terminó

Con el correr de las décadas, autoridades y productores ensayaron de todo para contenerlos. Levantaron cercos, incluida una barrera que cruzaba Australia Occidental de norte a sur, pero los animales igual lograron pasarla. También se destruyeron madrigueras.

En la década de 1950 llegó una herramienta distinta: la mixomatosis, una enfermedad viral que logró bajar la población, aunque algunos ejemplares desarrollaron resistencia. Más adelante se sumó el virus de la enfermedad hemorrágica del conejo, que en zonas secas redujo hasta un 90% la población. Aun así, la erradicación completa nunca se consiguió.

Cuántos quedan hoy

National Geographic estima que en la actualidad hay alrededor de 200 millones de conejos silvestres en Australia. Su capacidad de adaptación, la velocidad con la que se reproducen y la abundancia de alimento hacen que controlarlos sea una tarea muy compleja.

Lo que empezó como una salida de caza entre amigos se convirtió en un problema ambiental que ya lleva generaciones y que sigue obligando a las autoridades a buscar respuestas nuevas.

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